31 de diciembre de 2010

El humo del pasado








Sorprendido en una travesura, el niño le dice a su padre: papá, deja que ya me riño yo. Así que yo ya reñida, me van a permitir que despida el año con iconos que remiten a décadas de glamouroso humo. El cigarrillo de Bogart, la boquilla de Audrey, el puro descaro de Groucho o






la mirada de insinuante deseo de Uma Thurman en Pulp Fiction…



“Tienes fuego” o “Por favor, me da fuego”, palabras que propiciaron el inicio de una
conversación en la esquina de una barra , serán historia en este país a partir de mañana. Toco madera para que el ojo de un gran hermano nunca me aoje en mi propia casa y para que no desparezcan recónditas tabernas con patios traseros donde poder disfrutar contigo de crepúsculos y lunas mientras compartimos con parsimonia un cigarrillo y nos contamos el cuento de la buena pipa de Magritte. Entiendo el derecho de los no fumadores a no soportar mis malos humos ( fumar perjudica la salud de los que están a mi alrededor - tocada y hundida-) , pero también reivindico la libertad, el gusto y el disgusto de seguir fumando sin que los inquisisidores me den la matraca o me estigmaticen por ello.
Ya sabemos, los fumadores, que somos unos trasnochados rebeldes sin causa, una especie en vías de extinción abocados a difuminarnos en la niebla de la nostalgia o a consumirnos en las volutas de nuestro propio humo. Algún día de estos me ex – fumaré del cigarrillo, pero en las esquinas de la noche y bajo los aleros de la niebla seguiré escribiendo cuentos y versos, leyendo a los mejores o entonando y bailando tangos bajo la lluvia mientras sueño con humo y pavesas del pasado. El tiempo pasará, pero por los siglos de los siglos fumar es un placer, aunque nos incendie la vida y nos queme el bolsillo.
Les dejo el nombre de los ocho personajes que encabezan la entrada y si quieren los identifican: Oscar Petterson, Pablo Neruda, André Breton, Pau Casals, Mark Twain, A. Conan Doyle, Raymond Chandler y Arthur Miller.

LES DESEO FELIZ AÑO


21 de diciembre de 2010

21 de diciembre: Zapatos Rojos

Zapatos rojos

21 de diciembre [ 2010]

Comienza el invierno y mañana es el sorteo de la lotería de navidad. Si no constatase el año, estas palabras con las que inicio la entrada podrían pertenecer a cualquier otro año de mi existencia, cualquier 21 de diciembre…

En aquellas largas noches, para mantenerles despiertos, los mayores les ofrecían una pepsicola, un poquito de café azucarado con espumeantes burbujas de gaseosa. Una abuela cantaba un villancico o una copla, Tápame, tápame, tápame, que tengo frío/ Si tú quieres que te tape ven aquí cariño mío ; el patriarca se arrancaba con un tango, Tabernero que hipnotizas con tu brebaje de fuego, sigue llenando mi copa aunque sea de veneno… Y cuando el cava, la moza Asturiana del anís y el Gaitero de sidra les bailaban en los ojos , comenzaba el tintineo de las cucharillas y el tamborilear de los dedos en la mesa, momento en que la saga familiar atacaba una Pandeirada para continuar con un repertorio de canciones de la tierra: As nenas de Vilanova dicen que non beben viño e debaixo do mantelo levan o xarro escondido…
Disculpen esta introducción, no pretendo abrumarles con recuerdos familiares ni el ramillete de canciones que afortunadamente guarda mi memoria de aquellas navidades infantiles con musgo, espumillón y reyes magos. Hermosas, sí. Y no me importa recordar porque en absoluto me pone triste, aunque sí me embriaga una melancolía romántica friedrichiana de la que gozo intensamente. Evocar es un ejercicio que me fascina por cuanto tiene de re-creación de vida, de leyenda y de poesía, es decir, de realidad y fantasia, naturalezas que conforman la existencia. Sin embargo, empecinarse en que nuestras emociones y sentimientos sean los mismos que en tiempos pretéritos es un inútil combate que conduce a la frustración. La navidad es un cuento circular que se repite con cada vuelta de la tierra alrededor del sol y aunque los inviernos se renuevan y asumimos los cambios sin complejos, las imágenes y tópicos navideños nos devuelven el mismo turrón de dura y rica almendra cuando a muchos ya nos han caído los dientes de leche y las ausencias nos visitan. Si el tiempo es cambio en el espacio, también la vivencia de la navidad se transforma, y tendremos que aprender a mirarla de otra manera y a adaptarla a nuestro presente para que no devenga en una triste fotocopia o en un espejo cóncavo de tiempos que fueron. El verdadero sabio es aquel que consigue que los acontecimientos exteriores lo alteren mínimamente. Para ello necesita acorazarse de realidades más próximas a él que los acontecimientos y a través de las cuales los acontecimientos, alterados hasta llegar de acuerdo con ellas, le llegan ( Fernando Pessoa, Libro del desasosiego).

Si son de los que se entristecen, no soportan el dulce de estas fechas y no pueden huir a otro espacio, les sugiero que se abstraigan y que una de estas noches anónimas salgan a la calle y contemplen la luna, los albayaldes escarchados en los verdes y la austera desnudez de los árboles. Respiren el frío y el silencio, deléitense con el olor de la niebla y de la lluvia, y disfruten de un tiempo de invierno, sin más, sin necesidad de abalorios navideños, aunque tampoco hay que desdeñar un iluminado jardín con renos y estrellas que nos sorprenda en la oscuridad. Si por el contrario les encantan estas celebraciones, no se corten ni un pelo con el mazapán, los villancicos y la zambomba, y den rienda suelta a los mejores deseos pero sin abrumar al prójimo. En cualquier caso, con belén o sin él, les deseo que no sean menos felices que en cualquier otro momento y que no renuncien a tomarse una copa de buen vino. Y no sólo porque es navidad, aunque también.

Les dejo con el destello de unos zapatos rojos en un diciembre meláncolico y unas imágenes que también iluminan este tiempo de navidad, la cara oculta de la luna y una pompa gigante que flota en la Nube de Magallanes. Pinchen en los enlaces (también en el de la imagen de cabecera si quieren ver sugerentes zapatos rojos).

Del año malo
Diciembre es esta imagen
de la lluvia cayendo con rumor de tren,
con un olor difuso a carbonilla y campo.
Diciembre es un jardín, es una plaza
hundida en la ciudad,
al final de una noche,
y la visión en fuga de unos soportales.
Y los ojos inmensos
—tizones agrandados—
en la cara morena de una cría
temblando igual que un gorrión mojado.
En la mano sostiene unos zapatos rojos,
elegantes, flamantes como un pájaro exótico.
El cielo es negro y gris
y rosa en sus extremos,
la luz de las farolas un resto amarillento.
Bajo un golpe de lluvia, llorando, yo atravieso,
innoble como un trapo, mojado hasta los cuernos.
Jaime Gil de Biedma

27 de octubre de 2010

Corazones de Membrillo

Membrillos, Claudio Bravo


Nada comprendí aquella tarde de otoño.

Del árbol recogiste la luz con tus manos y me ofreciste una cesta llena de soles.

Nada comprendí entonces de tan luminosa declaración.

Tampoco entendiste tú, cuando a la boca llevabas la frutal lujuria elaborada a fuego lento por mis manos, que masticabas mi dulce desconsuelo.





16 de octubre de 2010

Dos Pájaros y Un Tiro



Doble secreto, Magritte



La perversión más genuina e ingeniosa de la ingenuidad

es la deliberada inconsciencia.

Y mantener la altiva ignorancia, a sabiendas

de que matas dos pájaros de un tiro.



Valiente, Vetusta Morla


Tras de mí una escena y diez mil frases que repetir,
ya ves, lo que es no es.
Yo no voy a contar lo mejor, a ocultar lo peor,
me pongo el mejor chaqué.

No digo lo que digo,
hago lo que no hago,
al revés, al revés, porque
ser valiente no es sólo cuestión de suerte.

A veces no soy yo,
busco un disfraz mejor,
bailando hasta el apagón.
¡Disculpad mi osadía!

Tú también tienes que ver
que nunca tengo mi papel.
Nube gris, riega todo el jardín,
todo el jardín, todas las flores que probaré

No olvido los sueños,
vuelvo a lo que no acabó,
no perdí, no perdí, porque
ser valiente no es sólo cuestión de verte.

A veces no soy yo,
busco un disfraz mejor,
bailando hasta el apagón.
¡Disculpad mi osadía!

Pensad que ya no estoy,
que el eco no es mi voz,
mejor aplaude y vámonos.
¡Qué termine esta función!

Tras de mí una escena y diez mil frases que repetir,
ya ves, lo que es no es.

A veces no soy yo,
busco un disfraz mejor,
bailando hasta el apagón.
¡Disculpad mi osadía!

Pensad que ya no estoy,
que el eco no es mi voz,
mejor aplaude y vámonos.
¡Qué termine esta función!

Deme la voz, deme la voz, deme la voz,
apuntador, deme la voz, deme la voz,
apuntador, deme la voz, deme la voz,
deme la voz, deme la voz, la voz ...

10 de octubre de 2010

Gracias, traductores



San Jerónimo, Escuela de Jan Van Eyck

El traductor es el mediador que internacionaliza a genios que, de no ser traducidos, no pasarían de serlo solamente de un pueblo.
Ramón Irigoyen

¿Cuántos nombres podrías decir de traductores? es la pregunta que Ramón Irigoyen me espeta desde su breve artículo en La Voz de Galicia, Traductores. Dejo en suspenso la lectura e intento contestarla. Aparte de Baudelaire y Cortázar, no consigo recordar más de dos nombres (entre ellos el de un amigo). Dirijo mi mirada a la mesa donde tengo algunas de mis últimas lecturas y a las estanterías de mi biblioteca:

Sonetos, W. Shakespeare y Andrés Ehrenhaus

Nueva Enciclopedia
, A. Savinio y Jesús Pardo

Cuentos completos , E. A. Poe y Julio Cortázar

Jacques el fatalista, D. Diderot y Ana María Holzbacher

El oficio de vivir
C. Pavese y Ángel Crespo

El libro del desasosiego
, F. Pessoa y Perfecto E. Cuadrado

Tres poetas de sus vidas
, Stefan Zweig y José Anibal Campos

Decamerón
, G. Boccaccio e Moisés Barcia


... (Les invito a que continúen la lista con sus libros favoritos)

El corpus de traducciones en mi biblioteca es casi tan amplio como el de originales y sin ellas no hubiese disfrutado de muchas joyas literarias. Es por esto que un poético y justiciero gusanillo me atiza una colleja y me hace pensar en el injusto olvido de la figura del traductor. Sé de su labor, de su oficio casi siempre mal pagado y poco reconocido, de su apuesta siempre arriesgada y del impagable tiempo dedicado. El buen traductor es un buen escritor, necesita talento, conocimiento y manejo preciso de todos los registros de ambas lenguas, no sólo transcribe, sino que de-construye para volver a construir, interpreta y reescribe, y en esa reescritura siempre apuesta y arriesga: qué elegir, ¿mantener el ritmo, respetar el significado literal? ¿cuál es la palabra justa? ¿cómo interpretar una poética y surrealista imagen? Un buen traductor ha de documentarse de la especificidad del lenguaje de la época y del contexto histórico en que transcurre la obra que traduce, conocer el tiempo en el que vivió el autor y, en no pocas ocasiones, empaparse de la vida de éste, saber de sus anécdotas, de sus amigos, de sus intimidades… En definitiva, además de verter de una lengua a otra, lleva a cabo una amplia tarea de investigación y exhaustiva documentación, un trabajo en la sombra que pasa desapercibido y no se aprecia porque el lector sólo ve la punta del iceberg, la traducción limpia que llega a sus manos. Confieso que ignoraba la existencia del Día Internacional del Traductor, el 30 de septiembre, y que su patrono es San Jerónimo, el traductor de la Vulgata, la versión latina de la Biblia, hecha desde el hebreo y desde el griego. Reconozco que necesito de las utopías lingüísticas y que el único traidor que merece mi aprecio, admiración y respeto es un buen traductor. Gracias Ramón Irigoyen por recordar y reivindicar un valioso trabajo. Gracias por existir, Traductores.



Piedra de Rosetta




La Malinche negociando

Pinchando en los pies de imagen podrán obtener información sobre la Piedra de Rosetta y la Malinche en una breve y entretenida historia que Eduardo Villaquirá hace Sobre los interpretes y traductores. Se la recomiendo.

5 de octubre de 2010

Derrota


Los días gigantescos, Magritte



El día que me venzas habrás perdido tu última batalla.


Mina y Serrat: Sin piedad




Sin Piedad

Tu derrota es la mía
y mi fracaso tu quebranto, mujer.
Mía es tu ruina, tuya mi agonía.
Tan solo somos un par de perdidos
que no tienen nada que perder.
Y sin embargo, o tal vez por eso,
donde más duele nos damos los besos.
A sangre y fuego,a sangre y fuego,
te parto el alma y me mato luego.
No tendré piedad de ti.
No tendré piedad de mí.
Morir matando,
matar muriendo,
sin piedad de ti,
sin piedad de mí.
Callejón sin salida:
así es esa malsana realidad.
Si me entregase a ti me despreciarías
y si te venzo me odiarás
y si huyo no he de verte nunca más.
Me necesitas y te necesito
como la confesión necesita al delito .
Sueño contigo,sueño contigo,
como la muerte sueña con alguien vivo.
No tendré piedad de ti.
No tendré piedad de mí.
Morir matando,matar muriendo,
sin piedad de ti,sin piedad de mí.

2 de octubre de 2010

El Rey y una Reflexión













Puedo prometer y prometo que hasta que vuelva a hacerlo esta es mi última incursión en el Tema. Esta entrada va por todos los que pasáis por aquí, por todo lo que aportáis. Es una sonrisa, una asociación Shandy, y volveré al redil literario por un tiempo. Pero hoy no me puedo resistir. El Roto es un rey del humor inteligente, aunque el título de la entrada es plurisignificativo y quiere hacer referencia especialmente a otros reyes, divinos, omnipotentes y omnímodos, y cuyas palabras fueron y son la ley. Permitidme que establezca sólo unas escurridizas diferencias. El del Antiguo Régimen tenía reino, trono, corona y cetro, y constantemente conspiraban contra él. El del Nuevo no tiene trono, ni corona, ni cetro, ni reino, ni nadie que le comprenda… Pero sigue siendo EL REY. Y aclarado lo obvio, os invito a bailar Cabaret con María Bozzini, el Money de Lizza Y Joel , y, ya puestos, nos damos al cambalache con Vicente Fernández que (en las Vegas) sigue siendo el rey y le hacemos el coro, venga, va:
noooo tengo troooono ni reinoooo tararararíiiii …


29 de septiembre de 2010

29 S: Un barco de vela


No luches contra las fuerzas adversas, úsalas
Buckminster Fuller

Hoy ha amanecido con sol, pero la mañana en su transcurrir se ha vuelto gris, como mi propio estado de ánimo. Tomada una decisión el to be or not to be continúa. Ninguna de las decisiones me hubiera convencido, pero había que optar, subir o bajar, y aún así tengo la sensación de inmovilidad, de continuar en el rellano de una escalera y ser un caminante entre la niebla. Escucho la radio mientras desayuno, piquetes haciendo estupideces, trabajadores que sienten coartada su libertad por miedo a que no se renueve el contrato, interpretaciones y lecturas más o menos imparciales, sesgadas o interesadas sobre el apoyo o no a la convocatoria de huelga general (adjetivo que da reparo pronunciar en estos últimos días, como si fuera tabú), tantas y tan diferentes opiniones, un caos en catarata verbal que refleja la confusión, la incertidumbre de un país. Las manifestaciones en mi ciudad han sido convocadas a diferentes horas, una sinrazón para muchos que somos ciudadanos y no sólo militantes tras las siglas de una pancarta. “ Es que todos son”… pero los absolutismos no existen y cada vez que leo el indefinido “Todos” se me resienten las cuerdas vocales, y sin embargo yo también caigo en la tentación sumándome a la estupidez de la pataleta, sabiendo que es la forma más simple de expresar impotencia. Sé que algunos pequeños establecimientos han cerrado sus puertas (“no vaya ser que…”), pero en cuanto pasan las manifestaciones dan vuelta al cartel y los clientes entran, con todo su derecho. Siento cierta tristeza ante determinadas imágenes de violencia que pasan por las televisiones, también cierta emoción al ver otras, cuatro millones de parados es una cifra que llena la boca, que acongoja, y muchos quisiéramos decir por mí y por todos mis compañeros. Pero esto no es un juego, o de utilizar la palabra metafóricamente, un juego de complicado engranaje con ruedas dentadas que se nos está yendo de las manos. Sabemos que es una regresión en los derechos sociales, que habrá que seguir manteniendo en el nido a hijos ya crecidos, que la edad de las jubilaciones se va a retrasar, que el sistema de pensiones está en peligro, que el estado del bienestar se va al carajo. Me refugio en la lectura, leo la prensa, periódicos de ayer y anteayer, a mí no me importa hacerlo, lo mejor de la prensa, lo que me cunde, suele ser lo que no tiene fecha de caducidad, como el reportaje de Muñoz Molina sobre Buky Fuller, El visionario razonable, un ingeniero humanista que coloca un barco de vela en el horizonte como máximo ejemplo de belleza formal y práctica, y tengo la sensación de que el día se perfila menos gris, que se me aligera el peso y un soplo de aire fresco me reconcilia por unos instantes con la vida mientras leo. Un barco de vela, una quimera blanca, calma mi desazón en este 29 de septiembre. Si no lo han hecho, lean el reportaje. La prosa de Muñoz Molina siempre es gratificante y la visión que Buckmimster Fuller nos ofrece es una propuesta, una actitud ante la vida que aúna ética y estética.

Y si quieren mecerse un poco pinchen aquí, Le bateau des îlles en la voz de Tino Rossi (gracias a X. C. por dejar estos versos en un comentario). Bienvenida la poesía, la música, el arte que sin aliviar del vivir, alivia de la vida.

Le bateau des îles
Le bateau des amoureux
Sur la mer tranquille
Va partir sous le ciel bleu
Loin bien loin des îles
Exilé sur le rivage heureux
Vient le bateau des îles
N'attend plus que nous deux

Sur l'océan, il est de grands bouquets de fleurs
Tout frissonnants dans un mirage de couleurs
Il nous attend et c'est dans son lit charmeur
Que simplement je veux cacher notre bonheur

Je vois déjà les grands palmiers penchés sur nous
Le toit très bas de notre case de bambou
J'entends déjà sur la plage au sable roux
Le rythme las d'un vieux banjo berceur et doux

27 de septiembre de 2010

Gallega tribulando en el rellano


Dispensen ustedes, que soy gallega y en el rellano de una escalera estoy tribulando. Sube la luz, y como no tengo el chintofanito discriminatorio me siento agraviada, Rajoy dice que "no todos los corruptos son iguales" y perpleja me deja, el gobierno que la crisis "la van a pagar los ricos" pero de la viñeta de El Roto ni se acuerdan ( tampoco saben como atajar el fraude fiscal de 250.000 millones de euros). El despido objetivo de la Reforma Laboral es un objetivo de apunten... ¡Fuego!, y la nena vuelve a casa porque se han acabado las ayudas a la vivienda de los jovenes. Ay, ¿y si además cae fusilada y entra en la estadística del 19% que nos anuncian? Uuff, diosito, que me va a dar una crisis ventral y queda el crack del miércoles 29 S, que obras son amores y sobran las razones, pero es que ya no sé si mofarme, inmolarme o ponerme a llorar con los sindicatos porque para la France con la valise yo no me vuelvo, que soy gitana hija de la diáspora gallega y además en noviembre nos visita el Papa, y yo, yo sólo espero un milagro, San Benitiño-Feijóo, ¡que no nos cueste más de tres millones de euros! Ufff, tomo aire, sigo en el descansillo de la escalera, tribulando, compréndalo usted señor Montilla, que yo me sé aquellos tiempos del sí señor sí señor, que don José le preguntaba a Xoseíño “E ti ¿que pensas?” y Xoseíño, atribulado, con la pucha entre las manos y la cabeza gacha pensaba, pensaba para sus adentros “Xa vostede o pensa todo por min, don José”, sí, señor Montilla, esta frase es toda una lección de historia, porque Xoseíño también tribulaba aunque no se mojaba, pero chover sí chovía por él, y por eso yo me sonrío y le disculpo su ignorancia, señor Montilla,  y sigo aquí, tribulando, tomándome un respiro en el rellano de la escalera, porque chove a deus dar, y no me sale de las cuernas decirle, señor Montilla, si subo o si bajo.
***
Les dejo una versión flamenca de A Santiago voy, del guitarrista lucense Cuchus Pimentel, a ver si el Papa se anima a venir ligerito de equipaje y caminando...




21 de septiembre de 2010

El peligro de Una o Mil Historias


Bobalicón, Francisco de Goya

El problema de los estereotipos no es que sean falsos, es que son incompletos
Chimamanda Adichie

Aunque el Sur ya existía en las cartas de los emigrantes, América era la del Norte. La casa Ford y los Haiga, el Star- System, la sonrisa de los Kennedy y los dólares. En las pelis, los vaqueros eran buenos y valientes, y los indios unos salvajes que cortaban cabelleras más malos que la quina y las madrastras de los cuentos. África era un negrito desnutrido de vientre hinchado y ojos inmensos, un paisaje de sabana con jirafas o un aborigen hunga- hunga con hueso en la nariz. Oriente aportaba el exotismo con turbantes y faquires, camellos y desiertos con oasis, geishas y flores de loto y tigres de Malasia con Sandokán. Los chinitos eran una hucha para el domund, usaban coletín, sombrero de paja y comían arroz. Las hindúes bailaban danzas del vientre, que también bailaban las moras, aunque los moros eran un extraño y perturbador colectivo que no se sabía muy bien dónde y cómo situarlos salvo en la época de la Reconquista. Europa era París de la Francia, la Corte de Inglaterra con Rolls, la Alemania de la línea blanca y la Volskwaguen, y la bota de Italia con Papa en el Vaticano y góndola veneciana. El resto, la emperatriz Sissí, el Vals del Danubio azul y una retahíla de nombres de países con capitales y accidentes geográficos en mapas mudos. Ah, me olvidaba de Oceanía en el Pacífico con canguros en Australia y Nueva Zelanda en las antípodas.
Con respecto a la piel de toro, la España en cuyo imperio nunca se ponía el sol, era la reserva espiritual de Occidente, una, grande y libre, y sólo existían un único dios verdadero y una única lengua (las demás eran dialectos con bata y zapatillas o zuecas y boina). Para los deseados turistas extranjeros Spanish is different, mar y sol, Ole y Olé, la Carmen de Bizet y Manuel Benítez El Cordobés. ¡Por Santiago y cierra España, qué tiempos aquellos en los que sólo había una verdad de la buena e iluminaban las cavernas interiores con un candil o una triste bombilla de cuarenta vatios!
Claro que, no sin esfuerzo, han cambiado los tiempos, y mucho. Ahora nos disparan con flashes y nos alumbran con luminarias de verbena intergaláctica, y así, cegatos, apampados y patidifusos, no distinguimos el grano del escobajo. Ahora, a golpe de mando y clicks cibernáuticos, tenemos menús variados, ensaladas de cuentos, revueltos de guerras, refritos de crisis, cocidos de políticos con salsa… Todo aderezado con mucho surrealismo, lenguas sarkozyanas, ojos cacodilatos, mierda enlatada del artista y batido por una túrmix y sin zaranda. Más que nunca estamos expuestos a la manipulación informativa, a visiones simplistas, reduccionistas e interesadas, a tópicos y estereotipos. Con todo, hay una diferencia sustancial entre el ayer y el hoy: ayer nos imponían la estupidez, hoy nos la promueven. Y algo de responsabilidad tendremos en el asunto aquí y ahora: cuestionar y contrastar, que o papel só terma do que lle poñen e o falar non ten cancelas.

Les dejo un enlace con la lista elaborada por el lingüista Noam Chomsky de "Diez estrategias de manipulación mediática". Los vídeos son de la nigeriana Chimamanda Adichie, una contadora de historias que, desde la experiencia y con humor, habla de El peligro de una sola historia. Cada uno de los vídeos dura unos diez minutos, tómense el tiempo. Y si ahora no es el momento, pueden recuncar.





14 de septiembre de 2010

Caracolas & Buguinas

Pinturas de Georgia O' Keeffe

Buguina, e
soña o vento
coas ondas do mar

Caracola, y
sueña el viento
con las olas del mar

Caracolas,
espirales de silencio
besos blandos en mi oído.
De su boca,
hasta mí,
el impreciso murmullo de las olas
la respiración salada
la voz del mar

Buguinas,
espirais de silencio
beixos brandos ao oído.
Da súa boca
ate min,
o impreciso murmurio das ondas
a repiración salgada
a voz do mar.













Preguntas dunha pícara a unha buguina

¿Cantos anos tes?
¿De onde vés?
¿Naces na area da praia?
¿Onduláronte as ondas?
¿Quen habitou a túa casa de cuncha?
¿Murchouse o teu ventre
pra que na túa boca naza o mar?
¿Tiveches babas?
¿E cornos?
¿Gústache tomar o sol?
¿É teu curmán o caracol?
¿Es unha mamá o
un papá e unha mamá?










Preguntas de una niña a una caracola

¿Cuántos años tienes?
¿De dónde vienes?
¿Naces en la arena de la playa?
¿Te han ondulado las olas?
¿Quién habitó tu casa de concha?
¿Se ha secado tu vientre
para que en tu boca nazca el mar?
¿Has tenido babas?
¿Y cuernos?
¿Te gusta tomar el sol?
¿Es tu primo el caracol?
¿Eres una mamá o
un papá y una mamá?

***
Arcoluz, Renaud García fons Y Kiko Ruíz

5 de septiembre de 2010

Un Cuarto de Hora en un Minuto y Medio


"Esto del tiempo es complicado, me agarra por todos lados.
¿Cómo se puede pensar un cuarto de hora en un minuto y medio?"

El perseguidor, Julio Cortázar

Entonces, la voz de tu madre te sorprendía en pleno juego pronunciando tu nombre e indicando la hora. Crees recordar –o imaginas- que los mofletes se te inflaban al responderle después de varias llamadas: Ya Boy. No te enfades por la incorrección ortográfica, pronunciabas el verbo con una “B” bilabial -más rotunda y explosiva en su sonido que la labiodental “V”-, como queriendo expresar con mayor énfasis el fastidio que te provocaba el abandono de los juegos y el regreso al espacio real y al tiempo que vivían tus mayores. Fue a los siete años, cuando hiciste la primera comunión, que te regalaron un reloj. Lo lucías y mostrabas con orgullo en la muñeca y durante días te aplicaste en desentrañar la posición de las manecillas del horario y minutero además de complacerte en observar el imparable vals sincopado de los segundos. Sin embargo, una vez satisfecha la curiosidad, el juego de la hora dejó de interesarte, te olvidaste del reloj y lo abandonaste en un cajón, y aquello de saber qué hora es te trajo al pairo, ganándote por los despistes y retrasos numerosas peloteras y algunos castigos. Ahora que ya entiendes que en la inconsciencia infantil no existía el tiempo pensado y que el significado de las horas de sesenta minutos se escapaba a tu comprensión, sabes también que la palabra tiempo se ha ido filtrando y acuñando en tu cerebro, y que su significado se concreta en un implacable y planificado horario de imposiciones voluntarias, obligaciones asumidas e ineludibles responsabilidades. Tampoco ignoras, ahora, que aunque podemos cuantificar el tiempo, no así la esencia de él, y por suerte, por suerte para ti, aún eres capaz de liberarte en ocasiones del tiempo constreñido para traspasar el umbral de una puerta que te lleva al otro lado y convertir un minuto y medio en un cuarto de hora, como decía Jhonny Carter, el viejo y alucinado músico protagonista de El perseguidor de Cortázar. Y yo, porque te conozco, sé que me comprendes vagamente y, como Bruno, te sonríes mientras lees estas líneas...

"Entonces, ¿cómo puede ser que yo haya estado pensando un cuarto de hora, eh, Bruno? ¿Cómo se puede pensar un cuarto de hora en un minuto y medio?[…]
-Bruno~si yo pudiera solamente vivir como en esos momentos, o como cuando estoy tocando y también el tiempo cambia... Te das cuenta de lo que podría pasar en un minuto y medio... Entonces un hombre, no solamente yo sino ésa y tú y todos los muchachos, podrían vivir cientos de años, si encontráramos la manera podríamos vivir mil veces más de lo que estamos viviendo por culpa de los relojes, de esa manía de minutos y de pasado mañana...
Sonrío lo mejor que puedo, comprendiendo vagamente que tiene razón, pero que lo que él sospecha y lo que yo presiento de su sospecha se va a borrar como siempre apenas esté en la calle y me meta en mi vida de todos los días…"
El perseguidor
, Julio Cortázar ( Edit. El zorro rojo, 2009, con ilustraciones de José Muñoz )

Les dejo un vídeo con otro fragmento de El perseguidor en la voz de Cortázar. La música es de Charlie Parker, a quien está dedicado este relato. El escritor argentino se inspiró en el virtuoso saxofonista para crear el personaje de Jhonny Carter.


19 de agosto de 2010

Baños Prodixiosos

Bañista con cabelos longos, Renoir

Ide tomar nove ondas
antes de que saia o día
e levaredes convosco
as nove follas da oliva
.
Romance popular

Baños prodixiosos
Lémbroas nos veráns da infancia na Mariña Lucense como personaxes curiosas e de pintoresca estampa. Chamábamoslles as Carolinas ou Catalinas. Eran mulleres campesiñas que a finais de agosto, xa rematados os labores do campo, viñan “tomar os nove baños por consello de médico”. Non vistían bañador, senón brancas enaguas ou coloridos camisóns -e nalgún caso un hábito- que unha vez mollados apegábanse aos corpos regalando a olladas esculcadoras xenerosas curvas e sombranceiras carnes (de aí –coido eu- o nome de “mantidas” que recibían noutras partes do país). As Carolinas, temerosas da bravura do mar, refrescaban brazos e pernas nas mornas augas que se acubillaban nas covancas dos cons ou nas remansadas pozas que afondaban no areal cando xa tiña devalado a marea. As máis ousadas achegábanse aos lindes do mar e aserándose sobre da auga xogueteaban e zapicaban coa escuma das ondas que xa brandas e calmas ían morrer no regazo da ourela. Algunhas veces, e ben ancoradas á punta dun penedo, téñoas visto tender os corpos sobre da salgada superficie e así abandoarse gozosas ao deleitoso pracer de ser abaladas e tomadas por enteiro na donda oleaxe mariña. Cando isto sucedía, a bris do mar inflaba as amplas roupaxes das Catalinas e daquela deviñan aos meus ollos en cordiais cetáceos abeirados na ribeira ou en coloristas e risoñas morsas frotantes. O que elas no sabían, e naquel tempo eu tampouco, é que tomar “os nove baños” ten a súa orixe nun rito ancestral e pagano -que máis tarde se cristianizou-, o de “As nove ondas”. Este rito atribuía ao deus mar e a deusa lúa o poder de fecundar as mulleres ermas e desfacer os meigallos e feitizos dos demos como ben dice unha canción popular: Levei á miña nuller/ á Lanzada, ás nove olas:/Leveina a desenfeitar/e botar os demos fóra. Mais da personificación do mar como amante e o seu poder fecundador, non só dá conta a tradición popular, pois amósase tamén nos versos trobadorescos das Cantigas de Amigo medievais: Quantas sabedes amar amigo/ treydes comig' a la mar de Vigo:/ E banhar-nos- emos nas ondas!
Malia que segundo a crenza, a data más axeitada é o día de San Xoan e as aguas máis propicias son as da praia da Lanzada, inda están a tempo de achegarse á costa e beneficiarse da prodixiosa maxia das nosas ondas mariñas. Pero non esquezan que, para que o ritual faga o seu efecto, terán de agardar á caída da noite e espidos á luz do luar recibir o pulo de nove ondas. Por certo, que o beneficio no só é para as mulleres, tamén se estende aos varóns que desexen recuperar ou mellorar a súa virilidade (e nin lles conto os miragres que obra este nocturno novenario cando se fai en parella e con premeditación e alevosía). En canto aos nove baños, se non disporen de tempo ou a crise lles atufa, fagan o mesmo que aquela Catalina que aforrou os cartos dos nove días de estadía na costa sen incumprir o consello de médico: catro baños pola mañá e cinco polo serán.

Baños prodigiosos
Las recuerdo en los veranos de infancia en A Mariña Lucense como personajes curiosos y de pintoresca estampa. Les llamábamos Carolinas o Catalinas. Eran mujeres campesinas que a finales de agosto, ya rematadas las tareas del campo, venían “a tomar os nove baños por consello de médico”. No vestían bañador, sino unas blancas enaguas o coloridos camisones -y en algún caso un hábito- que una vez mojados se adherían a sus cuerpos regalando a miradas ajenas abundantes carnes y generosas curvas (de ahí –pienso yo- el nombre de “As mantidas”, las bien alimentadas, que recibían en otras partes del país). Las Carolinas, temerosas de la bravura del mar, refrescaban brazos y piernas en las templadas aguas que se depositaban en los cuencos de las rocas o en las remansadas charcas que ahondaban en el arenal cuando bajaba la marea. Las más osadas se acercaban a las lindes de la playa y acuclilladas sobre el agua jugueteaban y chapoteaban en la espuma de las olas que blandas y calmas perecían en el regazo de la orilla. Algunas veces, y bien apuntaladas al saliente de un peñasco, las he visto tender sus cuerpos sobre la superficie salada y abandonarse gozosas al dulce placer de ser tomadas y mecidas por entero en el tierno oleaje marino. Cuando esto sucedía, la brisa del mar inflaba sus amplios ropajes y las Catalinas devenían a mis ojos en cordiales cetáceos orillados en la ribera o en coloristas y risueñas morsas flotantes. Lo que ellas no sabían, y por aquel tiempo yo tampoco, es que tomar los nueve baños tiene su origen en un rito ancestral y pagano -que más tarde se cristianizó-, el de “Las nueve olas”. Este rito atribuía al dios mar y a la diosa luna el poder de fecundar a las mujeres yermas y deshacer los meigallos y hechizos diabólicos como bien dice una canción popular: Levei á miña nuller/ á Lanzada, ás nove olas:/Leveina a desenfeitar/e botar os demos fóra. Llevé a mi mujer/ a La Lanzada, a las nueve olas:/ la llevé a desencantar y echar los demonios fuera. Pero de la personificación del mar como amante y su poder fecundador no sólo hablan dichos y canciones populares, sino también los trovadores medievales gallego-portugueses en las Cantigas de Amigo: Quantas sabedes amar amigo/ treydes comig' a la mar de Vigo:/ E banhar-nos- emos nas ondas! / Cuantas sabéis amar amado,/ venid conmigo al mar de Vigo/ ¡y nos bañaremos en las olas!
Aunque según la creencia, la fecha más adecuada para este baño es el día de San Juan y las aguas más propicias son las de la playa de A Lanzada en Sanxenxo (Pontevedra), todavía están a tiempo de acercarse a nuestras costas y beneficiarse de la prodigiosa magia de las ondas galaicas. Pero no olviden que, para que el ritual haga su efecto, habrán de esperar la llegada de la noche y desnudos a la luz de la luna recibir el impulso de nueve olas. Por cierto, que el beneficio no sólo es para las mujeres, también se extiende a los varones que deseen recuperar o mejorar su virilidad (y no les cuento los milagros que obra este nocturno novenario cuando se hace en pareja y con premeditación y alevosía). En cuanto a los nueve baños, si no disponen de tiempo o la crisis les agobia, hagan lo mismo que aquella Catalina que se ahorró el dinero de nueve días de estancia en la costa pero sin incumplir el consejo de médico: cuatro baños por la mañana y cinco por la tarde.

Mientras se lo piensan -lo del mágico baño nocturno y tal como nos parieron- escuchen este tema de Berrogüeto: Setestrelo


9 de agosto de 2010

Historias en la Calle

Historia I






Historia II





(Os dejo con Magia, uno de los temas del disco-comic Mentiroso Mentiroso de Iván Ferreiro )



Magia, que se posaba en nuestras manos.
Magia, volando sobre los tejados.
Magia, que nos juramos que duraría para siempre.
Magia, que nunca engaña pero miente.
Magia, de las palabras a los hechos.
Magia, hasta quedarnos sin aliento.
Bendita magia.

Magia, para evitar lo inevitable.
Magia, para olvidar lo fácil que se olvida,
como por arte de magia y hubo magia que borro todas las pisadas.
Magia, dolía mucho y no fue nada.
Magia, que todo acaba y ahora te empiezo a echar de menos.
Magia, que salió como una paloma de algún sombrero.
Magia, que volverá para salvarnos.
Magia, en otros cuerpos y otras manos.
Magia de equivocarnos
y nadie quiso hacerse daño
Magia, solo un gramo de magia
Magia
oh oh oh magia

Y nadie quiso hacerse daño
Y nadie quiso hacerse daño
yo nunca quise hacerte daño

30 de julio de 2010

Ecos de Buguina



Ecos de buguina

Era fraca, lixeira, de ollos achicados e beizos consumidos. O Seu rostro de campesiña, labrado polo frío do inverno e o sol do verán, tomara a cor escura da terra que traballaba. No inverno ulía a choiva e leite quente, e a herba seca e espigas de paínzo no verán.
Durante todo o ano vestía roupas escuras, calzaba zocas e cobría a cabeza cun pano negro. Gardaba os seus tesouros nunha caixa de latón. Unhas medalliñas, un anel, uns retratos antigos e algunhas cartas enviadas, tempo atrás, dende Cuba. E nun estoxo, con forro de veludo vermello, unha buguina mariña e unha postal dunha praia solitaria con palmeiras.
Aquela tarde vestía roupa nova, locía zapatos e o seu cabelo gris recollíase nun sinxelo moño. Durante a viaxe apenas falou. Envisaba a mirada tralo cristal aprehendendo espazos e paisaxes ignoradas aos seus ollos. Por momentos, entretíñase en colocar os plisados da súa saia, en limpar o inexistente po da súas ropas, en admirar os seus zapatos de acibeche.
Ao remate da viaxe baixou do coche e fronte ao sol da tardiña camiñou por un estreito sendeiro. Sabía que estaba perto. Ata ela chegaba o vaivén duha melodía descoñecida e o arrecendo a buguina mariña que a brisa abalaba no seu colo. Co corazón axitado e os ollos arelosos tomou carreiriña e, lixera, rubiu aos montículos de area. E nos ollos de María naceu o mar: unha praia solitaria, sen palmeiras.


Ecos de caracola

Era flaca, ligera, de ojos achicados y labios consumidos. Su rostro de campesina, labrado por el frío del invierno y el sol del verano, había tomado el color oscuro de la tierra que trabajaba. En el invierno olía a lluvia y a leche caliente, y a hierba seca y espigas de maíz en el verano.
Durante todo el año vestía ropas oscuras, calzaba zuecas y cubría su cabeza con un pañuelo negro. Guardaba sus tesoros en una caja de latón. Unas medallitas, un anillo, unas fotos antiguas y algunas cartas enviadas, años atrás, desde Cuba. Y en un estuche, con forro de terciopelo rojo, una caracola marina y una postal de una playa solitaria con palmeras .
Aquella tarde vestía ropa nueva, lucía zapatos y su escaso pelo gris se recogía en un sencillo moño. Durante el viaje apenas habló. Concentraba su mirada tras el cristal aprehendiendo espacios y paisajes ignorados a sus ojos. Por momentos, se entretenía en colocar los plisados de su falda, en limpiar el inexistente polvo de sus ropas, en admirar sus zapatos de azabache.
Al término del viaje bajó del coche y frente al sol del atardecer caminó por un estrecho sendero. Sabía que estaba cerca. Hasta ella llegaba el vaivén de una melodía desconocida y el olor a caracola marina que la brisa mecía en su regazo. Con el corazón agitado y los ojos anhelantes tomó carrerilla y, ligera, subió a los montículos de arena. Y en los ojos de María nació el mar: una playa solitaria, sin palmeras.



Pinturas de Urbano Lugris

14 de julio de 2010

Los Fisher y El silencio de Nivasio Dolcemare

Objetos en el bosque, Alberto Savinio (Andrea de Chirico)

A Fina y Miguel

"O dono da tenda de animais explicoulle que se trataba dunha parella de inseparables. Os inseparables de Fisher, así lles chamaban.
¡Carallo co nome!, dixo o mariñeiro"
.

Supe de tal pareja de pájaros, Os inseparables de Fisher*, al mismo tiempo que el sorprendido marinero, un personaje del cuento que Manuel Rivas titula con ese nombre. En este relato se hace referencia también a una romántica leyenda que a estos peculiares papagayos adorna: “Se un deles desaparece, o outro cantará sen acougo ata morrer”. Recordé a los Fisher de Rivas y a mis amigos Fina y Miguel mientras leía una entrada de la Nueva enciclopedia de Alberto Savinio: Silencio (en el matrimonio). En esta entrada recoge una carta que Nivasio Dolcemare (seudónimo del escritor) escribe a María, su mujer, quejosa por la ausencia de palabras tras largos años de matrimonio y nostálgica de las largas conversaciones que mantenían en los primeros tiempos. Nivasio, al final de la carta, explica a María que elige la escritura porque “Bajo la bóveda de nuestro silencio hay cosas que se pueden escribir pero no decir”. La carta llama mi atención porque en ella Dolcemare es capaz de subvertir el significado del temido silencio que acoge a las parejas de largo recorrido, ese silencio que va asociado al tedio y al aburrimiento, al ya nada queda por decir. Sin embargo, el italiano lo interpreta como la llegada de un tiempo apacible, de máxima complicidad e incondicionalidad en el amor, donde la ausencia de palabras muestra la desnudez y la transparencia del alma de los amantes. No sé si estoy de acuerdo en todo lo que dice el escritor, quizás todavía necesito la propaganda de la palabra y me aferro a un verso Cunqueirián - Pro nos, amor, temos os cans fieis das verbas-, a ese vender mi yo del que Savinio dice avergonzarse al recordar como en su juventud derramaba delante de la amada una desmedida elocuencia para darse a conocer y seducirla con vehemencia. Pero no dejo de reconocer que pensar en el amor que se requiere para labrar la hondura del silencio del que habla Savinio- Dolcemare- de Chirico** es reconfortante: “Finalmente , nuestra desnudez aparece sin palabras, sin velos y, en consecuencia, silenciosa […] ¿ Es que ya no me oyes en el silencio como yo, en el silencio, te oigo a ti?”

(Nueva Enciclopedia, Alberto Savinio. Edit. Acantilado 2010)

Si quieren leer algunas entradas de este curioso y provocador libro de Savinio pinchen aquí. Podrán ver también cuadros de este escritor y pintor (hermano de Georgio de Chirico)

*Os Inseparables de Fhiser, en As Chamadas perdidas. Manuel Rivas. Edicións Xerais de Galicia.
** Alberto Savinio y Nivasio Dolcemare son seudónimos de Andrea de Chirico (Atenas, 1891- Roma, 1952)

***

Oswaldo Montenegro: A metade

2 de julio de 2010

El oscuro enemigo

La nostalgia del poeta, G. de Chirico

El oscuro enemigo*
Siempre me recordó al personaje que Burt Lancaster interpretaba en la película Confidencias de Visconti. Como él, Paco también parecía comprenderlo todo y contemplar la vida con una mirada serena de escéptico humanismo. A los cincuenta y cinco se había retirado a su pequeño pueblo, en una casita frente al mar, para vivir entre las ruinas de su inteligencia y la compañía de Madame, su gata.
Aquel primer verano de clases de francés, Totó y yo salíamos juntos. Algunas tardes llegábamos antes de la hora porque nos gustaba la casa de Paco, nuestro profesor. Tenía una espléndida biblioteca y en cada rincón guardaba algún recuerdo de sus viajes, sobre todo gatos, gatos de distintos tamaños y colores. Eran su fetiche.
Madame se amodorraba en un cojín y nosotros tomábamos café o te en unas tazas de porcelana china mientras esperábamos a Mabel, la otra alumna de Paco. En el tocadiscos sonaban Aznavour, Jacques Brell, Edit Piaff o los Conciertos de Bach. Hablábamos de cine, de música, de literatura. Bueno, más bien lo hacía el profesor, nosotros éramos jóvenes ávidos de conocimiento.
A Paco se le iluminaban los ojillos y se ponía canalla cuando nos contaba sus experiencias en París, donde había vivido a finales de lo sesenta. Era culto, refinado y amaba todo lo francés. En nuestras clases de lengua nos leía a Crhétien de Troyes, a Les Poètes Maudits y nos daba textos de La cantatrice chauve o La leçon de Ionesco para que interpretásemos. Con frecuencia quedábamos por las noches en su casa y nos ponía películas de directores franceses. En aquellas sesiones descubrimos a Renoir, a Ophüls, a Truffaut… Y fue la primera vez que vi L’Atalante de Jean Vigo.
Mabel, Totó y yo nos divertíamos con Paco, le admirábamos; y a lo largo de varios veranos fuimos estableciendo con él una amistad y una complicidad que llegó a convertirse, tanto en mi caso como en el de Mabel, en un amor platónico.
Uno de aquellos días, nos acompañó a casa de Paco una amiga de Mabel. No recuerdo su nombre, he preferido olvidarlo. Quería marcharse a Francia y Mabel le había hablado de Paco. Vino para conocerlo. Cuando Paco la vio, comentó que se parecía a Jeanne Moureau, una de sus musas más admiradas del cine francés. Era muy guapa y algo mayor que nosotros.
Aquella noche, como homenaje a ella, Paco habló de París, sus calles, sus cafés, sus librerías, los amores vividos..., y recitó poemas de Baudelaire y Rimbaud. Bebió mucho, fumó hierba e invitó a la “Moureau” a bailar La vie en rose. Estaba feliz y nosotros también. Recuerdo que nos reíamos mucho, excepto la amiga de Mabel, que después del baile se tumbó en el sofá y se quedó dormida.
En un momento de la noche, Paco se sintió mal. Nos asustó su palidez y ver que ponía los ojos en blanco. Estaba de pie y se desplomó sobre la alfombra permaneciendo inconsciente durante unos minutos. Cuando despertó, vomitó allí mismo, en el salón. Totó y yo lo llevamos hasta su cuarto, lo desvestimos y lo metimos en la cama mientras Mabel limpiaba el vómito y le preparaba una infusión.
Era las siete de la mañana cuando salimos de allí y decidimos ir a desayunar. Mientras nos servían, expresamos nuestra preocupación por Paco y entonces la “Moureau” comentó: "No sé como podéis aguantarlo, es un viejo triste que va de progre y sólo vive de recuerdos".
Nos dolió aquel desprecio. Pero empecé a entender el brillo húmedo y el velo de melancolía que cubría los ojos de Paco cuando llegaba el final del verano y nosotros abandonábamos el pueblo y sus clases.
Tenía sesenta y seis años cuando decidió morir. Fue una tarde de septiembre cuando abrió la espita del gas y se dejó ir. No fui a su entierro, algo que siempre me reprocho.
Cuando lo encontró Ada, la señora que limpiaba la casa, en el tocadiscos todavía giraba La pasión según San Mateo, de Bach, y entre sus manos retenía un poema de Baudelaire, El enemigo:

Mi juventud no fue sino un gran temporal
Atravesado, a rachas, por soles cegadores;
Hicieron tal destrozo los vientos y aguaceros
Que apenas, en mi huerto, queda un fruto en sazón.

He alcanzado el otoño total del pensamiento,
y es necesario ahora usar pala y rastrillo
Para poner a flote las anegadas tierras
Donde se abrieron huecos, inmensos como tumbas.

¿Quién sabe si los nuevos brotes en los que sueño,
Hallarán en mi suelo, yermo como una playa,
El místico alimento que les daría vigor?

-¡Oh dolor! ¡Oh dolor! Devora vida el Tiempo,
Y el oscuro enemigo que nos roe el corazón,
Crece y se fortifica con nuestra propia sangre.
***
(*Este relato fue mi primera entrada, en Octubre del 2008).
***
Les invito a seguir a Florence (Jeanne Moureau) en un errático y angustioso recorrido por las calles de París buscando a Julien, su amante. La escena pertenece a Ascensor para el cadalso, clásico del cine negro dirigido por Louis Malle en 1957 y con banda sonora de Milles Davis

21 de junio de 2010

¿Cómo dijiste que se llamaba tu mamá?

" Pero no me importaban los juguetes.
Oye, ¿cómo dijiste que se llamaba tu mamá?
Mariana"

Aún palpitaba la herida de la segunda guerra mundial y la amenaza de la bomba atómica, pero la industrialización avanzaba y las caderas de Lilia Prado y Tongolele se movían al mismo ritmo que los deseos de los mexicanos: dejar atrás el mundo antiguo y modernizarse. Aprender inglés, comer hamburguesas, tomar Coca Cola o descartar el tequila para servir whisky y "blanquear el gusto de los mexicanos". Carlos, protagonista y narrador de Las batallas en el desierto, evoca aquella época de su preadolescencia con la sombra incomprensible de la guerra, la maledicencia, el racismo social, el deseo, los tocamientos malos y la confusión en su inocente mirada sometida a la prejuiciosa visión de los adultos. Sin embargo nada será vivido con tanta conmoción e intensidad como el enamoramiento de Mariana, la mamá de su amigo Jim y amante de un político de la época:
"Por hondo que sea el mar profundo
no habrá barrera en el mundo
que mi amor no rompa por ti".

(letra del bolero Obsesión, Pedro Flores)

No dejen de leer esta maravillosa novela corta, bello recuerdo de un inocente amor infantil y lúcido ajuste de cuentas con la realidad que al propio autor, José Emilio Pacheco, le tocó vivir en su infancia. Las batallas en el desierto, con un lenguaje y estilo sencillo, traza un retrato del México de los años cuarenta, espejo de un mundo en transformación que mantenía la absurda ilusión y esperanza de que el paraíso en la tierra podría ser alcanzado. Con el tiempo llegarían la frustración y el desencanto, y la esperanza se (nos) ofreció tan imposible como lo fue el amor de Mariana para Carlos. Les dejo un visionario fragmento de esta extraordinaria narración y un sugestivo vídeo con la bailarina Yolanda Montes, la poderosa y sensual Tongolele: sus piernas, sus senos, el misterioso sexo escondido… Aunque para el niño Carlos, "la imagen de Mariana reaparecía por encima de Tongolele".

“Los mayores se quejaban de la inflación, los cambios, el tránsito, la inmoralidad, el ruido, la delincuencia, el exceso de gente, la mendicidad, los extranjeros, la corrupción, el enriquecimiento sin límite de unos cuantos y la miseria de casi todos.
Sin embargo había esperanza […]
Para el impensable año dos mil se auguraba –sin especificar cómo íbamos a lograrlo- un porvenir de plenitud y bienestar universales. Ciudades limpias, sin injusticia, sin pobres, sin violencia, sin congestiones, sin basura. Para cada familia una casa ultramoderna y aerodinámica (palabras de la época). A nadie le faltaría nada. Las máquinas harían todo el trabajo. Calles repletas de árboles y fuentes, cruzadas por vehículos sin humo ni estruendo ni posibilidad de colisiones. El paraíso en la tierra. La utopía al fin conquistada”.

Las batallas en el desierto, José Emilio Pacheco
Tusquest Editores, 2010/ Edit. Xalaparta 2001

8 de junio de 2010

Emily y la Mantis



Soy de regresar a espacios significativos y vitales. Tal vez en el arrobo y deslumbramiento de un primer encuentro no repose la mirada en mi ansia por ver. O porque, como a los niños, me guste recrear un mismo cuento para afianzarme en él, recorrerlo y escudriñarlo con detenimiento y pasmarme en cada uno de sus más preciados y secretos rincones. El mundo en un jardín (A. Muñoz Molina) y la entrada de Inés González en su cuaderno Incisiones múltiples, me han regresado a la silenciosa desnudez de la voz de Emily Dickinson, un espacio solitario, nostálgico y penetrante que me conmueve en su Casita albana, me hiere en el hermetismo de sus ventanas y me sobrecoge por afrontar en el interior ese huésped más helado. Y por extrañas asociaciones –casi siempre gozosas para mí- algunos de los versos de la escritora me han recordado un hermoso corto de animación: La parábola de la mantis. Les invito a verlo al final de esta selección de poemas (traducción Silvina Ocampo, Barcelona, Tusquets Editores, 1985)

Presentimiento es esa larga sombra
que poco a poco avanza sobre el césped
cuando el sol sus imperios abandona.
Presentimiento es el susurro tenue
que corre entre la hierba temerosa
para decirle que la noche viene.

Venerar los días simples
que guían las estaciones,
solo exige recordar
que a ti o a mí
pueden quitarnos
eso nimio llamado inmortalidad.
-
Investir la existencia
de un aire majestuoso
solo exige recordar
que para el cielo
esa bellota que está allí
es el óvulo de los bosques.
-
¡Dame el ocaso en una copa,
enumérame los frascos de la mañana
y dime cuánto hay de rocío,
dime cuán lejos la mañana salta-
dime a qué hora duerme el tejedor
que tejió el espacio azul!

¡Escríbeme cuántas notas habrá
en el nuevo éxtasis del tordo
entre asombradas ramas-
cuántos caminos recorre la tortuga-
cuántas copas la abeja comparte,
disoluta del rocío!

También, ¿quién puso la base del arco iris,
también, quién guía las esferas dóciles
por juncos de azul flexible?
¿Qué dedos atan las estalactitas-
quién cuenta la plata de la noche
para saber si nadie está en deuda?

¿Quién edificó esta casita albana
y cerró herméticamente las ventanas
que mi espíritu no puede ver?
¿Quién me dejará salir un día de gala
con implementos de vuelo,
fugaz pomposidad?


Naturaleza es lo que vemos -
la montaña – el poniente-
la ardilla – el eclipse – el abejorro -
no – naturaleza es el cielo -
naturaleza es lo que oímos -
el bobolink – el mar -
el trueno – el grillo -
no – naturaleza es la armonía -
naturaleza es lo que sabemos -
no tenemos arte para decirlo -
tan impotente es nuestra sabiduría
para tanta simplicidad.


El viento –golpeó como un hombre cansado–
y como un huésped –«adelante»
respondí valientemente– entró
en mi habitación

un veloz –invitado sin pies
a quien ofrecer una silla
era tan imposible como ofrecer
al aire un sofá–

ningún hueso tenía para sostenerlo–
su diálogo era como el simultáneo alboroto
de numerosos pájaros
en una rama superior–

su continente –una oleada–
sus dedos, al pasar
dejaban oír una música –como tonadas
sopladas trémulas en un vidrio–

siguió su visita –aún revoloteando–
luego como hombre tímido
otra vez, golpeó –como una ráfaga
y yo me volví sola–.


La ventaja de la desesperación se logra
sufriendo – desesperación-
de estar asistido -por reveses-
uno tiene que haber conocido el revés-

el valor de sufrir como
el valor de la muerte,
se conoce probándolo-
no lo puede otra boca

de salvadores -volvednos conscientes-
como nosotros mismos hemos compartido-
la aflicción nos parece impalpable
hasta que a nosotros mismos nos hiere


Cualquiera que desencante
a un solo ser humano
por traición o por irreverencia
es culpable de todo.

Inocente como un pájaro-
gráfico como una estrella-
hasta una sugestión siniestra
que las cosas no son lo que son-


28 de mayo de 2010

El Piano


Para M.

El Piano
La noche estaba templada y el vino de la Taberna de Cesar era “falador”, aunque tanto a M. como a mí enganchar la charla nunca se nos hizo difícil. Imagínate, me decía él, te hablo del año 47 o 48, ya no recuerdo bien, tendría no más de cinco años. Vivíamos allí, como una piara, Antonio, Alicia, Carmen, Sebas y yo, que era el más chiquito. De mis hermanos, sólo Antonio trabajaba, y mi madre, que lavaba ropa para otros, cosía por las casas, vendía peixe por los barrios… Vamos, qué sé yo los mil y un enredos que hacía la mujer para apañárselas con aquella tropa. Y era la abuela, la madre de mi padre muerto, una analfabeta que firmaba con una cruz, quien cuidaba de nosotros, atendía la casa y criaba un par de cerdos y unas gallinas que picoteaban en un huertito. ¡Imagínate!, repetía M, mientras sonreía con ironía y me miraba con ojos regresados al pasado y aún sorprendidos al evocar la historia que contaba.

Fue de pronto que lo vimos en mitad de la calle, el carro tirado por una mula y el hombre en el pescante con mono azul y visera. El traqueteo y el eco de las pisadas del animal en el empedrado nos hizo mirar por la ventana del cuarto donde dormíamos los varones, aún con las legañas en los ojos, porque era sábado y no había escuela. Soooo! dijo el hombre aquel tirándole de las riendas a la mula, y se paró allí, justo delante del portal de nuestra casa. Dos golpes de llamador y mi madre acudió a abrir la puerta seguida de nosotros cuatro.
-Buenos días, dijo el hombre.
Y señalando al bulto del carro que venía envuelto en una tela negra, preguntó:
-Señora, ¿dónde le dejo el piano?
Mi madre ni debió mirar el bulto, vamos, supongo yo, ante aquella cosa tan inverosímil, ¡imagínate!, ¡un piano!
-Se ha equivocado usted, para aquí no es, respondió mi madre un poco seca. Porque ella era así, muy entera y de las que no tenían tiempo que perder. Y ya se daba la vuelta para entrar en casa cuando el carretero sacó del bolsillo un papel y en voz alta leyó nuestra dirección y el nombre de mi hermano Antonio.
- Además, el piano está pagado, añadió el hombre.

Así que entre el desconcierto de mi madre y la incredulidad de todos nosotros, se colocó el piano en el comedor, el espacio más amplio de la casa. Y no veas tú, dios mío, ¡El Piano!, el piano se convirtió en una religión. Mis hermanas asistían embelesadas a aquellas tardes en que venía el afinador, un tipo alto, flaco, con bigotillo fino y torneado en sus puntas, de porte elegante a pesar de sus trajes rozados y con brillos en las coderas. Preparaban achicoria con algo de café y se mostraban solícitas, enamoradas de aquel dandy de maneras suaves, casi femeninas, que seducía hasta a la abuela que contó por primera vez que su marido había sido en su juventud organillero. De ahí, de ahí debía venirle al Antonio, decía la abuela. Y mi hermano, mi hermano hasta se olvidaba de comer, imagínate, que te hablo de los años cuarenta, ¡hasta de comer! El poco tiempo que le dejaba su trabajo en la cantera, porque trabajaba en una cantera, se lo entregaba a la música, una pasión secreta que le venía de tiempo atrás. Sin nadie saberlo había tomado clases con un amigo del afinador al que compró aquel viejo piano en el que ahora desgranaba escalas y partituras para desesperación de mi madre.

No recuerdo las manos de Antonio. Sí recuerdo su espalda, la leve inclinación de su cabeza, su nuca despejada sobre el piano. Y la sombra, la sombra que de él se proyectaba en un ángulo de la pared del comedor y se iba alargando al discurrir de las horas de la tarde. Nosotros hacíamos los deberes, sacábamos agua del pozo, limpiábamos la cuadra o ayudábamos en cualquier otra tarea de la casa, y él tocaba, a Beethoven, a Schubert, a Chopin … y no nos importaba. Le eximíamos de los trabajos por el prodigio de la música, aquella lluvia feliz nacida de sus manos que nos descubría el pálpito de otra vida, algo que jamás habíamos llegado a atisbar… la emoción de la belleza, una caricia cósmica, total, que arrumbaba la tristeza de los ojos y nos redimía de la roña de aquel oscuro vivir. Creo que hasta mi madre llegó a comprender. La recuerdo conmovida a la hora de la comida o de la cena que, con paciencia y ya resignada, lo llamaba, Antonio, Antonio, que tienes que comer… Así hasta el día en que un cartucho de dinamita le voló tres dedos de la mano izquierda.

En el patio trasero de la taberna de Cesar, M. me sirvió y se sirvió otro vino.
-Sí es falador este vino, sí lo es, confirmó M. una vez más.
Después levantó su copa. Por Antonio, por la música, por nosotros. Yo brindé con él y nuestras copas se tocaron. Bajo la luz de la luna llena que se filtraba entre las hojas del emparrado, callamos. Sólo el silencio de la noche y el nuestro.

22 de mayo de 2010

¡DespíDelos!

Me gusta: nunca falla el ingenio de El Roto para un descosido.
Y es que “el más interesado” en tomar esa medida dice “que ahora no tocaba” .
-¿Y por qué yo? -se preguntan algunos-, ¿es que le he tocado en una tómbola?
-Ay, meu rei, que tenías todos lo boletos, que dicen algunos que “Son reacios a la creación del nuevo impuesto por el efecto no deseado que podía tener en los movimientos especulativos”
ZaPe!

Y como no sé a que carta quedarme, les dejo tres proposiciones con ritmo y ustedes eligen:
1-Se viene el estallido con los argentinos Bersuit Vergarabat, muy cañeros ellos. Y no se corten, bailen, bailen y canten con ellos que de verdad que despeja la mala uva.
2-¿Por qué yo? de Los Enemigos, muy subversivos, ya en los noventa, y un poco ingenuos por la pregunta "¿Dónde puedo reclamar?"
3- Esta es pa relajarse, tomarselo con humor e non botar fume: Pensando no se llega a na, de Josele Santiago.
Las letras, al final.







Se viene el estallido,
se viene el estallido,
de mi guitarra,
de tu gobierno, también.

Se viene el estallido,
se viene el estallido,
de mi guitarra,
de tu gobierno también...

Y si te viene alguna duda
vení agarrala que está dura
si esto no es una dictadura,
qué es? qué es...?

Se viene el estallido,
se viene el estallido,
de mi garganta,
de tu infierno, también

Y ya no hay ninguna duda
se está pudriendo esta basura
fisura ya la dictadura
del rey...!

Volió la mala fue corta la primavera
cerdos miserables comiendo lo que nos queda
Se llevaron la noche, nuestra única alegría

Gente poniendo huevos
para salir de esta rutina.
Se viene el estallido

¿Por qué yo?
No fui yo, yo no,
alguien me la pegó,
¿por qué yo?
No fui yo, yo no,
¿quién me encerró
dentro de este cascarón?

Mire usted,
¿no cree que estaría mejor
como aquél...?
Y ¿por qué él y no yo?
Eh, cómo se lo ganó,
¿o es que llegó antes que yo?

¿Dónde puedo reclamar?
A mí esto no me gusta.
¿Con quién tengo que ir a hablar?
Dímelo, no me asusta.

No fui yo, yo no,
¿quién me engaño?
Sí, lo sé.
Sí, lo sé,
ay, si lo llego a saber
iba a estar yo aquí, ¿de qué?

¿Dónde puedo reclamar?
A mí esto no me gusta.
¿Con quién tengo que ir a hablar?
Dímelo, no me asusta.

Entiéndalo, discúlpenos,
los hay que están peor.

No fui yo, yo no,
alguien me la pegó,
¿por qué yo?
No fui yo, yo no,
¿quién me encerró
dentro de este cascarón?

¿Dónde puedo reclamar?
A mí esto no me gusta.
¿Con quién tengo que ir a hablar?
Dímelo, no me asusta.

¿Dónde puedo reclamar?
A mí esto no me gusta.
¿Con quién tengo que ir a hablar?
Dímelo, no me asusta.

Pensando no se llega a na
Pensando!!...
puedes acabar
apuntalo chaval
pensando no se llega a na
pensando...
te puede pasar
pensando en pensar
así es como quieres terminar
cuidado...
pensando!!...
ni es vida ni es na
lo necesitarás
sálo para no sentirte mal
pensando!!...
nadie te querrá
nada importará
nunca volverás a ser igual
ten cuidao o acabarás
anulao, pensando y pensando mal
cuidado avisao estás
espantao te encontrarás
despechao de ver que no hay vuleta atrás
pensando en como no pensar
cuidado...
pensando!!...