19 de agosto de 2010

Baños Prodixiosos

Bañista con cabelos longos, Renoir

Ide tomar nove ondas
antes de que saia o día
e levaredes convosco
as nove follas da oliva
.
Romance popular

Baños prodixiosos
Lémbroas nos veráns da infancia na Mariña Lucense como personaxes curiosas e de pintoresca estampa. Chamábamoslles as Carolinas ou Catalinas. Eran mulleres campesiñas que a finais de agosto, xa rematados os labores do campo, viñan “tomar os nove baños por consello de médico”. Non vistían bañador, senón brancas enaguas ou coloridos camisóns -e nalgún caso un hábito- que unha vez mollados apegábanse aos corpos regalando a olladas esculcadoras xenerosas curvas e sombranceiras carnes (de aí –coido eu- o nome de “mantidas” que recibían noutras partes do país). As Carolinas, temerosas da bravura do mar, refrescaban brazos e pernas nas mornas augas que se acubillaban nas covancas dos cons ou nas remansadas pozas que afondaban no areal cando xa tiña devalado a marea. As máis ousadas achegábanse aos lindes do mar e aserándose sobre da auga xogueteaban e zapicaban coa escuma das ondas que xa brandas e calmas ían morrer no regazo da ourela. Algunhas veces, e ben ancoradas á punta dun penedo, téñoas visto tender os corpos sobre da salgada superficie e así abandoarse gozosas ao deleitoso pracer de ser abaladas e tomadas por enteiro na donda oleaxe mariña. Cando isto sucedía, a bris do mar inflaba as amplas roupaxes das Catalinas e daquela deviñan aos meus ollos en cordiais cetáceos abeirados na ribeira ou en coloristas e risoñas morsas frotantes. O que elas no sabían, e naquel tempo eu tampouco, é que tomar “os nove baños” ten a súa orixe nun rito ancestral e pagano -que máis tarde se cristianizou-, o de “As nove ondas”. Este rito atribuía ao deus mar e a deusa lúa o poder de fecundar as mulleres ermas e desfacer os meigallos e feitizos dos demos como ben dice unha canción popular: Levei á miña nuller/ á Lanzada, ás nove olas:/Leveina a desenfeitar/e botar os demos fóra. Mais da personificación do mar como amante e o seu poder fecundador, non só dá conta a tradición popular, pois amósase tamén nos versos trobadorescos das Cantigas de Amigo medievais: Quantas sabedes amar amigo/ treydes comig' a la mar de Vigo:/ E banhar-nos- emos nas ondas!
Malia que segundo a crenza, a data más axeitada é o día de San Xoan e as aguas máis propicias son as da praia da Lanzada, inda están a tempo de achegarse á costa e beneficiarse da prodixiosa maxia das nosas ondas mariñas. Pero non esquezan que, para que o ritual faga o seu efecto, terán de agardar á caída da noite e espidos á luz do luar recibir o pulo de nove ondas. Por certo, que o beneficio no só é para as mulleres, tamén se estende aos varóns que desexen recuperar ou mellorar a súa virilidade (e nin lles conto os miragres que obra este nocturno novenario cando se fai en parella e con premeditación e alevosía). En canto aos nove baños, se non disporen de tempo ou a crise lles atufa, fagan o mesmo que aquela Catalina que aforrou os cartos dos nove días de estadía na costa sen incumprir o consello de médico: catro baños pola mañá e cinco polo serán.

Baños prodigiosos
Las recuerdo en los veranos de infancia en A Mariña Lucense como personajes curiosos y de pintoresca estampa. Les llamábamos Carolinas o Catalinas. Eran mujeres campesinas que a finales de agosto, ya rematadas las tareas del campo, venían “a tomar os nove baños por consello de médico”. No vestían bañador, sino unas blancas enaguas o coloridos camisones -y en algún caso un hábito- que una vez mojados se adherían a sus cuerpos regalando a miradas ajenas abundantes carnes y generosas curvas (de ahí –pienso yo- el nombre de “As mantidas”, las bien alimentadas, que recibían en otras partes del país). Las Carolinas, temerosas de la bravura del mar, refrescaban brazos y piernas en las templadas aguas que se depositaban en los cuencos de las rocas o en las remansadas charcas que ahondaban en el arenal cuando bajaba la marea. Las más osadas se acercaban a las lindes de la playa y acuclilladas sobre el agua jugueteaban y chapoteaban en la espuma de las olas que blandas y calmas perecían en el regazo de la orilla. Algunas veces, y bien apuntaladas al saliente de un peñasco, las he visto tender sus cuerpos sobre la superficie salada y abandonarse gozosas al dulce placer de ser tomadas y mecidas por entero en el tierno oleaje marino. Cuando esto sucedía, la brisa del mar inflaba sus amplios ropajes y las Catalinas devenían a mis ojos en cordiales cetáceos orillados en la ribera o en coloristas y risueñas morsas flotantes. Lo que ellas no sabían, y por aquel tiempo yo tampoco, es que tomar los nueve baños tiene su origen en un rito ancestral y pagano -que más tarde se cristianizó-, el de “Las nueve olas”. Este rito atribuía al dios mar y a la diosa luna el poder de fecundar a las mujeres yermas y deshacer los meigallos y hechizos diabólicos como bien dice una canción popular: Levei á miña nuller/ á Lanzada, ás nove olas:/Leveina a desenfeitar/e botar os demos fóra. Llevé a mi mujer/ a La Lanzada, a las nueve olas:/ la llevé a desencantar y echar los demonios fuera. Pero de la personificación del mar como amante y su poder fecundador no sólo hablan dichos y canciones populares, sino también los trovadores medievales gallego-portugueses en las Cantigas de Amigo: Quantas sabedes amar amigo/ treydes comig' a la mar de Vigo:/ E banhar-nos- emos nas ondas! / Cuantas sabéis amar amado,/ venid conmigo al mar de Vigo/ ¡y nos bañaremos en las olas!
Aunque según la creencia, la fecha más adecuada para este baño es el día de San Juan y las aguas más propicias son las de la playa de A Lanzada en Sanxenxo (Pontevedra), todavía están a tiempo de acercarse a nuestras costas y beneficiarse de la prodigiosa magia de las ondas galaicas. Pero no olviden que, para que el ritual haga su efecto, habrán de esperar la llegada de la noche y desnudos a la luz de la luna recibir el impulso de nueve olas. Por cierto, que el beneficio no sólo es para las mujeres, también se extiende a los varones que deseen recuperar o mejorar su virilidad (y no les cuento los milagros que obra este nocturno novenario cuando se hace en pareja y con premeditación y alevosía). En cuanto a los nueve baños, si no disponen de tiempo o la crisis les agobia, hagan lo mismo que aquella Catalina que se ahorró el dinero de nueve días de estancia en la costa pero sin incumplir el consejo de médico: cuatro baños por la mañana y cinco por la tarde.

Mientras se lo piensan -lo del mágico baño nocturno y tal como nos parieron- escuchen este tema de Berrogüeto: Setestrelo


13 comentarios:

Miquel dijo...

Una delicia ¡¡¡¡¡¡

mateosantamarta dijo...

Hola Shandy. Una historia que casi se puede ver y una tradición muy interesante.
Hace mucho tiempo estuve en Sanxenxo y en A Lanzada pero no cumplí ese ritual. Un abrazo.

Shandy dijo...

Miquel!!!!!!
(Tú abres significativas exclamaciones. Yo, de la misma manera, las cierro).

Shandy dijo...

Mateo, hay tantas tradiciones y que difícil es cumplirlas todas. Pero que sepas que los mares de Galicia te aguardan.
Un abrazo.

virgi dijo...

Siempre tan poética, Shandy. Cuando yo era pequeña también recuerdo esos baños de las personas que rara vez iban al mar. Pero tú lo narras tan bien que es una delicia leerte e imaginarlo. Nos regalas hermosas y seductoras imágenes.
Besos besos

gaia07 dijo...

Así asi, escuchando este hermoso Setestrelo que has recomendado, se hace fácil soñar con la maravilla de las nueve olas sobre el cuerpo libre de sujeciones, donde convertirse en una Catalina casi no cuesta nada, sola o acompañada, y que según el caso, los demonios salgan o se queden.

Un saludo encantado.

Tempero dijo...

Me pregunto de dónde iban a sacar las nueve 'follas' de oliva antes de bañarse.
¿Te imaginas que ese romance tuviera revisión y dijesen:

'as nove follas do eucalipto'?

Gracias por darnos estos baños de fertilidad verbal sumamente aconsejables.

Tempero dijo...

Respecto al comentario anterior te lo decía por la poca presencia de olivos en la Lanzada. No creo que haya, salvo los ornamentales, aunque ya sabes, en el escudo de Vigo prima el olivo.

Shandy dijo...

Virgi, gracias dos veces. Ya sabes que esta entrada surgió por un comentario tuyo a una entrada anterior. Aunque el nombre de Catalinas sea "patrimonio" gallego, seguro que en otros lugares también hacían acto de presencia. Yo las recuerdo así, "riseiras", bulliciosas, locuaces, desinhibidas y gozosas con los baños en aquellos días de descanso después de las duras labores del campo. Y cierto que con su presencia alegraban los días de finales de agosto un poco declinantes y melancólicos porque ya sabías que las vacaciones tocaban a su fin.
Aprovechemos!

Shandy dijo...

Gaia, “Setestrelo” es una palabra con duende, con magia, como el dibujo del asteroide al que representa (“El carro” o “Cacerola” de La osa Mayor), y la voz de Guadi Galego lo convierte en un dulce arrullo para “un máxico soño”. ¿Te imaginas escuchar esa voz mientras las olas baten la piel? Todavía quedan noches apacibles ¿Hace un baño a la luz de la luna y con un setestrelo en la bóveda celeste ? Si no lo vemos, lo pintamos… Ah, y para que no nos “desenfeiticen” podemos tomar una más…

Shandy dijo...

Tempero, quítame de ahí los eucaliptos y arriba las oliveiras que ya se están plantando en esta tierra, y no sólo en la zona de Quiroga. Lee esto El oro verde se asoma a Galicia
Buen apunte el tuyo. Te diré que la referencia a las hojas de oliva aparece también en otras canciones y dichos populares:
“Oliveira no sagrado/ ramo verde telo tu,/ traio andado moitas terras/ por amor da túa salú”. O “Sete anos menos un día/ nesta Oliveira hei estar…”
Y claro que surge la pregunta, ¿dónde “as oliveiras”?... Pues está documentado que hubo en Galicia extensas plantaciones de olivares y que fueron arrancadas por orden de los Reyes Católicos. La razón la desconozco. Si alguien tiene información que hable y no calle. Cuenta una leyenda que sólo dejaron un olivo por parroquia para el aceite de las lámparas de iglesia. En cuanto al centenario olivo de Vigo, es hijo de uno que había al lado de una ermita. En Galicia se plantaban con frecuencia en los atrios de las iglesias, que servían también de cementerios, para dar sombra y paz a los muertos. Tenían un doble significado: símbolo de la vida y de la muerte. Los gallegos afirman que la cruz cristiana era de “poliña” de Oliveira por lo que es también un árbol sagrado ( Getsemani, huerto de los olivos). Las hojas de oliva son tan purificadoras como las aguas ( por eso se llevaban al ritual de A Lanzada) y sus ramas ( al igual que las del laurel) se bendicen el día de Ramos para colocarlas en las casas y ahuyentar al rayo y los malos espíritus. Colgadas en el establo preservan a los ganados de toda clase de males.
Ya ves, labrador, olivos y vid, que en el cole yo estudiaba como cultivos "mediterráneos, en esta tierra.
(Gracias por preguntarte. Espero que el enlace funcione. Es la primera vez que lo hago)

El peletero dijo...

Apreciada Shandy, escribes unos textos preciosos y la canción que nos ofreces es una delicia.

Ya sé que el mar no tiene demasiados competidores, Poseidón y Afrodita, los tritones, los tiburones y los caballitos de mar no tienen rival, y mucho más si el mar es el encrespado, impetuoso y rudo Atlántico, creo que el Mediterráneo ya ha agotado sus poderes, que fueron muchos y muy eficaces en otro tiempo que ya nadie recuerda.

¿Valen también los ríos?, ¿alguno que descienda de los Ancares?, ¿o una piscina en la volcánica y catalana Garrotxa?, ¿la bañera de casa?, ¿la ducha?, ¿el bidet?

Agua y compañía, imposible de mejorar.

Saludos.

belencicuta dijo...

No vas a creértelo, pero hace casi catorce años entré en la pequeña ermita de A Lanzada, toqué el manto de la virgen que allí mora en estatua, di la vuelta a la girola casi de cuclillas, cogí la escoba que allí hay y barrí con ella. todo esto sin saber de que estaba cumpliendo un rito ancestral. Era 28 de agosto. El 5 de junio del año siguiente nació mi hijo. Bota contas...