5 de septiembre de 2010

Un Cuarto de Hora en un Minuto y Medio


"Esto del tiempo es complicado, me agarra por todos lados.
¿Cómo se puede pensar un cuarto de hora en un minuto y medio?"

El perseguidor, Julio Cortázar

Entonces, la voz de tu madre te sorprendía en pleno juego pronunciando tu nombre e indicando la hora. Crees recordar –o imaginas- que los mofletes se te inflaban al responderle después de varias llamadas: Ya Boy. No te enfades por la incorrección ortográfica, pronunciabas el verbo con una “B” bilabial -más rotunda y explosiva en su sonido que la labiodental “V”-, como queriendo expresar con mayor énfasis el fastidio que te provocaba el abandono de los juegos y el regreso al espacio real y al tiempo que vivían tus mayores. Fue a los siete años, cuando hiciste la primera comunión, que te regalaron un reloj. Lo lucías y mostrabas con orgullo en la muñeca y durante días te aplicaste en desentrañar la posición de las manecillas del horario y minutero además de complacerte en observar el imparable vals sincopado de los segundos. Sin embargo, una vez satisfecha la curiosidad, el juego de la hora dejó de interesarte, te olvidaste del reloj y lo abandonaste en un cajón, y aquello de saber qué hora es te trajo al pairo, ganándote por los despistes y retrasos numerosas peloteras y algunos castigos. Ahora que ya entiendes que en la inconsciencia infantil no existía el tiempo pensado y que el significado de las horas de sesenta minutos se escapaba a tu comprensión, sabes también que la palabra tiempo se ha ido filtrando y acuñando en tu cerebro, y que su significado se concreta en un implacable y planificado horario de imposiciones voluntarias, obligaciones asumidas e ineludibles responsabilidades. Tampoco ignoras, ahora, que aunque podemos cuantificar el tiempo, no así la esencia de él, y por suerte, por suerte para ti, aún eres capaz de liberarte en ocasiones del tiempo constreñido para traspasar el umbral de una puerta que te lleva al otro lado y convertir un minuto y medio en un cuarto de hora, como decía Jhonny Carter, el viejo y alucinado músico protagonista de El perseguidor de Cortázar. Y yo, porque te conozco, sé que me comprendes vagamente y, como Bruno, te sonríes mientras lees estas líneas...

"Entonces, ¿cómo puede ser que yo haya estado pensando un cuarto de hora, eh, Bruno? ¿Cómo se puede pensar un cuarto de hora en un minuto y medio?[…]
-Bruno~si yo pudiera solamente vivir como en esos momentos, o como cuando estoy tocando y también el tiempo cambia... Te das cuenta de lo que podría pasar en un minuto y medio... Entonces un hombre, no solamente yo sino ésa y tú y todos los muchachos, podrían vivir cientos de años, si encontráramos la manera podríamos vivir mil veces más de lo que estamos viviendo por culpa de los relojes, de esa manía de minutos y de pasado mañana...
Sonrío lo mejor que puedo, comprendiendo vagamente que tiene razón, pero que lo que él sospecha y lo que yo presiento de su sospecha se va a borrar como siempre apenas esté en la calle y me meta en mi vida de todos los días…"
El perseguidor
, Julio Cortázar ( Edit. El zorro rojo, 2009, con ilustraciones de José Muñoz )

Les dejo un vídeo con otro fragmento de El perseguidor en la voz de Cortázar. La música es de Charlie Parker, a quien está dedicado este relato. El escritor argentino se inspiró en el virtuoso saxofonista para crear el personaje de Jhonny Carter.


26 comentarios:

Miquel dijo...

Buen bueno...Cortazar y el Parker...de Cortazar no me quedo con Rayuela, me gustan más los cuentos cortos...los que hablan de los barrios y las gentes...salut

virgi dijo...

No he leído El perseguidor y por lo que dejas aquí es tan atractivo como todo lo que hizo.
Lo primero que cayó en mis manos fue Hª de... y me alucinó. Rayuela lo leí mucho más tarde.

Una oportunidad impresionante la que nos traes, Shandy. Nunca pensé escuchar esas voz tan bonita y que me parece muy sensual. Me siembras el interés, como muchas otras veces.
Un abrazo, un placer leer todo lo que cuelgas.

Inés González dijo...

Magnífica entrada Shandy! el relato me gustó mucho, ese hilo conductor que te une a Cortázar y su concepto del tiempo, rematas con el vídeo, son pequeñas joyas que hoy a traves de la red podemos compartir, escuchar la voz de Cortázar es siempre una delicia. Hay un libro extraordinario que se titula "Julio Cortázar, Omar Prego Gadea La fascinación de las palabras" ambos escritores decidieron escribir este libro "muy loco" a cuatro manos, en este exhautivo diálogo se revela el mundo íntimo de Julio Cortázar. Su infancia, su militancia social y política, el jazz y la literatura. El texto se interrumpe con el fallecimiento del autor, en 1984.
Su fascinanción por el jazz empezó entre los años 1928 y 1929.
" Me interesó el jazz porque en ese momento era la única música que coincidía con la noción de escritura automática, de improvisación total de la escritura. Y entonces, como el surrealismo me había atraído mucho y yo estaba muy metido en la lectura de autores como Bretón, Crevel y Aragon, el jazz me daba a mi el equivalente surrealista en la música, esa música que no necesitaba una partitura."
Las fotos son fantásticas también, las he ampliado y me da la sensación que son linóleos o xilografías, a una sola tinta, esos cortes y las líneas son inconfundibles.
Un fuerte abrazo desde el agradecimiento.

ybris dijo...

Y a veces horas y días en un instante.
Es el misterio del encuentro con el instante inacabable.

Besos.

mateosantamarta dijo...

Yo leí el perseguidor hace mucho, pero creo que es momento de volver a leerlo porque es la segunda vez en poco tiempo que me lo recordáis (hace poco, creo que fue Pedro).
Tu texto es muy sugerente y acompañarlo con la voz y las citas de Córtazar, con su voz envuelta en la música y con ese video un acierto que le da consistencia de esfera.
Un gran abrazo.

Tempero dijo...

Amplitud de lo vivido en el instante.

Un título sugerente que nos lleva a ir, a perseguir esa buena sensación. Los sucesos infelices también nos suelen llevar a esa amplificación temporal. Y es que el tiempo no deja de ser un altavoz del pasado.
Pero mira Lorca cómo lo ata:

En su manuscrito original de las Suites tenía tachado este poema que seguía a la Suite 'Remansos':

Cada canción
es un remanso
del amor.

Cada lucero,
un remanso
del tiempo.
Un nudo
del tiempo.

Y cada suspiro
un remanso
del grito.


Pues is me dan a elegir me quedo con ese lucero y ese nudo del tiempo.

mirada dijo...

¡qué lujazo! eres belleza pura...
Muuuuuuaaaaacks!!!

El peletero dijo...

No expresar nada es fácil, se trata sólo de callar. En cambio, es una labor de mucho mérito cuando se está todo el rato hablando para no llegar a decir algo.

Buena parte de la literatura moderna es un ditirambo de la nada, un raro alambique que destila aire, una extraña apología de la palabra vacía, un vericueto, un falso atajo que trata de esconder un callejón sin salida, un laberinto que hace aguas, pero que llena miles de páginas, una rayuela.

El cielo, la tierra y el infierno juntos, entre medio la música y el jazz de París, que a los franceses, y a algunos americanos, les parece más jazz todavía cuando ven que el tiempo y los minutos se transforman en cuartos de hora, y los cuartos en habitaciones de hotel de Pigalle en los que la fila de hombres que hacían fila, aquel agosto del 67, llegaba hasta la otra esquina.

Ya entonces cada día nevaba, en invierno y en verano, en París y en Buenos Aires, en Kansas City y en New York, a todas horas las calles terminaban harineadas como pesebres a punto de ver nacer al Niño Jesús. No ha dejado de nevar ni un solo instante, pero “The bird” nos sigue cantando como si fuera un mirlo mirón y poco hablador.

“Entre veinte montañas nevadas,
lo único en moverse
era el ojo del mirlo”.

(Primer verso de “Trece maneras de mirar un mirlo” de Wallace Stevens)

Saludos, Shandy.

(Borra el anterior, Shandy, este está mejor. Gracias.)

belencicuta dijo...

Me has "tocado" en uno de mis puntos débiles y no puedo dejar de decirlo.
Cortázar. El Nietzsche de la literatura.
Preguntas por un cuarto de hora en un minuto y medio. Es tan humano. Igual que infinitas sensaciones caben en un solo nombre o toda la vida en una sola palabra.
Prueba con la inversa. Es un imposible.

Shandy dijo...

Miquel, de Rayuela releo algunas páginas, hay que desbrozar. Aún me pierdo con tanta erudición y ciertos temas filosóficos. Me pasa como a La Maga, que no siempre entendía a Oliveira y a sus amigos (y mucho menos entendía yo años atrás, cuando tuve que hacer la lectura obligada). Pero su manera de contar me sigue atrapando, aún hoy sigue siendo transgresora.
Unha aperta pola hora de Canarias!

Shandy dijo...

Virgi, si decides leer El perseguidor mira la edición de El zorro rojo, un poco cara, pero merece la pena por las ilustraciones de José Muñoz. El perseguidor es el embrión de Rayuela, “una rayuelita” en palabras del argentino. Horacio y J. Carter son personajes diferentes, pero ambos persiguen algo, buscan algo, como su propio creador:
“Si alguna cosa de lo que yo he escrito ha podido mostrarle el otro lado de las cosas a mis lectores y a mis amigos te imaginas que es la más grande recompensa que yo puedo tener. Personalmente yo sigo teniendo una sensación de lo que está del otro lado y sigo buscando”. Puedes escucharlo en esta entrevista.

http://www.youtube.com/watch?v=yxOm8O81xhg&feature=fvw

Shandy dijo...

Inés, gracias por dejar la referencia a ese libro que no conocía y por extraer la cita.
“ El jazz me daba a mi el equivalente surrealista en la música, esa música que no necesitaba una partitura." Creo que es la clave para entender la escritura de Rayuela, música sin partitura. Las fotos están tomadas de las ilustraciones del libro - phssss… ¿tendrán suficiente definición? Jaja… Pediré una cámara de verdad a SS. MM.- El ilustrador es el bonaerense José Muñoz, dibujos de carácter fantástico en blanco y negro: “Entinto groseramente y luego perfilo con el blanco. Soy un pintor de blanco sobre los errores negros. Cuando pongo el blanco siento que limpio, que doy luz”.

Shandy dijo...

Ybris,
casi todos hemos tenido experiencias del tipo “ver pasar la vida en un instante”. Pero voy más allá. Si en las horas tristes la percepción del tiempo se ralentiza sin necesidad de mirar un reloj, por qué no “un cuarto de hora en un minuto y medio” en los momentos felices. Aprender a desprenderse de la angustia que produce el tiempo medido y que nos impide apresar hasta el último instante el pájaro de la felicidad. Confieso que a mí me pasa lo que a Bruno, el narrador del relato. Intuyo vagamente que J. Carter tiene razón, aunque se me olvide en cuanto me sumerjo en la vida cotidiana.

Shandy dijo...

Mateo,
invertir un cuadro, darle la vuelta a las cosas, seguir buscando, seguir teniendo una sensación de lo que está del otro lado, descomponer tus rompecabezas, re-leer…
Un abrazo sin medir

Shandy dijo...

Tempero,
si me das a elegir... si me das a elegir... ay -con vocativo de los chunguitos-, me quedo con el lucero de Lorca!
Gracias por los versos.
Remansar, detener o amplificar el tiempo, no sólo el pasado, sino el presente más feliz (mucho más mejor).
Una vez máis, tendo o meu silencio e paro o tempo.

Shandy dijo...

Mirada, me lo estampas - el muaks- cuando nos miremos viéndonos!!

Shandy dijo...

Peletero, gracias por el texto, estimulante y provocador.

Carta sin partitura
Me gusta la inteligente ambigüedad y sugerencia con que te expresas y sería una osadía por mi parte pensar que te refieres a Pilares o Milleniuns. Me gustan P.G. y J. C. porque tocan sin partitura, improvisan, se recrean, se deleitan y se dejan llevar por su pasión. ¿Resultan excesivos?, el virtuosismo también puede aburrir. Tal vez hay que desbrozarlos y dosificarlos. P.G. y J.C. cuentan buenas historias y las cuentan fascinados por la palabra. Me acordé de ellos mañana, leyendo hoy los diarios de Kafka en los que me encuentro textos repetidos con ligeras variaciones, textos fragmentados e inconexos, relatos sin acabar. Hay días en que me aburren –los diarios- y otros que no, depende de lo que busque en la lectura (historia, reflexión, inspiración…) Pienso en El oficio de vivir, en El libro del desasosiego, o en Bolaño, o Vila-Matas... dicen -y me digo- que son para tomárselos con calma y releer. Su lectura, como París, no se acaba nunca, no hay historias redondas ni cerradas. En una rayuela cabe todo, como en la vida, de la tierra al cielo, un cajón de sastre, tiras la piedra, vas de casilla en casilla y traspasas géneros, superpones planos, quiebras estructuras y transgredes normas… ¿Son incompatibles los versos de Uxio Novoneyra (te recordaron a Wallace Stevens )con la rayuela? Depende del momento ¿Qué te apetece ahora a ti? En Valparaíso es primavera…
Te beso con afecto.
P. D.
“Si tienes alguna cosa que decir y no la dices con el exacto y preciso lenguaje con que tiene que ser dicha, pues de alguna manera no la dices, o la dices mal”.
¡Muérdago! ¿Por qué lo habré recordado?
“Esto lo he tocado mañana”…
¡Es lo que tiene tocar sin partitura!
...
Peletero, eran igual de buenos los dos textos. Pero cumplí tu petición.

Shandy dijo...

Belén... una, una sola palabra:
¡Rayuela!
Rubia, a estas horas xa boto fume.

Miradme al menos dijo...

Preciosa reflexión sobre el tiempo. A me has recordado mi infancia y el reloj que me regalaron (que no sé muy bien a quién perteneció pero que al mes andaba en sentido contrario).
El vídeo y la música son una maravilla.
Un abrazo

manolotel dijo...

Creo que el juego con las costuras del tiempo da para imaginaciones y mudanzas siempre agradecidas con ese otro tiempo virtual del cuento y la novela. Los personajes que van y vuelven de una a otra página de su vida como en aquel "tiempo de invierno" que disfruto traduciendo a mi manera y me emociona.

Me gusta la prosa endiablada de J.C. También entre sus poemas encuentra uno esas asociaciones imposibles y armónicas, aunque a mi modo de entender, el conjunto suena algo menos brillante. En todo caso es un autor sorprendente y con un sentido del humor pleno de inteligente ironía.

Y termino por donde debía de haber empezado. Esa manera singular de plasmar lo que no se ve de tu prosa, que en todo se reconoce con la de aquellas plumas en quien te inspiras.

¡Y el Jazz... y C. Parker!

Un beso grande, Shandy.

Shandy dijo...

Belén, siempre me dejas pensando…. “Toda la vida en una sola palabra”:
¡Rosebud!

Shandy dijo...

Miradme, toda una metáfora eso de "andaba en sentido contrario". Un reloj que no cuenta las horas, sino que las descuenta... Pero La nave va! Y es el mismo cuento que O neno suicida o Viaje a la semilla o el Caso de Bejamin Button: de tiempo somos
Gracias por tu vuelta

Shandy dijo...

Manolotell
El tiempo… mira que no le damos vueltas y derramamos tinta...
Gracias por traducir ese tiempo de invierno mientras yo disfruto, también con emoción , de otros tiempos tuyos en “Este vino que he vivido”:
“Iris acaricia el gato
[…]
Iris también ha cerrado
los ojos. Por un instante,
se encuentra con un pasado
que ya creía olvidado
y ahora lo tiene delante.
Nada turba esa pereza
de ir tragándose los días
Un gato, un libro, una pieza
de punto sin acabar.
La misma melancolía…

(Es de mis preferidos).

Seguro que ya conoces el libro de Galeano“Bocas del tiempo”.
Iris me hizo pensar en el final del cuentito Tiempos del tiempo:

"-Mi mujer es linda –dice
Y muestra una foto rotosa y borrosa
- Me esta esperando –dice
Ella tiene veinte años.
Hace medio siglo que ella tiene veinte años,
en algún lugar del mundo".

Un abrazo grande, de un cuarto de hora en minuto y medio.
(Como ese encuentro)

gaia07 dijo...

Te comprendo más como Johnny, en lo que piensa Bruno: ”Ha pasado una mano por el aire, tocándolo por todos lados, dejándolo como marcado por su paso. Sonríe. Tengo la sensación de que está solo, completamente solo. Me siento como hueco a su lado. Si a Johnny se le ocurriera pasar su mano a través de mí me cortaría como manteca, como humo. A lo mejor es por eso que a veces me roza la cara con los dedos, cautelosamente.”

El tiempo curiosamente fluctúa distinto según donde lo andes, por la locura se eterniza, se hace casi inexistente y pierde importancia, por esta realidad donde ”nos toman el pelo” resulta insuficiente y nos hace querer seguirle la corriente, pero nos para el no querer ser unos locos.
Acabaremos todos locos o neuróticos, salvo si encontramos la manera de sorber una gota de su esencia de vez en cuando.

Un abrazo

alicia dijo...

¿Qué puedo decir yo de El perseguidor, de Julio, del otro lado tantas veces presentido y tan brevemente acariciado? Johny en el metro, entre el asombro y el estupor, descubriendo que el tiempo se alarga y se encoge como goma de mascar. Y desde entonces la búsqueda, y la búsqueda solo puede ser burlar la costumbre, rasgar cualquier cortina cotidiana, jugar, jugar, jugar. Te recomiendo "Del sentimiento de no estar del todo" y "Hay que ser realmente idiota para" ambos del libro-collage "la vuelta al día en ochenta mundos". Y también la primera página sin título alguno de "Historia de Cronopios y de Famas". Continúa el juego.

Tomás Rivero dijo...

Joder, Shandy. Pedazo de entrada.
La he leído junto a los comentarios. Un montón, algunos muy buenos.
Yo te dejé la mía, pero esta entrada tuya es un primor, ni punto de comparación con la que yo improvisé.
Tu texto se queda con ganas de reescribir todo el texto de Cortázar. O al menos de continuarlo, de prolongarlo en otra “forma de pensar el tiempo”. Como dice Inés González: “ese hilo conductor que te une a Cortázar y su concepto del tiempo,…”
Y el comentario que te hace “Peletero” es magnífico.

Me ha gustado, mucho tu relato, Shandy. Estupendo.

Me dejas flipando. Palabra. Cortázar siempre es un autor para mentes maduras o maduradas en "aquella" cultura, hermosa, con señorío, de principios del siglo pasado. Cuesta encontrar herederos.

Un beso, Shandy.