30 de diciembre de 2009

La palabra entre la niebla

Faro, Urbano Lugris

Quizás, sólo en el ejercicio de buscar logre explicarme mi camino
J.R. Ripoll, Hoy es niebla

Buscaba otros, pero en el estante de la librería mi dedo índice se detuvo en el lomo de aquel libro y tiró de él. Fue por su título: Hoy es niebla, José Ramón Ripoll (Colección Visor de poesía). Lo calo, leo algunos poemas y me detengo en la breve introducción que el propio autor hace a su poemario. Sólo por este escrito ya merece la pena la compra del libro:
Al traspasar el umbral de la poesía, siempre tengo la sensación de adentrarme en un espacio neblinoso, donde los nombres y los signos me rozan sin mostrarme la verdadera exactitud de sus formas. Poco a poco, me voy acostumbrando a la espesura de esa niebla flotante donde ni yo me reconozco. […]
En un cuento de la tradición oriental, Nasrudin –un sanchoquijotesco personaje- está rastreando el suelo debajo de un farol. Alguien que pasa junto a él, le pregunta:
“¿Qué haces, Nasrudin?”. Estoy buscando la llave de mi casa”, le responde. “Pero estás seguro de que se te cayó aquí?, insiste la voz. “No, la perdí allí dentro –dijo señalando su oscura habitación-, pero aquí hay más luz”.
A veces, la claridad no nos resuelve el problema, ni nos ayuda a despejar la incógnita. Presiento entonces que en aquel territorio donde abunda la bruma, esté la llave de mi nombre.

Cuando acabé de leer el texto, recordé otros muchos que reflexionan sobre la propia escritura y que expresan el deseo de encontrar la palabra precisa que revele esa vital emoción que late y palpita, que nos estalla por dentro. Pero justo, la noche anterior había leído en el cuaderno de Alfredo J. Ramos, La posada del sol de medianoche, un poema que habla de ese “sueño inapresable”. Me permito dejarlo aquí:

Brocal
Al fondo de ese sueño inapresable
que con tanta cordura diseccionas
hay algo que te inquieta,
una brizna de tu ser más profundo
que nunca llegarás a descubrir.
La miras desde lejos
como si contemplaras,
en el fondo del pozo de tu alma,
un cabrilleo fulgente,
una marea apenas perceptible
que no puedes nombrar con otro énfasis
que no sea el del filo de estos cristales rotos,
aunque sepas que así va a deshacerse
como un poco de niebla en la mañana.
Ya la das por perdida
mas la sientes
vecina de tus ojos y tus dedos
mientras mueves
las pesadas poleas del idioma
e intentas que por fin llegue al brocal
del poema
y al borde de tus labios
una palabra viva de agua fresca.

Alfredo J. Ramos, Ángel Capparelli, Armando Carabias, Belencicuta, Bloom, Caminante, Carmen Sabes, Clidice, Celestino Simón, David Valdés, Gilda Manso, Inés Soria , El Kafkiano, El Lagarto, Luis Sevilla, Manolotell, Marcelo Arancibia, Meiga Mego, Miradme al menos, Mirada de agua, Ollos de cores, Pedro Glup, Raindrop, Sandruka, Tempero, Tinta de aterrizaje, Ventana Indiscreta, Virgi, Ybris…
A todos vosotros que os adentráis en el territorio del silencio y que osáis transcribir un complejo y fascinante código de signos, os deseo la justa transparencia, ese espacio brumoso donde se atisban e insinúan las formas, donde reinan las sugerencias y las elipsis. Como Juan Ramón Ripoll, creo que es en el umbral de lo incierto, en el caminar a tientas y en ese ejercicio de incesante búsqueda y compás de espera, donde puede surgir la llama o una ráfaga de luz intensa, aunque fugaz, que permita iluminar la penumbra de nuestros cuartos interiores y el decir de nuestras pasiones y quimeras.

Y me aplico unos versos de Antonio Machado (donde pone “a Dios”, poned “la Palabra”)
Así voy yo, borracho melancólico
guitarrista lunático, poeta,
y pobre hombre en sueños,
siempre buscando a Dios entre la niebla

Que as musas e os fados nos sexan propicios.

Destilade moitas e boas uvas e Feliz Ano!

Vai unha copa por todos vós

20 de diciembre de 2009

Cuento de navidad: Un bosque antiguo

Imagen de Ventana indiscreta

Aquel dormitorio se abría con su llegada, siempre por navidad. Era “El cuarto de Leo”, que permanecía cerrado el resto del año. Durante los días de su estancia en la casa, a mí se me permitía compartir el cuarto con ella. Yo dormía en la cama contigua.
Leo se levantaba muy temprano y sigilosamente abría las contraventanas. La luz fría y gris de diciembre se posaba en mis ojos y yo, con la voz aún empapada en sueño, la llamaba: tía… Sshshss, sigue durmiendo- respondía ella-, hoy no. Pero uno de aquellos días, me despertaban unas suaves palmadas en el hombro: “Vamos, vamos, arriba”. Entonces yo saltaba de la cama con rapidez e iba llamar a mis hermanos.
Arropada en chaqueta de tarazona y con botas de cazador, la tía iba delante con paso diligente. Mis hermanos y yo, tapados hasta las orejas y enfundados en abrigos de basta lana gris, la seguíamos rezagados hiriendo el frío con el aliento de leche caliente y pan frito. Las calles, en aquellas primeras horas, eran un desierto de luz blanca y nuestros pasos estrenaban la mañana arrebujada bajo el manto de la niebla. Sólo el blando pisar de un gato que saltaba de un tejadillo, el mugido perezoso de una vaca o el ladrido de un perro, quebraban el silencio que mecía el despertar del pueblo.
Atropellándonos con nuestras voces y nuestros pasos infantiles, iniciábamos la bajada por un estrecho y empinado camino. “Prudencia”, recomendaba la voz de la tía. Pero nosotros sólo nos deteníamos al llegar a una boca ancha de la que parecían brotar grandes bocados de niebla, el umbral del bosque. Recogido y quieto, el bosque se ofrecía como el reino del invierno. En él habitaba la tristeza y una íntima y secreta melancolía lo envolvía todo.
Caminábamos callados, sobrecogidos por el silencio. Bajo la niebla, trazos de carboncillo y pinceladas de ocres, verdes y pardos se iban perfilando. Y poco a poco se hacían perceptibles las voces del bosque. Un aleteo, un canto tímido, el crujido de una rama o el fluir del agua que anunciaba la proximidad del río. Era allí, junto a la orilla, cuando Leo sacaba del bolsillo de su chaqueta la navaja, y mientras ella hundía el filo en el jugoso terciopelo de los musgos, nosotros nos afanábamos en recoger piedras, hojas y cortezas que darían forma a montañas y tierras de un lejano pueblo.
En el camino de vuelta, Leo recordaba el bosque de su infancia. Con la llegada de la noche se poblaba de sonidos extraños y criaturas no terrenales que vagaban en la oscuridad. Eran las ánimas en pena o los aparecidos de la Santa Compaña que con luces temblorosas iluminaban el camino del más allá. En Nochebuena, contaba Leo, cruzábamos el bosque para ir a la Misa de Gallo, a la iglesia que estaba en la otra aldea. Cuando oíamos el tañido triste de las campanas y el aullido de los lobos hambrientos que bajaban de la montaña, cantábamos para espantar los miedos que nos entraban. Así, en cada recodo del camino, Leo traía a la memoria un bosque antiguo preñado de lunas y nieblas, de miedos y de misterio. Y mis hermanos y yo, en aquella armonía donde el mundo hostil parecía no existir, íbamos soñando y dibujando nuestra navidad.
Un año, perdido en el recuerdo, Leo no volvió. En mis sueños la veo adentrarse en el bosque y la llamo. Y ella prosigue su caminar mientras de sus pasos nacen jirones de niebla que la envuelven, hasta que una boca grande y blanca se la traga. Pero diciembre vuelve cada invierno y yo, en el cuarto de Leo, aguardo las mañanas de niebla para recuperar un bosque antiguo y el sueño de la navidad.

14 de diciembre de 2009

Poetas V / Aquí non hai silencio


Non, aquí non atoparán silencio. Aquí na taberna corre o viño e desátasen as bocas. Só un gato, maino e silandeiro, fica indiferente ao desaforado dicir dos mariñeiros e ao buligar constante do taberneiro. O gato é da casa; ten costume, e xa sabe.

Déixolles un poema ben enfiado de Bernardino Graña (Cangas, Pontevedra, 1932). (Ofrézolles tamén a tradución ao castelán).


O gato da tasca mariñeira

Aquí non hai silencio porque hai homes
falan os homes falan
aquí non pasa o vento esa fantasma
os homes falan falan
e fórmase outro vento outro rebumbio
unha fantasma feita deste fume
este fumar sen tino estas palabras
e pasa un suave gato que é da casa.

Beben viño coñac
berran discuten contan chistes mascan
un pouco de xamón tal vez chourizo
o gato ulisca cheira mira agarda
vai á cociña ven ao mostrador quixera
un anaquiño de boa carne un chisco
de tenrura algún queixo unha migalla.

Aquí non hai vagadas nin roncallos
non se ven os cabezos nin as praias
o taberneiro bole saúda cobra serve fala
cambea mil pesetas chama á muller a berros
e contesta ao teléfono ás chamadas
e os homes berran moito cheos de ira
e rin e danse a man e nada pasa.

O gato calandiño ergue as orellas
ten maino tan suavísimo sen gana
cruza por entre as pernas entre as botas
altas botas de caucho contra as augas co seu rabo
arrequichado e duro e tan en calma
e aquí non hai silencio que hai vinte homes
e están ben lonxe os mares que arrebatan.

Se acaso o gato mira os ollos do home
guicha en suspenso escoita en paz agacha
unha orelliña aguda e indiferente
lambe teimudo e calmo unha das patas
e se acaso durmiña e abre un ollo
e ve que os homes beben fuman discuten moito non se cansan
de ensaladilla callos mexilóns anchoas
e viño e viño e viño tinto e branco en tantas tazas
e esgarran cospen entran saen empuxan brindan cantan
e a radio está acendida e óese música
e o gato pasa indemne comprendendo ten costume son os homes
non se espanta.
Bernardino Graña, de Profecía do mar (1966)

El Gato de la tasca marinera

Aquí non hay silencio porque hay hombres
hablan los hombres hablan
aquí non pasa el viento ese fantasma
los hombres hablan hablan
y se forma otro viento otro rebumbio
un fantasma hecho de este humo
de este fumar sin tino estas palabras
y pasa un suave gato que es de casa.

Beben vino coñac
gritan discuten cuentan chistes mascan
un poco de jamón tal vez chorizo
el gato husmea huele mira espera
va a la cocina viene al mostrador quisiera
un cachito de buena carne una pizca
de ternura algo de queso una migaja.

Aquí no hay marejadas ni oleajes
no se ven los cabezos ni las playas
el tabernero bulle saluda cobra sirve habla
cambia mil pesetas llama a su mujer a gritos
y contesta al teléfono a las llamadas
y los hombres gritan mucho llenos de ira
y ríen y se dan la mano y nada pasa.

el gato callandito yergue las orejas
tan manso tan suavísimo sin ganas
cruza por entre las piernas entre las botas
altas botas de caucho contra el agua con su rabo
arqueado y duro y tan en calma
y aquí non hay silencio porque hay veinte hombres
y están bien lejos los mares que arrebatan.

Si acaso el gato mira los ojos del hombre
acecha en suspenso escucha en paz agacha
una orejita aguda e indiferente
lame tozudo y calmo una de las patas
y si acaso dormita y abre un ojo
y ve que los hombres beben fuman discuten mucho non se cansan
de ensaladilla callos mejillones anchoas
y vino y vino y vino tinto y blanco en tantas tazas
y gargajean escupen entran salen empujan brindan cantan
y la radio está encendida y se oye música
y el gato pasa indemne comprendiendo está acostumbrado son los hombres
no se espanta.
Bernardino Graña, de Profecía do mar (1966)


Pinturas de Mónica Ozámiz Fortis

3 de diciembre de 2009

El silencio



Port, Jacket Yerka

Tenéis que entender qué es el silencio,
cuál es el peso del silencio,
cuál es el poder del silencio.
Marcel Marceau

A metade de mim é o que eu grito
mas a outra metade é silêncio.
Oswaldo Montenegro


El silencio es arma de doble filo, una bestia en la sombra, un disparo en el alma, una zarpa, la cicuta. Una adelfa. Una flor blanca, una pluma, una mano tendida, el terciopelo de una caricia. Un universo trágico o poético. Una nada que está llena de un todo, el mundo de las emociones. Una pregunta, una respuesta, una pausa, una tregua, un paréntesis, unos puntos suspensivos…

El silencio es siempre poderoso y significativo.

Digno, prudente y sabio si sabe callar a tiempo.
Cobarde, necio y terrible cuando lo hace a destiempo.

El silencio siempre habla.
A veces calla porque sabe,
otras, porque no sabe,
o no tiene qué decir,
o no sabe cómo decir.

Bajo el silencio, se ocultan muchos miedos.

El silencio, metáfora ancha, amplio abanico con casi tantos calificativos como en el lenguaje existen. Tierno y cálido en la mirada de una madre y en el sueño de un niño, vital, abstraído y reflexivo para el creador, sorprendente y maravilloso en el gesto de un mimo, melancólico, distraído o ensimismado en los ojos del poeta, introspectivo y revelador para el asceta y el místico.

Doloroso el de la ausencia y el de la casa vacía, asfixiante el de la casa sin ventanas, punzante y afilado el del desamor, frío y desasistido el del vagabundo, el del anciano y el del enfermo en soledad impuesta. Desconcertante y sumiso el de unos ojos tras un chador, interrogante e intenso el de la mirada del hambre, conmovedor el de la pobreza.

El silencio no tiene límites.

Sobrecogedor el de un campo tras la batalla, el de los muertos y el de la misma muerte, cruel e impune el del torturador y el del asesino inconfeso, impasible y arbitrario el de la justicia injusta, inmutable y despótico el de la dura lex que no admite réplica. Obsceno y violento el del dictado de las dictaduras, el del dinero corrupto y el de los escaparates de lujo, solemne, pomposo y grandilocuente el del bajo palio, el de las grandes ceremonias, el de los vastos uniformes.

El silencio hace visible lo invisible.

Secreto y acogedor el de la tierra, el de la casa en la tarde, el de la luz en otoño, el del papel en blanco, el del papel escrito. Delicado el de la caída de las hojas, sutil el del agua y el de las sombras, mágico el del perfil de una nube, místico el de la montaña que toca el cielo, inaprensible el de la línea del horizonte, inquietante el de un paisaje de lava o el de un volcán extinguido. Sugestivo o turbador, laberíntico y candente, el del amor.

Silencio, bocas sin abrirse, refugio o exilio interior, amplio universo, lenguaje mudo que nos cava, que nos socava y que nos quema por dentro. Silencio: muerte y vida. Silencio, se rueda. Silencio se ruega. Silencio…


Un disco de silencio. A pesar de ser “Lo mejor de Marcel Marceau”, no es de él. Curioso el vinilo y su historia. Pinchen aquí si quieren conocerla



26 de noviembre de 2009

Las bendiciones de aumento

El Cerrojo, Jean-Honoré Fragonard


"¡Ay, no, madre! ¡Desteche, mas no corte!"
F. M. Samaniego

En el nº 0 de la Revista Ves Arte, descubro que el alavés Félix Mª Samaniego,
reconocido fabulista y moralista, fue también un ingenioso escritor de cuentos
erótico-burlescos. Escritos a finales del XVIII, son una muestra de la literatura galante y erótica que se cultiva en la época a la luz del pensamiento ilustrado. Samaniego toma como referente la tradición española (Libro de buen amor), la literatura italiana (Bocaccio) y la francesa (Jean de la Fontaine). Los cuentos están recogidos en el volumen titulado El jardín de Venus, y algunos de ellos son libres adaptaciones de Contes y nouvelles en verse de Jean de la Fontaine (Las lavativas/Le remede o El Reconocimiento/Las lunettes). El acierto y la aportación de Samaniego es la introducción de elementos que toma del lenguaje popular y de la observación de la realidad. Con un léxico castizo e ingenioso, recrea situaciones picantes que, más que el erotismo y la sensualidad, persiguen la comicidad y la risa. Les dejo un par de textos que muestran la picardía y el sentido del humor del alavés, un soneto donde "el ciruelo" es el indiscutible protagonista y Las bendiciones de aumento que parecen confirmar aquello de que "el tamaño sí importa".


Soneto de Manuel

Ardiente una muchacha el otro día,
en tanto que su madre en misa estaba,
llena de miedo y turbación dudaba
si a su amante se lo daría.

Temiendo si preñada quedaría,
entre darlo y no darlo vacilaba,
y el valiente mozuelo la animaba
diciendo que al venirlo sacaría.

Fueron tan poderosos los ataques,
que consiguió, por fin, verla en el suelo,
y dijo al derramar de los zulaques:

-"Qué suave es la sustancia del ciruelo;
por tu vida, Manuel, no me la saques,
y más que llegue la barriga al cielo".


Las bendiciones de aumento
Reñía una casada a su marido
porque no estaba bien favorecido
de la naturaleza,
y a gritos le decía:
-Fue grande picardía
que con tan chica pieza
pretendieras casarte y engañarme,
puesto que no puedes contentarme.
Marcha, marcha de casa,
pues tu fortuna escasa
te dio para marido
sólo el nombre
y eres en lo demás un pobre hombre.
En efecto saliose despechado
este infeliz al campo, contristado,
y a muy poco que anduvo
el buen encuentro tuvo
de un mágico que al sol leyendo estaba
y en un libro las furias invocaba.
Luego que vio al marido,
el mágico le dice: -Tú has venido,
amigo, a este paraje a lamentarte,
mas yo te espero para consolarte.
Por mi ciencia sé bien lo que te pasa,
pero en breve a tu casa
te volverás contento.
Toma; ponte al momento
en la derecha mano
este anillo que tiene virtud rara,
pues todo miembro humano
que bendigas con él crece una vara
a cada bendición rápidamente,
pero puesto en la izquierda, prontamente,
mengua lo que ha crecido
por la mano derecha bendecido.
Al punto el hombre, lleno de impaciencia,
quiso hacer del anillo la experiencia:
lo pone en su mano derecha, se bendice
su caudal infelice,
se le va aumentando de tal manera
que, si el mágico a un lado no se hiciera,
con el diese en el suelo,
tan rápido estirón dio aquel ciruelo.
Alegre, a su mujer volvió el marido
y le dice:-Ya vengo prevenido
para satisfacer tu ardiente llama;
vén conmigo a la cama
pero encima de mí has de colocarte
para poder mejor regodearte.
Sobre él luego se pone
la mujer, y al ataque se dispone;
y viéndola el marido bien montada,
echó la bendición premeditada...
y otra... y otras corriendo, de tal suerte
que alzándola en el aire el miembro fuerte,
la moza en él elevada parecía
un esclavo que empalan en Turquía.
Viéndose contra el techo así ensartada,
pide al cielo favor. Entra asustada
la madre, y viendo un cuadro terrible
da un alarido horrible,
diciendo:- ¡Santa Bárbara bendita,
qué visión tan maldita!
¡Venga un hacha que esté bien afilada
para cortar un nabo de este porte!
Mas la mujer repuso atragantada:
-¡Ay, no, madre! ¡Desteche, mas no corte!
***
El jardín de Venus, Félix Mª Samaniego, ed. de Emilio Palacios (Biblioteca Nueva, Madrid 2004)

20 de noviembre de 2009

Editorial Pez de Plata



Logo de la Editorial Pez de Plata

-Mira la imagen.
-¿Y ese bicho?
-Paciencia, rapaz, que es lo que ellos reclaman.
-¿Quién? ¿Quiénes son ellos?
-Pez de Plata, una nueva editorial.
Y como sé que tú tienes unos cuantos folios en un cajón esperando a que se oxigenen, pues te cuento.
-Shandy, abrevia, que tienes mas hilatura que la mítica Fabra i Coast.
-Venga, calla y lee. Aunque si quieres ahorrarte la Presentación, deslizas el roedor y te vas al Nudo, que es donde está el meollo. Yo ni me entero. En la red, sorda y ciega con los que posan su ojo en mi dedo.

Presentación
Tú conoces a Obelix, verdad, pues para que te hagas una idea ese bicho zampa como el galo, pero en vez de jabalíes le da por roer letra impresa. Así que ándate con ojo y vigila tu biblioteca y tus propios escritos: "Los ciéntificos le llaman Lespisma Saccharina, pero él responde al nombre de pescadito de plata [...] Se dedica a devorar libros... novelas, poemas, enciclopedias. Se pasa la vida en la oscuridad de las bibliotecas. De lo demás ni se entera. La luz del día lo mata. Sería erudito si no fuera insecto". (Eduardo Galeano, Bocas del Tiempo)

Nudo

Tengo por cierto que la glotonería del Lepisma es conocida por los que escogieron el nombre del "Pescadito" para una nueva editorial. Y no es menos verdad que ellos quieren saciar el hambre de humanos lectores que devoran letra impresa sin reparar si lo hacen a la luz del día o a la de un candil. Les dejo el enlace con su página www.pezdeplata.com , encontrarán información para contactar con ellos y hacerles llegar sus originales. Abren con tres colecciones: apuestan por recuperar descatalogados, arriesgan con autores noveles y un tercer apartado donde los géneros se diluyen y lo que importa es la forma de decir y sorprender. De próxima publicación en Pez de Plata es la novela de Marco Lúbrico, seudónimo de un granadino que apuesta por seducir con una prosa viva y transgresora. Las hembras del cimarrón, una sucesión de eróticas y picarescas narraciones, es para lectores sin prejuicios que saben que "No hay libros morales, ni inmorales. Los libros están bien escritos o no lo están" (Oscard Wilde). Les dejo unas citas extraídas de diferentes capítulos de la novela que presentará en su página la Editorial Pez de Plata:

Para la armonía de la pareja hay que alienarse un poco. Durante años fuimos felices, con esa felicidad que nace de la ignorancia de las cosas.

Yo no quiero un amor civilizado.

Juana adivina mi desconcierto, sabe que se ha roto un cristal, que las palabras están vacías y que nuestro cariño es rutina.


El amor es locura o no es nada.

Herido y desengañado del amor decido ver mundo. La melancolía no tiene cura, pero se alivia con un largo viaje.


No admite códigos el placer y nos lo bebemos como licor fuerte.

13 de noviembre de 2009

Brincadeiras



Milton guedes (Rio de Janeiro, 1963)

"La música comienza donde acaba el lenguaje"
E.T. A Hoffman

Armónica





Saxo





Quatro Fatos y Milton Guedes




Sonho de uma noite de verao
Eu olhava ela ela olhava eu
Olhava pro lado de lá
Mira! Mira! Mira!

Aquele "olho no olho"
mirando os olhos da garota
que dançava sereia nua nua
Os pés descalços na areia
Gingado mirabolante
Dançando feito sereia
Aquele reggae alucinante
Mira! Mira! Mira!

Sonho de uma noite de verao
Mira! Mira!
Sonho de uma noite
de verao

É o ouro é o bicho
Uma onda de calor, e dez
Afrodite, deusa do amor
Seu swing alí na areia
Sereia de tentaçao
Eu olhava a ela
e ela disse nao...

Sonho de uma noite de verao
Mira! Mira!
Sonho de uma noite
de verao

Se voçe me procurar
Eu te levo na festa
Tá, Tá, Tá , Tá
Se voçe non me quiser
Eu arrumo quem me queira

É o ouro é o bicho
Uma onda de calor, e dez
Afrodite, deusa do amor
Seu swing alí na areia
Sereia de tentaçao
Eu olhava a ela
e ela disse nao

Sonho de uma noite de verao
Mira! Mira!
Sonho de uma noite
de verao...

6 de noviembre de 2009

Poetas IV/ Fragmentos de luz



Captatio benevolentiae


Apreciado lector, tú que sabes de la paciencia, haz uso de ella para leer el texto que sigue y no te rindas hasta el final: obtendrás lo que mereces. Poesía de lo antipoético, grito del yo (y del nosotros) y surrealista confesión de las miserias y bondades humanas. Extrañamiento ante un "mundo insolvente", denuncia de la opresión y del fascismo ,"Porque soy hombre", y homenaje a los derrotados y a los que luchan y no se silencian. Canto al libre encuentro y al sexo , y a la comunión luminosa del amor con la persona amada: "¿Será tu lengua mi libertad?, ¿Será tu silencio mi país? Poema calidoscópico, acumulativo en las copulativas, que se queda sin aliento en la comunión íntima, que superpone y yuxtapone imágenes cubistas enlazadas a ritmo de latigazo y sucesivos encabalgamientos.
El Autorretrato poético de Alfonso Pexegueiro, este "Humano - valiente hijo de la puta- escriptor", es una descarga lingüística, un bulón (perno) que taladra y desoxida la semántica del lenguaje, una pirueta que desasosiega el pensamiento y una patada en el tafanario (palabra que descubrí por este texto) de algunos, -incluidos ciertos poetas- . Pasen, bajen poco a poco las escaleras, deténganse si necesario fuese en algún rellano. Pero lean y disfruten porque "En este mundo de insolvencia /hay fragmentos de luz en los árboles de la noche "



AUTORRETRATO

Son bandido - indesexable - tolo-
incipiente candil de tebras-
escuro chirrar de vento


desherdado - cabrón - húmida
choia que se arrastra -


Son o valente fillo da puta -
fillo dunha nai
con ovarios nos peitos
que me salvou da morte -

Son o que empezoña as pedras
para que canten -

e o que lle dá de beber ó soño
para que baile -

Son o bulón frotante,
engraxador das tascas -


o que lambe triste as estrelas


Son o ladrón do sol -



Son o outeiro despelexado -
o barco carregado de marihuana -
a lei do borracho -

o homosexual que adora
o rimel mouro nas pestañas -
e o cu rosado da prostituta -

Son o cabeza parida do averno
fillo ilexítimo do demo -
e bautizado con mexo de cabra -

Son eu ó que o ve-lo pedrisco
estoupa en alabanzas
e ó lostrego chámalle irmán
e á chuvia esposa -

Son o que son - cortado o pelo -
medrada a barba -
e ladillas nos rulos do amor -


alumeado de cínifes -meto as mans
nos sobacos -e
arrinco morangos de chocolate
que lambo chupando os dedos -

Coido os versos -para que non
os pise o Porco -
e amo á viúva xove -

á casada puritana - ó Celestino -

puto pai
dun carneiro extraviado, mouro pai de mouros,
ámoo -

a ti despréciote -


e son todo mans cando amo
a unha muller -

e todo beizos cando pluma
a deletreo - lingua- e tacto -
tacto e lingua -

e todo liña
cando ela se deita - esquecémo-la
terra -

todo ollos cando espido o lume/cae
o cabelo
e aceptámo -la sombra iluminada -
quéimanos o pracer -


son todo todo cando xa non somos dous

e...

e...

e...


Eu que son unha besta cando
empreño a uhna mula -
SON HUMANO - U-M-A-N-O
(H- H - H- H- H- H)

ESE SON EU que bebo en cuncas
de pedra - e
mastigo noites de centeo
mentres penso nunha rúa de follas de tabaco onde face-lo amor -

GLU- GLU

tunante -malparido -sinvergonza -
fillo ríspido de rata (natural)
que odia o fascismo por ser home -

e ama as flores con corazón
de gusano -

así -pegado o que é meu e san
á fiestra -CAHGO- hago caca-


acendo a luz -e leo a HIKMET*-
e non durmo ata que me escocen
as espullas do silencio
que levo dende cativo nas tempas -


ENTÓN QUE NON ME ESPERTEN


ah, son escriptor -hip -
para
morrer más pegado á letra que firmou
por min
neste mundo de insolvencia -

(hai fragmentos de luz nas árbores da noite)

(fundidos homes puxeron o seu fundido peito no orballo; si; pelexaron para derrota-la onda devastadora das clases; morreron; substitúenos outros nos cárceres; outros homes que saben que vivir non é calar; nin unha broma; nin un anceio antolladizo; outros homes que se ergueron deica o más alto do guindastre e berraron con tódalas suas forzas pedindo unión e carraxe; outros homes que foron defraudados por outros homes; porque ó tafenario gústalle estar sentado e nunca levantarse; si)

[...]
¿Será o teu corpo noite ou espasmo sobre o meu corpo?

¿Serán os teus seios esa claridade que busco?

¿Será a túa lingua a miña liberdade?

¿Será o teu silencio o meu país?


*Nazim Hikmet Ram (Salónica, Imperio Otomano, 1901-Moscú, 1963), fue un poeta y dramaturgo turco, considerado en Occidente como el poeta más importante en lengua turca del siglo XX (de Wipedia).


AUTORRETRATO
Soy bandido- indeseable -loco-
incipiente candil de tinieblas-
oscuro chirriar de viento-


desheredado-cabrón-húmeda
corneja que se arrastra-

Soy el valiente hijo de la puta-
hijo de una madre
con ovarios en los pechos
que me salvó de la muerte-


Soy el que emponzoña
las piedras para que canten-

el que le da de beber al sueño
para que baile-


Soy el bulón flotante,
engrasador de tascas-


el que lame triste las estrellas

Soy el ladrón del sol-

Soy el cerro despellejado-
el barco cargado de marihuana-
la ley del borracho-

el homosexual que adora
el rimel negro en las pestañas-
el culo rosado de la prostituta-


Soy el cabeza parida del averno-
hijo ilegítimo del diablo-
y bautizado con meado de cabra-

Soy yo el que al ver el granizo
estalla en alabanzas-
y al rayo le llama hermano
y a la lluvia esposa-


Soy el que soy- cortado el pelo-
crecida la barba-
y ladillas entre los rulos del amor-

alumbrado de cínifes- meto las manos
en los sobacos- y
arranco fresas de chocolate
que lamo chupando los dedos-

Cuido los versos -para que no
los pise el Puerco-
y amo a la viuda joven-

a la casada puritana- al Celestino-
puto padre
de un carnero extraviado, moro, padre de moros,
lo amo-

a ti te desprecio-


y soy todo manos cuando amo
a una mujer-


y todo labios cuando pluma
la deletreo-lengua- y tacto-
tacto y lengua-
y todo línea
cuando ella se acuesta - olvidamos la
tierra-

todo ojos cuando desnudo el fuego/cae
el pelo
y aceptamos la sombra iluminada-
nos quema el placer


soy todo todo cuando ya no somos dos

y...

y...

y...

Yo que soy una bestia cuando
empreño a una mula-
SOY HUMANO- U- M-A- N- O
(H-H-H-H-H-H)

ESE SOY YO que bebo en tazas
de piedra- y mastico noches de centeno
mientras pienso en una calle de hojas de tabaco en donde hacer el amor-

GLU- GLU

tunante-malparido sinvergüenza-
hijo áspero de una rata (natural)
que odia el fascismo por ser hombre-

y ama las flores con corazón
de gusano-

así -pegado lo que es mío y sano
a la ventana- CAGHO- hago caca-

enciendo la luz- y leo a HIKMET*-
y no duermo hasta que me escuecen
las verrugas del silencio
que llevo desde niño en las sienes-

ENTONCES QUE NO ME DESPIERTEN

ah, soy escriptor-hip-
para
morir más pegado a la letra que firmó
por mí
en este mundo de insolvencia-
(hai fragmentos de luz en los árboles de la noche)

(hundidos hombres pusieron su hundido pecho en la escarcha; sí, pelearon para derrotar la onda devastadora de las clases; murieron, los substituyen otros en las cárceles; otros hombres que saben que vivir no es callar; ni una broma; ni un deseo antojadizo;otros hombres que se levantaron hasta lo más alto de una grúa y gritaron con todas sus fuerzas pidiendo unión y rabia; otros hombres que fueron defraudados por otros hombres; porque al tafanario le gusta estar sentado y nunca levantarse; sí;)
[...]

¿Será tu cuerpo noche o espasmo sobre mi cuerpo?

¿Serán tus senos esa claridad que busco?

¿Será tu lengua mi libertad?

¿Será tu silencio mi país?


Blasfemias de silencio, Alfonso Pexegueiro. Edicións Xerais de Galicia, Vigo 2000.

1 de noviembre de 2009

Poetas III - Seraogna

Muller, Luis Seoane

"Extraio bloques lingüísticos do caos, da escuridade, da nada, do inconsciente máis absoluto… Teño a sensación de estar nun corpo de significados que apenas sei traducir."
Alfonso Pexegueiro

Seraogna
Fue en una de esas gratas conversaciones que manteníamos hasta altas horas de la madrugada: ¿Conoces Seraogna?, me preguntó. Tenía la palabra un no se qué de mundo mítico, de tierra lejana, de país exótico y legendario: Se-ra-og-na, nombre propio que da título a un universo poético que se mide entre el compromiso social y la necesidad de subversión del lenguaje. Porque Seraogna es la geografía subvertida que remite al topónimo Angoares, la aldea en la que nació el poeta Alfonso Pexegueiro (Pontevedra, 1948). En la deconstrucción de ese nombre ya se anuncia un afán renovador, de juego con la palabra y de estética nueva aunque sin perder el cordón umbilical: “ El hombre tiene que saber volver al futuro de su pasado”. El poemario, que aparece en 1976, inicia una ruptura con la estética del social realismo que prevaleció en la poesía gallega durante los últimos años de la dictadura franquista.
De él, les dejo un poema: A Muller de Seraogna. Retrato lírico, sensual y naturalista que desborda un intenso erotismo y en el que se establece una analogía entre la Mujer y la Tierra. La mujer de Seraogna es símbolo y metáfora, una mujer-tierra ancestral que se pierde en el tiempo, en el río de la vida de un pasado-presente. Mujer de Xiz/tiza, que se traza y se describe unida al duro trabajo campesino, pero también al poderoso eros que desprende lo telúrico, la fuerza primigenia del paisaje y del campo gallego. En la mirada del poeta la mujer se entraña, se funde con la tierra, sexo y semilla, y se entrega a aquella con la misma fuerza que al amor, desnuda, abiertos sus brazos, sus carnes y su sexo. Por eso tiene la fragancia y la humedad de las hierbas, anis y limón, y sabe a jugosas frutas y a dulce de leche sus labios, aunque hayan sido abrasados por el sol. El poema es un doble latido, un homenaje a la mujer labriega y a la tierra. Pero también una acusación, porque ambas dan vida y sufren en silencio la ignominia de aquellos que las ignoran, que las hieren, que las explotan. Esa denuncia queda recogida por el poeta en una sola palabra, un grito de rabia: ¡Cobardes!

Déjense llevar, piérdanse en la geografía de la Mujer-Tierra, aspiren los aromas y prueben un bocadito de Seraogna.

Habrá más versos del poeta.

A Muller de Seraogna
Renxe o mastro da noite, no tempo,
e na ribeira do silencio dorme afanosa
a muller de Seraogna. Espiga de luz,
a muller de xiz, introdúcese núa
na terra que traballa, abertos os seus seios e o seu sexo.
Cheira a silva e confúndese co gran
a muller de Seraogna. Saben a vaca os seus dedos
e a leite os seus beizos que o sol mata no centro da eira.
Sabe a tempo, a vida, a río e a soño
a muller que non sabe de contas,
que se perde na praza regateando dúas pesetas e o peso.
Sabe a sol, a uva, a resina recenden
os seus peitos cando anceiosa e cansa me ofrece o seu corpo.
Salvaxe, hierática, muller de herbaluísa,
de fiuncho e de fresa. Que ben me sabes
cando te bico confundido coa túa carne, no chan, no leito.
Humedécente os sabios e os reis ó mollaren
na súa saliva a túa esperanza -¡covardes!-
E só o home que te bebe coñece a túa tristura.
Só el sabe a color das túas pernas
e o cheiro a terra que delas se desprende, muller
de saudade
que con zocas e sen lúa pretendes cruza-la noite.
(De Seraogna)

Cruje el mástil de la noche, en el tiempo,
y en la orilla del silencio duerme afanosa
la mujer de Seraogna. Espiga de luz,
la mujer de tiza, se introduce desnuda
en la tierra que trabaja, abiertos sus senos y su sexo.
Huele a zarza y se confunde con el grano
la mujer de Seraogna. Saben a vaca sus dedos
y a leche sus labios que el sol mata en el centro de la era.
Sabe a tiempo, a vida, a río y a sueño
la mujer que no sabe de cuentas,
que se pierde en la plaza regateando dos pesetas y el peso.
Sabe a sol, a uva, a resina huelen
sus pechos cuando anhelante y cansada me ofrece su cuerpo.
Salvaje, hierática, mujer de hierba luisa,
de hinojo y de fresa. Qué bien me sabes
cuando te beso confundido con tu carne, en el suelo, en el lecho.
Te humedecen los sabios y los reyes al mojar
en su saliva tu esperanza -¡cobardes!-
Y sólo el hombre que te bebe conoce tu tristeza.
Sólo él sabe del color de tus piernas
y el olor a tierra que de ellas se desprende, mujer
de saudade*
que con zuecas y sin luna pretendes cruzar la noche.

*Saudade: añoranza. Memoria nostálgica por alguna persona o cosa distante o extinta, acompañada del deseo de volver a verlas o poseerlas.



Mulleres, Luis Seoane

22 de octubre de 2009

Poetas II

Nenos e carreta, Laxeiro

Mirada en su conjunto, la obra de Xulio López Valcárcel (Vid. entrada anterior), es una melancólica reflexión sobre la soledad, la ausencia y las numerosas perdidas a las que nos aboca el paso del tiempo: "Tal parecera que imos colleitando vivencias para despois perdelas /Tal parece que vamos cosechando vivencias para después perderlas". Muestra de ello, son los tres primeros poemas que recojo de Solaina de ausencia (1987). Los dos últimos, pertenecen a O sol entre os dedos(1993), en palabras del propio poeta “una reflexión sobre la paternidad”. Versos en los que aflora la ternura y la ilusión, pero no exentos de melancolía. La presencia del hijo, en los mismos espacios de infancia del poeta, es un aliento de vida, pero al mismo tiempo le regresa a un pasado que provoca una reflexión sobre el dolor de vivir, sobre la imposibilidad de recuperar las cosas que amamos y el vacío que dejan en nosotros los seres queridos que ya no son.

Imposibel o retorno
Nunha música vouga
onde se perden os perfis
que sucumben á voraxe
apenas un xesto, unha sonrisa,
unha imaxe imprecisa,
pero amada,
implacabel o tempo deixa.
De Solaina de ausencia

Imposible el retorno
En una música vacía
donde se pierden los perfiles
que sucumben a la vorágine
apenas un gesto, una sonrisa,
una imagen imprecisa,
pero amada,
implacable el tiempo deja.

***
Chega, calada,
na sedosa melodía do silencio
a túa fragancia
e es a miña compañeira de butaca,
a adolescente que me cruza,
a nena que xoga
no meio dunha praza solitaria.

Por veces surpréndesme
nalgún recanto escuro da memoria.

Alí me agardas e fálasme
como através dun cristal,
da fúnebre poesía daquel inverno,
dos días compartidos,
dos xardíns que soñamos
como illas que xa nunca serán certas.
De Solaina de ausencia

Llega, callada,
en la sedosa melodía del silencio
tu fragancia
y eres mi compañera de butaca,
la adolescente que me cruza,
la niña que juega
en medio de una plaza solitaria.

A veces me sorprendes
en algún rincón oscuro de la memoria.

Allí me esperas
y me hablas como a través de un cristal,
de la fúnebre poesía de un invierno,
de los días compartidos,
de los jardines que soñamos
como islas que ya nunca serán ciertas.
***
Arrincónanos o tempo.
Fainos cinza morta,
sombra de outrora.
O tempo devora a leve
elegancia dos veleiros
e murcha celeste belleza
namorada,
Golpéanos os corpos,
arrástranos nun vendaval
de cegas forzas;
chove a súa decepción
sobre as plantas e os astros,
transforma os versos en papeis rotos.
O Tempo, O Tempo convirte
ao neno en home,
e ao home en sombra.
Apaga a luz nos ollos.
Alónxanos de nós
e desbasta a memoria
dos camiños e dos corpos.
De Solaina de ausencia

Nos arrincona el tiempo.
Nos vuelve ceniza muerta,
sombras de otras horas.

El tiempo que devora la leve
elegancia de los veleros
y marchita celeste belleza
enamorada,
nos golpea los cuerpos,
nos arrastra en un vendaval
de ciegas fuerzas;
llueve su decepción
sobre las plantas y los astros,
transforma los versos
en papeles rotos.

El Tiempo. El Tiempo convierte
al niño en hombre,
y al hombre en sombra.
Apaga la luz de los ojos.
Nos aleja de nosotros
y desbasta la memoria
de los caminos y de los cuerpos.
***
Meu neniño, cando chegues
que o arco da vella estenda
o seu grande abrazo de cores
e te anuncie.

Que enmudeza o vento e sexa
a penas lene airexiña de cóxegas
xogando no teu pelo.

Os bosques profundos dos que xorden
as pegadas dos teus pasos sen eco
fagan máis pura e solemne
a gravidade do silencio.

Que cante o merlo nos pomares
da mesma horta
que me regalou a infancia.

A ferida translúcida do día
a súa redonda e plena copa
de fragancia ofreza.

Que o murmurio das fontes
se adelgace
como cristal de íntima ocarina,

e que a sinfonía da chuvia calada
caendo sobre a herba,
como a distante cantiga
que a avoa campesiña me cantaba
o máis doce arrola sexa,

berce de amor para o teu sono.
De O Sol entre os dedos

Niño mío, cuando llegues
que el arco iris extienda
su gran abrazo de colores
y te anuncie.

Que enmudezca el viento y sea
apenas leve brisa de cosquillas
jugando en tu pelo.

Los bosques profundos de los que surgen
las huellas de tus pasos sin eco
hagan más pura y solemne
la gravedad del silencio.

Que cante el mirlo en los pomares
de la misma huerta que me regaló la infancia.

La herida translúcida del día
su redonda y plena copa
de fragancia ofrezca.

Que el murmullo de las fuentes
se adelgace
como cristal de íntima ocarina,

y que la sinfonía de la lluvia callada
cayendo sobre la hierba como la distante canción
que la abuela campesina me cantaba
el más dulce arrullo sea,

cuna de amor para tu sueño.
***

Regreso
Golpeante sombra,
remotas
as mesma luces familiares,
os ecos esmorecidos
dos ausentes.

Dormes
no mesmo leito que eu nacín.

Seguen
os vellos libros,
os antigos mobles
que acolleron
aquela intimidade
de veludo lento.

Pesa a memoria
dos seu nomes…
Esfórzase en seguir
quen permanece.

A mesma penunbra,
as apagadas voces
que se dispersaron
no tempo.

Igual que daquela
a vaga luz no fondal
dun misterio,
os obxectos quedos
nun silencio
que vai máis aló do silencio.

Acaso os mesmos soños
devastados.

Todo distante
e perdido,
sen cores os recordos.

Mais ti dormes,
a cadencia en paz
do teu respirar
enche de vida
a desolación destas estancias…

Se aínda estamos vivos,
ao menos, máis apacible, o perdido.
De O sol entre os dedos

Regreso
Golpeante sombra,
remotas
las mismas luces familiares,
los ecos apagados
de los ausentes.

Duermes
en el mismo lecho que yo nací.

Siguen
los viejos libros,
los antiguos muebles
que acogieron
aquella intimidad
de terciopelo lento.

Pesa la memoria
de sus nombres…
Se esfuerza en seguir
quien permanece.

La misma penumbra,
las apagadas voces
que se dispersaron
en el tiempo.

Igual que entonces
la vaga luz en el pozo
de un misterio,
los objetos quietos
en un silencio
que va más allá del silencio.

Acaso los mismos sueños
devastados.

Todo distante
y perdido,
sin colores los recuerdos.

Pero tú duermes,
la cadencia en paz
de tu respirar
llena de vida
la desolación de estas estancias…

Si todavía estamos vivos,
al menos, más apacible, lo perdido.
***
Les dejo con Espido y un dulce "Arrorró"


17 de octubre de 2009

Poetas I

Os Noivos, Carlos Maside


-Mirad bien este vaso.
Si os vais a dar una vuelta, cuando volváis, el vaso ya no será el mismo.
-¿...?
-Tendrá polvo.
La conversación se mantenía en la mesa de al lado. Yo estaba entretenida jugando en una de esas antiguas máquinas de flipper (o pinball), pero recuerdo bien que giré la cabeza y se me coló la bola. Fue por extrañeza - de las palabras-, por lo sorprendentes que resonaron en los oídos de la Shandy adolescente que era yo por aquel entonces ( que ya llovió). Y es que no entendía qué carajos estaba diciendo el hombre aquel.
Supé después que era "Poeta".
Ah, Poeta...
Entonces tiene licencia para matar . No lo pensé entonces, lo pienso ahora que entiendo algo de licencias que quiebran el lenguaje y asesinan gustosamente el tiempo. Bueno, permítanme la metáfora.
El caso es que años más tarde empecé a leer poemas de Xulio López Valcárcel (Lugo, 1953), y me gustaron.
Hoy les dejo sólo un poema de él. Uno de mis preferidos, porque es un canto a la vida y comparto el gusto por las cosas que el poeta considera como regalos.
En próximas entradas les dejaré alguno más. No sólo de este lugués, sino también de otros poetas gallegos, voces poco conocidas, a las que merece la pena escuchar desde el silencio de su palabra. Les ofrezco el poema en lengua gallega y mi traducción.

Poema dos dons
Gracias quero dar
pola noite e a chuvia
que nos devolven a memoria da nai.
Gracias pola muller que dá forma a beleza,
polo sexo que une
nunha soa carne
dúas soidades,
e polo soño que nos permite
a viaxe á morte
e o regreso.
Gracias polo vento
que nos fai estraños de nós mesmos
e pola pedra
que aspira a soñar
a eternidade.

Gracias quero dar polos nenos
que non coñecen nin a culpa nin a morte,
e pola música,
alma en epifanía transcendida.
Gracias pola luz
que nos devolve o mar
nos ollos da amada
e polo aire vivificante e saudabel.
Gracias pola beleza que nos enche e acovarda
e polo mencer
que nos ofrece a ilusión
da primeira vez.

Gracias pola xuventude
e polos sentidos
polo loureiro e o trigo.
Gracias polo viño, que nos sume
nun transo indoloro,
pola herba, máis tenaz que o tempo.
e pola arte
que nos transcende e sobrevive.

Gracias quero dar
polos días que compartes comigo,
pola caricia e polo beixo.

Gracias polo mar, absoluto e poderoso.

Gracias polo silencio e polo verso.

(De Memoria de Agosto).


Poema de los dones


Gracias quiero dar
por la noche y por la lluvia
que nos devuelve la memoria de la madre.
Gracias por la mujer
que da forma a la belleza,
por el sexo, que une
en una sola carne
dos soledades,
y por el sueño que nos permite
el viaje a la muerte
y el regreso.
Gracias por el viento
que nos hace extraños de nosotros mismos
y por la piedra
que aspira a soñar la eternidad.

Gracias quiero dar por los niños
Que no conocen ni la culpa ni la muerte,
y por la música,
alma en epifanía transcendida.
Gracias por la luz que nos devuelve el mar
en los ojos de la amada
y por el aire vivificante y saludable.
Gracias por la belleza que nos llena y acobarda
y por el amanecer
que nos ofrece la ilusión de la primera vez.

Gracias
por la Juventud y por los sentidos
por el laurel y por el trigo.
Gracias por el vino, que nos sume
en un tránsito indoloro,
por la hierba, más tenaz que el tiempo,
y por el arte,
que nos transciende y sobrevive.

Gracias quiero dar
por los días que compartes conmigo,
por la caricia y por el beso.

Gracias por el mar, absoluto y poderoso.
Gracias por el silencio y por el verso
***
Otra invitación: la buena música de Marful.



11 de octubre de 2009

J. A. Muñoz Rojas: Nunca Sombra



“Se me quedará la canción a medio camino, entre los labios. Pero la tierra la seguirá cantando"
José Antonio Muñoz Rojas
http://www.antequera.es/antequera/UserFiles/File/temp/jamr/Unbiografia.htm

“Para o escritor e o labrador, ao cabo,
a vida consiste en ter un cacho de terra
onde poder cavar polo menos dous metros de melancolía”.
Manuel Rivas

I Las cosas del campo
Ah!, diso mesmo soían falarme eles con devoción, labradores e escritores a tempo perdido. Porque ámbolos dous precisan dun anaco de terra para afondar coa aixada e coa palabra nos trasacordos da saudade e da melancolía.

O libro pertenceu a meu pai. Telo entre as mans e ir virando cada folla, esperta en min unha encrucillada de velados sentimentos e emocións. Unha lene tristeza a me magoar mainamente pola ausencia del, mais , ao tempo, un ledo rebulir na táboa do peito pola presenza doutra ollada próxima. Unha ollada de seu que converxe no mesmo punto das cousas que o pai amaba e que aniña no mesmo buraco afectivo do corazón meu.

II Las puertas del campo
“¿Quién sabe las razones de un amor? Son secretas como las aguas bajo la tierra, que luego salen en manantial donde menos se espera. Nada se guarda y el amor menos que nada. A fuerza de pasar los ojos sobre este campo lo vamos conociendo como el cuerpo de una enamorada, distinguimos todas sus señales, sabemos de la ocasión del gozo, de la de la esquivez…”
Con esta prosa poética, o escritor abre as portas do campo para iniciar un saudoso e nostálxico devagar polo ciclo das estacións. A chegada dos abellarucos e a primeira flor dos marmelos anuncia o equinoccio da primavera que dará paso ao tempo da calor, ao canto das carricantas e ao home que busca a sombra cando sopra o vento solano e todo parece agostarse. Chegarán logo os froitos dourados dos marmelos e a queima das restrebas que encherán o aire con aromas de carne doce e fume seco mentres nas pólas do olival pousan as rulas e pingan as primeiras aceitonas. O outono ofrecerá os seus tintes suaves e no seu fin os olivareiros recollerán os froitos, e xa, a non tardar, sucederase o solsticio de inverno. Nese tempo leváronse a Migueliño a outra vila, O Pensador morreu e, malia todo, Narciso O Cantor seguirá a cantar.
As Musarañas ( eses nosos Biosbardos de Blanco Amor), son as lembranzas da infancia que regresan á mirada do home para dar luz e porlle palabras a aqueles días de anchas tardes, nos que todo era abraio, misterio e descoberta, nos que nada parecía quedar ao noso alcance porque non cabiamos no grandor do mundo e ese estarse quediño era tan incomprensible como a dolorosa visita da morte. E ao final chegan as Sombras, agachadas nos xustillos, prendidas nas costuras interiores, sombras de cinsa e néboa que firen e furan, que parecen esvaecerse pero que retornan, sombras amorosas e dondas, sombras compañeiras e amistosas para as que nunca abondou o tempo, sombras lizgairas que escorregan coma os soños ou esvaran como as augas do río, sombras danzarinas que nos transportan coa a levedade dun arrecendo que aboia no aire.
Muñoz Rojas emociona porque recolle nestas prosas o celme e a cerna da vida. Las cosas del campo é un delicado canto cheo de saudade e tenrura polas xentes e as cousas que son ou que xa foron, tanto para o poeta como para aqueles que esculcamos polas regañas de calquera recanto da vida. Pero tamén é unha queixa, unha voz de sutil denuncia que o poeta deita contra o abandono e o maltrato do home á natureza: “El campo se ha quedado más solo”.


III Nunca sombra
O pasado día nove, José Antonio Muñoz Rojas cumpriría cen anos. Non chegou a ese merecido recoñecemento (do que el era sabedor) que lle ían facer en Málaga e na súa vila natal, Antequera, un dos eixos da súa escritura.
Na miña edición, o derradeiro texto de Las cosas del campo é Nunca sombra:
“Tú serás cuerpo, planta, tierra, tronco, tacto, puente, río, rama, rescoldo…Nunca sombra. No serás, eres, estás: sigues…” Estas verbas son a miña escolla para lembrar ao poeta e a meu pai. Porque a voz deles, como a da terra, seguirá a me cantar. A súa sabia e atenta mirada sobre a natureza e o home, enriquece a miña, faina máis fermosa e máis admirativa. Por iso, “Nunca sombra”. Ou si. Aquela que presta o mellor acubillo, a dunha boa árbore. Na miña terra, a dun rexo e nobre carballo centenario.
****
Las cosas del campo, José Antonio Muñoz Rojas. Edit. Pretextos

6 de octubre de 2009

Penélopes

Mensaje del mar, Maruja Mallo


Penélope
Deja que, como Penélope, teja en su telar de sueños
Déjale curtir con un ovillo verde la frágil piel del tiempo
Aunque mañana se vista de luto
déjala que hile y devane de nuevo.
Quién te dice a ti que
-en un futuro incierto-
Ulises no regrese
y una nueva flecha con su arco tense.





Eterna Penélope ( a Rosa)
Epitafio de loito no ronsel da túa mirada:
O Mar,
o teu único horizonte.
A el regresas cada tarde,
serea varada
de frustradas esperanzas.

Quixeses,
co feitizo do teu canto,
retornar ao ausente.
Mais
aos teus beizos
só alenta unha pregaria.

Eterna Penélope
na costa da vida.

Muller férrea
de pés de auga.

Rosa dos ventos
nun mar morte.

Muller náufraga.


Naturaleza viva, Maruja Mallo

25 de septiembre de 2009

El Llamador

Se ruega tocar, M. Duchamp


"Me gustan las puertas cuando se abren hacia lo que ignoro."
Abilio Estévez

"Las puertas crean esa triste ilusión de hacernos creer que hay algo al otro lado."
David Valdés Barrios


El Llamador
"No abras esa puerta".
Pero el llamador que golpeaba a la suya era más poderoso que todos sus miedos.
Ahora está al otro lado. Y ya no puede regresar.

***

(Me hago un par de preguntas:
¿Qué puede ser ese llamador?
¿Existen sólo puertas de entrada?)



19 de septiembre de 2009

La Tentación




“La madre se propuso salvarlo de todos los peligros.
Quería un hijo limpio, virtuoso, incorruptible, que no conociera los miasmas del mundo.
La madre soñaba con un arcángel […]
La madre ordenó que cerrara los ojos y luego ató sus manos, lo amordazó.
Le dijo que olvidara su nombre, su edad, su cuerpo, que ya no tenía carne vulnerable (presagio de la carroña) que era un hombre perfecto en la habitación que ella llamaba eterna.

“¿Y los sueños? ¿Te has olvidado de los sueños?
¿Te has olvidado de que yo pienso una palabra, una sola y simple palabra, la palabra más inofensiva, y al instante surgen ciudades, multitudes, páramos…?
¿Te has olvidado de que cada noche me cobija una nueva catedral, y amanezco en plazas enormes con palomas que revolotean sobre mí, y quemo incienso, digo plegarias para agradecer la salida del sol?
Mi sueño, madre, destruye las tapias, las ventanas y las puertas. Mi sueño es un río, un camino, una tempestad […]
Mi sueño es una casa en la Rue Hautefeuille, la cárcel de Reading, una biblioteca, la soga de mi horca y tu patíbulo.
Es mi sueño quien me hace invulnerable. Sólo el puede salvarme de mi propia corrupción”

(Manual de Tentaciones, Abilio Estevez. Edit. Tusquets)


Cuando acabé de leer este bello e intenso relato del escritor cubano, pensé que bien podría servir de soporte poético para la trágica historia de Aurora Rodríguez y su hija Hildegart.

En la madrugada del 9 de julio de 1933, Aurora Rodríguez Carballeira decide acabar con la gran obra a la que había dedicado parte de su vida: su propia hija. Irrumpe en el dormitorio de Hildegart y, mientras ésta dormía, le dispara cuatro tiros, dos en la sien, un tercero en el corazón y un cuarto en el pecho. Nadie sabe exactamente qué ocurrió horas antes del cruel asesinato, qué pensamientos cruzaron por la mente de una mujer paranoica ni qué palabras dirigió aquella joven de diecinueve años a su madre. Pero no es difícil imaginar que en la larga discusión que ambas mantuvieron, Hildegart fue capaz de confesar abiertamente sus sueños, sus ilusiones, sus ansias de libertad, la necesidad acuciante y desesperada de liberarse del yugo opresor de una madre posesiva y egoísta que quiso modelarla a su manera desde la niñez: “No he tenido infancia. La necesité integra para estudiar sin descanso día y noche”
Hildegart fue pensada como un proyecto desde su nacimiento. Fue engendrada, criada y educada por su madre para encarnar a una nueva mujer, una mujer libre que luchase contra la opresión del género femenino y contra las miserias e injusticias que padecían la clase obrera en los años de la Segunda República. Se eligió a un progenitor adecuado para concebirla (al que posteriormente se le apartó de todo contacto con la hija), y desde sus primeros años de vida se la sometió a una rígida y severa instrucción. A los diecisiete años se había licenciado en derecho, contaba con una extensa bibliografía publicada, ejercía una activa militancia feminista en partidos de la izquierda libertaria española y cautivaba a cuantos la rodeaban con su brillante oratoria.
Hildegart cumplió ampliamente las expectativas de su madre hasta que la amistad y el amor entraron en su vida. Por esas puertas y ventanas llegaron maravillosos cantos de sirenas y palomas mensajeras que ofrecían y mostraban la plenitud de lo que significa la pasión y el deseo de Vivir más allá del mundo cerrado y exclusivamente intelectual que su madre le proporcionaba. Fue entonces cuando adquirió fuerza y confianza para romper la claustrofóbica pesadilla materna. Su madre llegó a creer que había una conspiración e intentaban arrebatarle a su hija, y cuando ésta expresó el deseo de marcharse sola a Inglaterra, invitada por el escritor H. G. Wells y el sexólogo Havellock Ellis, su progenitora no pudo soportarlo. La Pigmalión se había rebelado y su creadora fue incapaz de aceptar el vacío que provocaría el abandono de lo que había concebido como una “obra” perfecta que le pertenecía. Paradójicamente, aspirar a ejercer la libertad por la que luchaba y para la que supuestamente la habían educado, a Hildegart le costó la vida; y a su madre, la cárcel y el manicomio: “Mi sueño, madre, destruye las tapias, las ventanas, y las puertas. Es una tempestad… Mi sueño es la soga de mi horca y tu patíbulo”.

El "Caso Hildegart" es excepcional y excesivo por su trágico final. Pero la “Tentación” de soñar con hijos “Arcángeles” puede subyacer y ocultarse bajo las buenas intenciones. Quizás no deje de ser cierta la metáfora que apuntó el padre del sicoanálisis, la necesidad de que el hijo “Mate al padre” antes de que ambos se destruyan.
***
La imagen que encabeza la entrada pertenece al cartel de la película Mi hija Hildegart, dirigida por Fernando Fernán Gómez en 1977.

15 de septiembre de 2009

El buril del tiempo


El buril del tiempo

Te reconozco en cada gesto,
porque no soy ajena
al tiempo que te ha ido conformando
y a lo largo de todos estos años
te he ido viviendo.

Se donde se manifiestan la fortaleza,
la voluntad, el talento;
también donde se ocultan la contradicción,
la fragilidad , los miedos.
Transcribo el código de tu vanidad y de tu prepotencia,
así como el de la ira y tus varias urgencias.
Interpreto tus elipsis, y en tus silencios leo
la reflexión, la duda,
la pregunta que no cesa, la conjetura.

Es el buril del tiempo, amor,
que ha trazado cada línea de tu rostro.
Y confieso que a veces
-y aunque tú no lo sepas-,
creo atisbar en él hasta lo que desconozco.

8 de septiembre de 2009

Lección de economía


Pascual me miraba con sus ojos chicos y enterrados detrás de sus gafas. A pesar de las numerosas arrugas – su piel era como la de un sapo disecado y puesto a curar al sol-, su rostro ofrecía un gesto afable y vivaz. Tenía las arrugas de la risa, dos surcos que enmarcaban la parte baja de su nariz y se extendían hasta las comisuras de sus labios; y en la frente, se le dibujaba un mapa de carreteras de tanto sorprenderse y preguntarse por casi todas las direcciones de la vida. Era tan viejo como el grueso roble a cuya sombra se sentaba cuando llegaba el buen tiempo. Allí iba con un libro, o simplemente a contemplar como los rayos de sol serpenteaban entre las aguas de la cascada que nacía en la pardusca y distante sierra y venía a morir al río encauzado entre los vastos robledales que bordeaban sus riberas.
A Pascual, en las tardes del verano, todos sabíamos donde encontrarle. A mí me gustaba charlar con él, porque aunque ya no ejercía su profesión de maestro, nunca dejó de serlo.

Aquella tarde, me dio una buena lección, tal y como él mismo, según dijo, había recibido.

Verán, transcribo lo que me contó:
“Fue en un pequeño pueblo en el que yo ejercí como maestro, muchos años antes de llegar a éste. Eran sobre las siete de la tarde cuando llamaron a mi casa. Miré por la ventana y allí estaban en primera plana los representantes de la asociación de vecinos del pueblo: Andrés, el panadero; Amalia, la tendera; Toribio, el granjero; Isidro, el tabernero y Fernando, El campanero. Detrás de ellos, algunos lugareños más.

Venían todos alborotados y formando mucho barullo.

-¡Baje, baje, don Pascual!, gritaban todos haciéndome gestos con las manos.
Y yo, bajé.

Hablaban todos a la vez, se quitaban la palabra los unos a los otros y armaban una batahola de padre y muy señor mío. ¡Por dios, por dios!, les decía yo, calmaos un poco. No habléis todos a la vez.
Por fin se pusieron de acuerdo y fue Toribio quien habló primero.

-Mire don Pascual, que don Rosendo nos ha citado en la iglesia porque dice que va a hacer a todo el pueblo un juicio “susmarino”…

-Eso, ¡un juicio “sumarismo”! - afirmó Andrés.

-Sí, intervino Amalia la tendera, y que nos vamos a condenar todos, aquí en este mundo y en el del más allá como no confesemos y digamos la verdad!

-Eso, eso ha dicho, que iríamos todos al infierno. ¡Como si yo no tuviera bastante con asarme en el horno de mi panadería!

-Sí, sí, don Pascual, dijo que teníamos que “presonarnos todos” hoy a las nueve en la iglesia y confesar…

-A ver, a ver, calma, calma, repetía yo ante aquella caterva tan soliviantada. Por favor, explicadme bien, pero uno sólo. Venga, Amalia, habla tú.

- Sí, sí, yo le explico, don Pascual, porque como usted es un ateo “reconcentrado” y no pisa por la iglesia, pues no se entera de nada.
El caso es que queremos que usted nos acompañe para que le explique bien el asunto a don Rosendo. Porque la culpa de todo la tienen las campanas del maldito cura, que encima tenemos que pagar nosotros.

-Sí, ¡encima que el muy hijo de la gran cabra divina me ha dejado sin trabajo!-intervino Fernando El campanero.

-Fernando, sin insultar. Y deja que Amalia se explique, coño - intervine yo.

-Pues verá, don Pascual -continuó Amalia-, a don Rosendo se le puso en las cuernas comprar unas campanas eléctricas. Sí, de esas que se programan y tocan a muerto igual que sea varón o hembra, porque ni el sexo del finado respetan. Además, y para tocarnos la moral, dan las horas a todas horas, con musiquitas celestiales en las medias y ave marías purísimas en las enteras. ¡Y nosotros no queremos esas campanas! Él se pasó la democracia por el forro de la sotana y no consultó al pueblo. El pueblo se “amontinó” y nos hemos cargado las campanas. Es decir, que las hemos birlado. Y ahora quiere que vayamos y confesemos quién lo hizo, so pena de arder todos en el infierno, quedarnos sin fiesta y sin celebrar el santo patrono ni pasearlo en andas alrededor de la iglesia.

-Pero vamos a ver, -dije yo- ¿cómo os habéis podido cargar las campanas de la iglesia? ¡Por judas que don Rosendo tiene razones para estar enfadado! Él no hizo bien al no consultaros, pero vosotros no podéis tomaros la justicia por vuestra mano. Además, tampoco es un tema de tanta enjundia… ¡Qué más da quién toque las campanas!

-¿Pero es que no se da cuenta, don Pascual? ¡Don Rosendo ha echado por los suelos la economía del pueblo!-decía uno

-Eso, eso, ¡que se ha cargado nuestra economía! - coreaban todos ante mi desconcierto.

-¿Pero qué barrabasada estáis diciendo? ¿Qué tienen que ver las campanas con la economía del pueblo?- pregunté yo.”

En este punto, Pascual interrumpió su historia. Se sacudió unas briznas de hierba del pantalón y se quitó las gafas. Perdió la mirada en la lejanía, tal vez en las grecas parduscas que festoneaban la luz naranja del atardecer, y dijo:

“Eso,“barrabasada”, fue lo que yo dije, antes de que me dieran una
buena lección de economía”.

Después, Pascual se ajustó las gafas. Volvió sus ojos chicos hacia mí y continuó su relato:

“Entonces, intervino Fernando El campanero:

-Pues que yo me he quedado sin trabajo. Y ya me dirá, don Pascual, a mis años y con mi ceguera que puedo hacer… ¡Toda la vida ejerciendo de campanero!

-Bueno, Fernando, pues sí que te ha fastidiado bien a ti – le dije yo-. Es lo que tienen las nuevas tecnologías, que pretenden mejorar la vida de los hombres y a veces la cagan, con perdón. Pero míralo por el lado bueno, hombre. Al fin, te jubilas.

-Pero, don Pascual, ¿usted ha echado bien las cuentas? Un puesto de trabajo menos en el pueblo descompensa la economía de todos los demás –afirmó Fernando- . Ahora, yo no puedo comprar la espuma de afeitar y la colonia en la tienda de la Amalia, ni pagarme las cervecitas en el Isidro, ni comprarle los bollos de maíz al Andrés, ni la miel y los huevos al Toribio, ni…

-Y si a mí no me compra la miel y los huevos, ¿para que sirven mis abejas y mis gallinas? ¡Otro puesto de trabajo menos!- se quejó Toribio

-Y si a mí no me compra la espuma de afeitar y la colonia, yo no puedo comprarle los melindres a Andrés los domingos- decía Amalia.

-Y si a mí no me compra los melindres, yo no puedo permitirme tomar los cafés con copa y puro en el Isidro- añadió Andrés

-Y si no hay copa y puro para el Andrés, pues también ayuno yo. ¡Tampoco puedo pagármelos!- apostilló Isidro

-Y eso, por lo que respecta a los que aquí estamos. Pero suma y sigue con los demás vecinos. - concluyó Amalia, que de suma y sigue llenaba libretas enteras en su tienda.

-¿Entiende ahora, don Pascual?- me preguntó Fernando el campanero.”

Y de nuevo, Pascual volvió a interrumpir su relato, y, sin mirarme, dijo como hablando para sus adentros:

“La verdad, me quedé patidifuso ante aquel razonamiento tan simple y tan bien argumentado por aquellos lugareños que echaban las cuentas por los dedos y nunca habían oído hablar del Barón Keynes ni de Adan Smith. Y ni puñetera falta que les hacía”.

31 de agosto de 2009

Fragilidad


A Ventana Indiscreta, por el inesperado vuelo de sus libélulas:
LIbres
BEllas
LUminosas
LAS Libélulas

Desde niña ejercían sobre mí una irresistible atracción. Me sentaba en la orilla y durante largo rato, fascinada por su frágil belleza, las contemplaba. A la luz radiante de las mañanas de verano, se ofrecían como minúsculas y chispeantes estrellas que pellizcaban levemente la superficie de las aguas. A la luz templada del atardecer, cuando una ligera sombra se extendía sobre el río, se revelaban , en la levedad de sus gráciles cuerpos azul cobalto, como delicadas bailarinas que acariciaban con las puntas de sus zapatillas la transparencia de las aguas.

Aquella tarde, llamó mi atención la luz tornasolada de unas finas alas que sobresalían en el hueco de un árbol. Me acerqué, y el espectáculo que se me ofreció produjo en mí una mezcla de horror y fascinación. Sobre una tela de araña, de mayor tamaño que la palma de mi mano, vi un cuerpecillo torturado y carcomido en más de su mitad: el cadáver de una libélula prisionero en la retícula por sus alas que aún temblaban al aire tibio de la tarde. Mi primer impulso fue destruir de un manotazo aquella trampa, aquella estructura mortal construida con paciencia por una sabia y cruel tejedora . Sin embargo, no lo hice. Mi gesto quedo en suspenso por una fuerza interior que retuvo mi mano, un oscuro y misterioso temor a tocar el veneno de la muerte y una extraña aprehensión al contacto con el hilado pegajoso y adherente. Pero también -para que negarlo- hubo una malsana y morbosa curiosidad por descubrir como la caníbal hilandera, que no llegó a mostrarse, se daba el festín.

Cuando regresé a casa me sentí presa de una melancolía que – bien que lo sabía- estaba provocada por la ausencia de él, pero ese día aumentada por una desazón interior que no llegaba a concretar olvidada del episodio de los insectos. Sin embargo, aquella misma noche, mientras hablábamos por teléfono, le conté la desagradable anécdota de la libélula. Entonces él recordó La migala, el relato de Juan José Arreola que me había recomendado en más de una ocasión y que, por razones que no vienen al caso, yo aún no había leído.
No demoré más mi lectura y al día siguiente, por la mañana, lo leí. Mientras lo hacía, me estremecí y experimenté la misma mezcla de fascinación y horror que cuando contemplé el cuerpecillo torturado y mutilado de la libélula.

Desde entonces tengo pesadillas. Con frecuencia aparece en mi sueño una hiperbólica tela de araña que envuelve mi cuerpo y me convierte en una momia que vive: ve, oye, siente, respira… pero condenada al silencio y a la más absoluta y total inmovilidad. Cuando él está, me abrazo a su cuerpo , su contacto y su calor espantan todos mis temores. A veces me basta con escuchar su voz. Pero sus ausencias son largas y frecuentes y tengo miedo a las caníbales tejedoras y a esas retículas de seda mortal que se instalan en las esquinas de mi cuarto. Sé que están ahí. Y en las noches de insomnio percibo sus pasos, las oigo como suben y bajan por las escaleras de mi patio interior.
***
No se pierdan el relato del mexicano Juan José Arreola. Comprobarán que el mío es deudor de él . Y ya saben que las comparaciones son... inevitables.

13 de agosto de 2009

Un micro, y de paso...



Flash

La pensión se llamaba Los girasoles y ella,


con medias blancas, limpiaba la cristalera.

Lo cegó tanta luz.


Cierro el cuaderno por unos cuantos días.



Pero ya que están aquí, de paso...


¿Podrían regarme las plantas?