10 de octubre de 2010

Gracias, traductores



San Jerónimo, Escuela de Jan Van Eyck

El traductor es el mediador que internacionaliza a genios que, de no ser traducidos, no pasarían de serlo solamente de un pueblo.
Ramón Irigoyen

¿Cuántos nombres podrías decir de traductores? es la pregunta que Ramón Irigoyen me espeta desde su breve artículo en La Voz de Galicia, Traductores. Dejo en suspenso la lectura e intento contestarla. Aparte de Baudelaire y Cortázar, no consigo recordar más de dos nombres (entre ellos el de un amigo). Dirijo mi mirada a la mesa donde tengo algunas de mis últimas lecturas y a las estanterías de mi biblioteca:

Sonetos, W. Shakespeare y Andrés Ehrenhaus

Nueva Enciclopedia
, A. Savinio y Jesús Pardo

Cuentos completos , E. A. Poe y Julio Cortázar

Jacques el fatalista, D. Diderot y Ana María Holzbacher

El oficio de vivir
C. Pavese y Ángel Crespo

El libro del desasosiego
, F. Pessoa y Perfecto E. Cuadrado

Tres poetas de sus vidas
, Stefan Zweig y José Anibal Campos

Decamerón
, G. Boccaccio e Moisés Barcia


... (Les invito a que continúen la lista con sus libros favoritos)

El corpus de traducciones en mi biblioteca es casi tan amplio como el de originales y sin ellas no hubiese disfrutado de muchas joyas literarias. Es por esto que un poético y justiciero gusanillo me atiza una colleja y me hace pensar en el injusto olvido de la figura del traductor. Sé de su labor, de su oficio casi siempre mal pagado y poco reconocido, de su apuesta siempre arriesgada y del impagable tiempo dedicado. El buen traductor es un buen escritor, necesita talento, conocimiento y manejo preciso de todos los registros de ambas lenguas, no sólo transcribe, sino que de-construye para volver a construir, interpreta y reescribe, y en esa reescritura siempre apuesta y arriesga: qué elegir, ¿mantener el ritmo, respetar el significado literal? ¿cuál es la palabra justa? ¿cómo interpretar una poética y surrealista imagen? Un buen traductor ha de documentarse de la especificidad del lenguaje de la época y del contexto histórico en que transcurre la obra que traduce, conocer el tiempo en el que vivió el autor y, en no pocas ocasiones, empaparse de la vida de éste, saber de sus anécdotas, de sus amigos, de sus intimidades… En definitiva, además de verter de una lengua a otra, lleva a cabo una amplia tarea de investigación y exhaustiva documentación, un trabajo en la sombra que pasa desapercibido y no se aprecia porque el lector sólo ve la punta del iceberg, la traducción limpia que llega a sus manos. Confieso que ignoraba la existencia del Día Internacional del Traductor, el 30 de septiembre, y que su patrono es San Jerónimo, el traductor de la Vulgata, la versión latina de la Biblia, hecha desde el hebreo y desde el griego. Reconozco que necesito de las utopías lingüísticas y que el único traidor que merece mi aprecio, admiración y respeto es un buen traductor. Gracias Ramón Irigoyen por recordar y reivindicar un valioso trabajo. Gracias por existir, Traductores.



Piedra de Rosetta




La Malinche negociando

Pinchando en los pies de imagen podrán obtener información sobre la Piedra de Rosetta y la Malinche en una breve y entretenida historia que Eduardo Villaquirá hace Sobre los interpretes y traductores. Se la recomiendo.

19 comentarios:

mateosantamarta dijo...

Pues es un tema en el que he pensado a veces: la dificultad e incluso imposibilidad de traducir.
Además de Baudelaire y Cortázar, sólo recordaría a O. Paz que las llama versiones y diversiones, a Jaime Ferreiro Alemparte que también prefiere la palabra versión, y a Andrés Sánchez Pascual.
Un justo homenaje.
Besos.

Miquel dijo...

un homenaje con criterio, si...

Alfredo J. Ramos dijo...

Una entrada oportuna, Shandy, sugerida además por Irigoyen, buen traductor él mismo (del griego). En mi caso, por circunstancias profesionales, sí presto desde hace tiempo atención a este aspecto y suelo tener muy en cuenta al "intermediario" cuando se trata de obras clásicas, incluidos los clásicos modernos. En el caso de la poesía traducida, me parece indispensable la edición bilingüe (como por fortuna se va imponiendo) y que el traductor sea también poeta. En cuanto a los nombres, podría añadir un buen puñado de ellos sin forzar mucho la memoria, pero me parece que, además del ya citado Ángel Crespo (Dante, Pessoa) o de la gigantesca tarea realizada por extraordinarios "jornaleros" del oficio como Cansinos Assesn, son de indispensable mención los nombres de Miguel Sáinz, Crlos Pujol, Carlos Manzano, Consuelo Bergés (+), Mario Merlino (+), Esther Benítez, María Luisa Balseiro, Basilio Losada, Jose Luis Reina Palazón, Jordi Fibla... y tantos otros. Entre las generaciones más jóvenes, hay muchos y valiosos traductores que me gustaría ejemplificar en el nombre de Jordi Doce: en su blog, Perros en la playa, suele ofrecer traducciones (de poetas anglosajones) que ponen de relieve su gran pericia. Un abrazo.

gaia07 dijo...

Un trabajo realmente arduo al que no le damos la atención que realmente merece.
Yo también me sumo a ese agradecimiento inmenso con estos estupendos profesionales, y a cuanto dices en este fundamental recordatorio a todas/os Shandy.
Gracias, traductores.
Un abrazo

Anónimo dijo...

Lo diré francamente: ME cago en San Jerónimo. El cobarde que se retiró a una gruta en Belén a traducir es decir, a minpular la Biblia. Por su culpa el Moisés de Miguel Ángel luce en su frente dos pequeños cuernos...Tradujo Faciens cornuta por faciens iluminata.
La figura del traductor es históricamente sospechosa...aunque hoy ya no sea así.
Sto Tomás de Aquino tradujo a Aristóteles y lo interpretó, para nuestra desgracia.
Y qué decir de la Escuela de Traductores de Toledo, o de las escuelas monásticas de la Escolástica,o de la corte de traductores de Alfonso X el sabio, o de los traductores de Indias..Escuelas de manipulación.
La de lios y hogueras que ha montado la santa Inquisición por culpa de las traducciones ( la coma juanina de Erasmo de Rotterdam, la traducción al alemán de la Biblia por Lutero..)
Sin duda esto tiene una doble cara y un doble filo: por un lado se pone el saber y la cultura al servicio de muchas más personas, pero históricamente los traductores han tenido más poder que los reyes y han ganado más batallas que las espadas más fieras..
Y, a modo de anécdota, quien quiera reirse que mire o eche un solo vistazo a las traducciones ao galego que hace el grupo de traballo de filosofía de los textos griegos o alemanes en nuestra comunidad para las pruebas de acceso a la universidad..
Pero de todos modos, gracias alos traductores fieles. Donde los haya.

belencicuta dijo...

No sé por qué el comentario anterior sale como anónimo. Siento haberme equivocado al enviarlo. Soy BELENCICUTA. Bico.

Rai dijo...

... en referencia al comentario anterior: ¿no sucede que cualquier lectura es una traducción en sí misma?

La forma de traducir hoy en día no tiene nada que ver con la forma en que se traducían los textos en la Edad Media y en los inicios de la Edad Moderna. Hay un texto muy bello de Walter Benjamin (La tarea del traductor) en el que, a partir de este problema (cualquier traducción es una interpretación; toda lectura es una traducción) , propone dicha tarea como proyecto histórico enfocado a hacer hablar al texto y forzarlo a decir mirando al presente que lo interpreta...

Siempre he pensado que un traductor es alguien que nos tiende una mano para mostranos una casa en la que, por uno mismo, no podríamos entrar... El hecho de que todas las casas se parezcan facilita que podamos movernos por ella con cierta facilidad, pero, sea como sea, nunca podremos entrever el sentido de cada uno de sus rincones.

Siempre que leemos a un extraño, traducido o no, hay algo que se nos escapa, que no podemos atrapar, sólo intuir, y ningún traductor puede escamotearnos algo que a él también le está vetado; su honestidad, en este caso, reside en saber transmitirnos y dejar la huella de aquello que se "resiste" a ser traducido.

Sea como sea, yo también doy las gracias a todos estos anfitriones/traductores, gracias a los cuales, sin ellos, jamás hubiera podido recorrer gran parte de las estancias con que me he educado, pese a que, a menudo, me he sentido un extraño al ser consciente de esta lejanía de la que hablo.

Miradme al menos dijo...

Shandy, tienes mucha razón al reivindicar a estas personas que suelen pasar desapercibidas, pero que son los transmisores de numerosísimas lecturas.
Reconozco que desde no hace demasiado tiempo he empezado a preocuparme en saber quién ha realizado la traducción o ha perpretado el crimen, que de todo hay en la viña del señor.
Buena reflexión.
Un abrazo

virgi dijo...

Así, a vuela pluma, recuerdo la maravilla de Yourcenar y Cortázar.Y ahora mismo repaso "Todos los hermosos caballos" de McCarthy y la traducción de Pilara Giralt, que le tuve que dar un trabajo inmenso.

Besos besos
Gracias por esta entrada

Shandy dijo...

Mateo, gracias por apuntar nombres de buenos traductores y recordar esas “Versiones y diversiones” de Octavio Paz. Lo mismo que escribir, traducir también puede ser una placentera diversión.
Un abrazo

Shandy dijo...

Miquel, el gusto es tuyo .

Shandy dijo...

Alfredo, de acuerdo. En poesía, mejor ediciones bilingües y un buen poeta como intermediario. Anoto nombres y el blog de Jordi Doce, del que ya leí un interesante artículo que enlazas en tu página. Gracias (los enlaces y el boca a boca funcionan muy bien

Shandy dijo...

Gaia, si valoramos a los buenos traductores, las editoriales tendrán en cuenta que son tan importantes como la calidad de las obras y autores que seleccionan.
Un abrazo

Shandy dijo...

Belén, reconozco tu inconfundible estilo de “cicuta”. Bien está que recuerdes la otra cara de la moneda. La de cabronadas y manipulaciones que un traductor o intérprete puede hacer, ejemplos pones tú que hasta rodar cabezas hicieron, y muchos se podrían poner que provocan sonrisa (y carcajada), sonrojo y enojo… Por eso, valorar y reivindicar a los mejores, donde los haya.

Shandy dijo...

Rai, “Cualquier lectura es una traducción en sí misma”. Me parece un buen apunte. Los lectores también interpretamos desde nuestros prejuicios, parámetros culturales, conocimientos y experiencias. Un mismo lector puede “traducir” de diferente manera la misma obra en distintas épocas de su vida. A un traductor además de formación y documentación se le debe exigir lo que tú señalas: honestidad.
Gracias por tus aportaciones

Shandy dijo...

Miradme, tengo una versión del Decameron de mis años mozos que es un crimen. Lo guardo como prueba de una "desfeita". Aparte de errores semánticos y anacolutos, se carga el ritmo de la prosa, es leer y tropezar. Mejor ni nombrar a los pecadores. Si Boccaccio levanta la cabeza, entendería que dijese: yo -por mi libro- mato, matooooo

Shandy dijo...

Virgi, Cortazar es tan buen escritor que a veces olvidamos su faceta de excelente traductor. Una traducción de Cortázar es siempre una garantía. Creo que en esta página se han apuntado buenos traductores y buenas versiones, como la de Memorias de Adriano a la que tú haces referencia.
Besos

El peletero dijo...

Els bilingües sabem verament que, com diuen els italians, tot “traduttore é un traditore”, així que no hem d’intentar ser fidels al original procurant de crear-ne un altre que el pugui substituir. La millor eina és sempre l’asèpsia estilística i la precisió semàntica.

Petons.

Los bilingües sabemos verdaderamente que, como dicen los italianos, todo “traduttore é un traditore”, así que no debemos intentar ser fieles al original tratando de crear otro que lo pueda sustituir. El mejor instrumento es siempre la asepsia estilística y la precisión semántica.

Besos.

Álvaro dijo...

La verdad, como traductor eso es algo en lo que he pensado muchas veces.
En un curso de traducción en el que participé hace un tiempo hablamos sobre la labor del traductor y llegamos a la conclusión de que nuestro trabajo es "en la sombra". Es verdad que sería imposible leer grandes obras sin esa labor, pero también es cierto que es algo así como el trabajo de un chef en un restaurante: está ahí, pero apenas se piensa en ello.
Para bien o para mal, así son las cosas.