24 de mayo de 2009

Sir Bob Y El Mago Piticó



Déjame que te cuente un cuento…

Hace frío esta tarde, aunque ya es primavera.
Me reclino en el sillón, me entrego a la lectura,
Los amores amarillos de un Maldito y Feo:
Tristan Corbière.
Poeta solitario, romántico y apasionado
que desesperado ama a una frívola dama que tiene caballero.
Y él, pobre Corbière, sabe que de ella es el perro.

En el Soneto a Sir Bob*, me busca el sueño.
Me busca,
como me buscan unos brazos largos,
muy largos...
Me acomodo a ellos, me doy al abrazo, me rindo al sueño.
Escucho una voz, una nana, Drume negrita,
no eres negrita pero eres chiquita.
Después, suena un tambor,
Los Titiriteros de Binéfar* :
¿Quieres que te cuente el cuento de El mago Piticó?*
Así empieza el sueño, así empieza el cuento.
Nada más recuerdo. Sólo el sueño y el cuento.
Y unos brazos largos,
muy largos...

¿Fue un sueño de cuento o un cuento del sueño?

No lo sé. No recuerdo.
Déjame que te cuente un cuento…

* Soneto a Sir Bob: poema de Tristan Corbière (Bretaña 1845-Morlaix, 1875) incluído en el libro Los amores amarillos , Edit. Pre-Textos, 2005; cuidada edición bilingüe editada y traducida por Carlos Pujol.

*Los Titiriteros de Binéfar: compañia de teatro de títeres y música tradicional creada en 1975. Pinchen aquí si quieren ver su página.


* El mago Piticó: tema incluido en el CD La Negra, nombre artístico de Amparo Velasco, artista de flamenco cordobesa.
Les dejo con el poema de Tristan Corbiére, versión original y traducción; y un vídeo con la voz y la magia de La Negra.

Sonnet à Sir Bob

Chien de femme légère,
braque anglais pur sang.

Beau chien, quand je te vois caresser ta maîtresse,
Je grogne malgré moi — pourquoi ? — Tu n’en sais rien...
— Ah ! c’est que moi — vois-tu — jamais je ne caresse,
Je n’ai pas de maîtresse, et... ne suis pas beau chien.

— Bob ! Bob ! — Oh ! le fier nom à hurler d’allégresse !...
Si je m’appelais Bob.... Elle dit Bob si bien !...
Mais moi je ne suis pas pur sang. — Par maladresse,
On m’a fait braque aussi... mâtiné de chrétien.

— Ô Bob ! nous changerons, à la métempsycose :
Prends mon sonnet, moi ta sonnette à faveur rose ;
Toi ma peau, moi ton poil — avec puces ou non...

Et je serai sir Bob — Son seul amour fidèle !
Je mordrai les roquets, elle me mordrait, Elle !...
Et j’aurai le collier portant Son petit nom.

British channel, 15 de mayo.


Soneto a Sir Bob

Perro de mujer casquivana,
Braco inglés pura sangre.

Bello can, cuando veo que acaricias a tu ama
También gruño…¿por qué? ¿Cómo vas a saberlo!
Verás, yo no acaricio, y además no dispongo
ni de amante ni de ama… Ni siquiera soy perro.

¡Bob! Si así me llamase ladraría de júbilo…
¡Si Bob fuese mi nombre! ¡Es tan dulce en sus labios!
Pero no soy de raza…Braco y loco me hicieron,
Aunque temo que cruce anormal con cristiano.

Cuando nos reencarnemos tú te quedas mis versos
Y yo tu cascabel con su cinta rosada:
tú mi piel, yo tu pelo… Y hasta acepto las pulgas…

Seré entonces Sir Bob… Fiel amor de su vida.
Morderé a los perrillos, dejaré que me muerda,
Llevaré ese collar con su nombre de pila.

British channel, 15 de mayo




15 de mayo de 2009

Je T' Aime



La tía nos acompañaba hasta el puente y apoyada en el pretil esperaba a que la prima Luci y yo cruzáramos la carretera y llegásemos hasta la orilla del río.
No recuerdo cuando la tía nos obligó a poner los bañadores ni tampoco cuando nos obligó a dormir en cuartos separados. No advertía que la prima Luci, con sólo tres años más, crecía más rápido en todo de lo que yo lo hacía…
-¡Que culo tiene! –dijo Lucho.
Luci se movía de espaldas a nosotros al compás del Sugar, Sugar.
-¿Quién? -pregunté yo.
-Quién va a ser, ¡la Luci! -contestó Lucho mirándome de reojo.
-¡Eh, tío, qué es mi prima!
-¡Y a mí qué! Anda, no seas gilipollas y vete a preguntarle al Richi que es con quién se da el lote.
Fue una tarde de río cuando la prima comenzaba a abandonar esa primera estación en la que yo todavía permanecía… Miré a Luci mientras ella seguía moviendo las caderas al ritmo de Sugar, Sugar -“Tus ojos son dulce miel y tu risa un cascabel”-, y sentí una mezcla de vergüenza, celos y rabia:
-¡Vete a la mierda Lucho, que coño sabrás tú!

Ricardo Rodríguez, El Richi, había cumplido los dieciocho y trabajaba en la chapistería del padre. Algunas veces nos dejaba entrar en un garito -donde preparaba las facturas- que él había empapelado con calendarios de tías rubias en pelotas: “Qué, chavalines, ¿os gustan, eh?”–decía todo ufano mientras nos guiñaba un ojo-, “Estas tienen bien y de todo, pero no os emocionéis”. Y para jodernos, añadía: “Vosotros todavía no sabéis ni lo que es trempar”. Un día, para demostrarnos lo que aquello significaba, atrapó una mosca y le arrancó las alas. Se la puso en la punta de la verga –decía que “daba mucho gusto”-, y mientras la mosca giraba sobre sí misma, él empezó a meneársela hasta que el pobre bicho quedó atrapado en el espeso esperma de su corrida.
Desde la perspectiva del tiempo, veo a Ricardo como un tipo hortera y macarra: gafas oscuras de cristales espejados, pantalones de campana y camisa floreada a lo Adriano Celentano, botas con plataforma y cazadora negra de cuero con una leyenda en la parte trasera que decía: “Los ángeles del infierno”. Pero en aquel momento era el rey del mambo porque manejaba dinero y además tenía moto, un raro privilegio que despertaba la envidia de la chavalería del barrio y lo hacía más seductor a los ojos de las niñatas.
Muchos días del verano nos robaba a Luci mientras Milucho y yo aún le pegábamos patadas a un balón. Por las tardes se escapaban al otro lado del río, junto a la presa, y por las noches se escondían en la parte de atrás de la gasolinera que quedaba a las afueras. En uno de aquellos furtivos encuentros, Lucho y yo los sorprendimos. Luci y Ricardo se morreaban y entre beso y abrazo compartían un cigarro.

-¿Qué haces tú aquí? ¡Imbécil, mocoso! –gritó la prima con furia-. ¡Lárgate! ¡Y como te chives a mamá, te acuerdas!
Fue gracias a un cómplice silencio que Milucho y yo conseguimos los primeros cigarrillos. Los íbamos a fumar a un rincón donde moría el cementerio, al lado de un muro que separaba el camposanto de la "Casa de los gatos". Desde que la vieja Fátima había muerto, la casa estaba abandonada, pero su media docena de gatos seguían allí.

A principios de un verano, se instaló en aquella casa una pareja. Ella, una preciosa rubita de ojos claros, tan frágil que parecía quebrarse bajo sus ligeros vestidos de colores desvaídos; y él, un joven desgarbado y largo, tan flaco como ella, que se balanceaba al caminar. El pelo, que le llegaba a los hombros, impedía ver con claridad su rostro, salvo la nariz, fina y afilada. Casi nunca salían de la casa y poco o nada se relacionaban con los vecinos. "Dos suspiros", decía la gente mirándolos con curiosidad las pocas veces que se dejaban ver; y Ricardo, apuntando con el dedo a la rubita, comentaba por lo bajo: “Estas hippies son todas unas pendangas, chingan con todo dios”.
Tras el muro del cementerio, mientras Milucho y yo participábamos de los cigarros, los oíamos reír y hablar cuando estaban en el patio de la casa, algo frecuente en aquellas tardes de verano. Así fue como supimos sus nombres, Berto y Eliana; o Eli, como él solía llamarla.
Nuestra curiosidad por ellos era cada vez mayor y las visitas al cementerio, hubiese o no cigarrillos, se hicieron más frecuentes. Para expiarlos intentamos subir al muro, aunque nuestros esfuerzos eran vanos porque estaba recubierto con cemento y cal y era imposible trepar por él. Por eso decidimos vigilar la caseta de Saturno, el enterrador, y birlarle una escalera.
Milucho y yo nos turnábamos en el uso de la escalera. En el patio, los veíamos fumar hierba y escuchar música mientras hacían pulseras de cuero y figuras de alambre que luego vendían en los telderetes de las fiestas.
Una de aquellas tardes, llegó a nuestros oídos una música acompañada de una sensual voz femenina que susurraba entre suspiros y gemidos unas palabras que mi amigo y yo no conseguíamos entender. Incitados por la curiosidad y aprovechando la ausencia de Saturno, cogimos la escalera. Yo subí primero.
-¿Qué hacen hoy? –preguntaba Lucho-. ¿Qué hacen?
En lo alto de la escalera, yo contenía la respiración. Mis ojos seguían las manos de Berto que enjabonaban el blanco y frágil cuerpo de Eliana. Se deslizaban por sus hombros, acariciaban sus pequeños pechos de botones rosados, bajaban hasta su vientre, se detenían en las suaves redondeces de aquellas caderas de melocotón… Y Eli se reía, se dejaba hacer, mientras se mecía voluptuosa al compás de la música y mirando a los ojos de Berto repetía las sensuales palabras de aquella canción.
Cuando la música dejó de sonar, Berto vertió agua despaciosamente por el cuerpo de Eliana y apartándole el pelo comenzó a besarla en la nuca y en el cuello al tiempo que sus manos se deslizaban por la espalda de ella buscando el final…
Y Milucho insistía meneando con rabia la escalera:

-Eh, ¿qué hacen?, ¡dime qué hacen!...
¡Venga, baja ya, cabrón! ¡Me toca a mí!
Pero a mí, poco me importaban las sacudidas y la impaciencia de las palabras de mi amigo. El dócil abandono con el que Eli se entregaba al deseo de las manos que recorrían su cálida desnudez sometía mis sentidos, despertaba en mí oscuras y extrañas emociones que se traducían en una excesiva salivación en mi boca y en la no deliberada turgencia de mi sexo. E hipnotizado, contemplaba aquellos muslos de la blancura de la leche, dos medios quesos recién hechos, y en el embudo de las piernas, el vello rubio y rizado que cubría el sexo de Eli.
Berto se arrodilló y su boca se posó en él…

Aquella turbadora escena fue la última imagen que quedó estampada en mi retina. Las rabiosas sacudidas que Lucho propinaba a la escalera me hicieron perder el equilibrio. La escalera se tambaleó bajo mis pies, resbaló pared abajo y mi cuerpo quedó en suspenso, sujeto tan sólo por las manos que se aferraban al muro y del que pronto se desprendieron.
Durante toda mi impúdica y reprimida adolescencia, el pubis dorado y las blancas nalgas de Eli se me revelaron como el irreprimible objeto del deseo. Ella llegaba de la niebla de mis sueños cruzando un prohibido paraíso de mil y una oscuras noches para ofrecerme la obscena delicadeza de su carne desnuda. Y yo acariciaba con torpe vehemencia mi sexo mientras ella me susurraba al oído las mismas palabras de la mítica canción que Jane Birkin cantaba aquella tarde: Je t’aime… moi non plus *

*Je t’aime: polémica canción grabada en 1969 por la actriz británica Jane Birkin y el compositor francés Serge Gainsbourg. Por su explícito contenido sexual, fue inmediatamente prohibida por El Vaticano y se censuró su difusión radiofónica en España, Italia y Reino Unido A pesar de esto no se prohibió la venta de discos y pronto se convirtió en éxito internacional. Constituyó todo un símbolo de la Revolución sexual de los años sesenta.








9 de mayo de 2009

La Mala Lengua





En El País, Babelia 2-5-09, se ofrece un reportaje sobre el ganador del Premio Goncourt, el escritor afgano Atiq Rahimi ( Kabul, 1962). La novela ganadora, La piedra de la paciencia, es calificada por Borja Hermoso (el autor del reportaje) como “Un salvaje poema en prosa sobre la relación de una mujer con su esposo moribundo, un soldado de Dios”. Les dejo el enlace de Un grito contra la violencia ( título indicativo de su contenido), porque además de la información y de las declaraciones del escritor podrán disfrutar de un extracto que se ofrece de la obra premiada. Personalmente me impactó el estilo directo y esencial de la narración y el ritmo rápido y cortado, como de latigazo sintáctico, que parece transmitir el dolor y la impotencia de la mujer protagonista.

Pero no es mi intención invitarles tan sólo a la lectura del reportaje y del extracto de la novela, sino también comentarles sobre una pequeña historia que Rahimi cuenta y que llamó mi atención. El escritor afgano, afincado en París desde 1985, viaja con frecuencia a su país, y es en una de sus visitas que recoge esta anécdota que les transcribo:

“Mire, una vez cogí un taxi en Kabul y me pasó algo increíble. El joven taxista llevaba en el coche un cartelito que decía: 'El amor no es pecado'. Entonces quise hablar de eso con él y el diálogo fue así, más o menos:
-¿Te has enamorado alguna vez?
-Sí, una vez, locamente.
-¿Te casaste con ella?
-No.
-Pero ¿por qué?
-Porque si ella se enamoró de mí, eso quería decir que se podía enamorar de cualquiera...”

Me detengo por unos instantes a pensar en todo lo que se oculta bajo la punta del iceberg, esa respuesta y conclusión a la que llega el joven afgano. En un primer momento me genera tristeza, una tristeza que va dando paso a un sentimiento de rabia e impotencia. Sobre la cabeza y el cuerpo de ese hombre veo un pesado burka, un tupido velo que cubre sus ojos, que no sólo limita parte de la visión como un chador, sino que lo mantiene en una deliberada oscuridad cercenando de raíz la posibilidad de que entre la luz. Hablo de un burka invisible que a modo de fascista dictador se adueña de un territorio fácilmente manipulable y sobre el que ejerce la tiranía e impone la autocensura de forma sibilina. Es esa dosis justa y sutil de veneno que se inocula poco a poco, que se va mamando de forma involuntaria y penetra en los entresijos del inconsciente colectivo de un pueblo. Una cicuta que puede torturar y matar lentamente o que paraliza e incapacita por largo tiempo y por eso tarda tanto en vomitarse y neutralizarse.

El burka de las mujeres afganas, como lo fue el velo de las españolas o la ocultación del cuerpo y la censura de él, no deja de ser la metáfora visible del que llevan oculto muchos varones. La violencia que se ejerce sobre ellos es silenciosa, no deja huellas físicas pero es tan cruel como la que se ejerce sobre ellas, y si cabe más peligrosa. Porque la violencia física, tan dramática y brutal, es consecuencia y manifestación del miedo y las frustraciones interiores de personas violentadas en numerosas ocasiones por voces que se atribuyen la Verdad. Es casi siempre el producto de un veneno que yo llamo La mala lengua y contra él, contra la cicuta de la mala lengua, hay que buscar antídotos eficaces que la neutralicen lo más rápido posible.

Como afirma Atiq Rahimi, “Si existe una forma de cambiar el mundo, ésta es la cultura”. Pero también, como inteligentemente el mismo escritor apunta, a través de la información y la educación se puede manipular (para ejemplo, esa anécdota tan aparentemente trivial y cotidiana que cuenta Rahimi). Y no puedo evitar enlazar esto con las declaraciones del Papa hechas en África sobre el uso del preservativo en la prevención del contagio del sida – según él , el condón no sólo no aporta nada sino que empeora la situación-. Porque bien está que Benedicto XVI, en nombre de la libertad de expresión, quiera ponerle puertas al campo y predique la abstinencia sexual como medida preventiva en el contagio de esta enfermedad. Me parece una opción desde la libertad de los creyentes y para quienes la consideran medida conveniente y acertada. Lo que resulta preocupante e imprudente es que se ponga en duda una verdad científica y que algunos sectores de la política española, desde los más conservadores y católicos hasta los calificados como “progresistas”, se anden de puntillas a la hora de solicitar al Congreso de los Diputados que envíe un escrito al Vaticano descalificando la mala lengua de un falible Pontífice. Pues como dice la copla de Pepe de Lucía:
"Más mata una mala lengua
que la mano de un verdugo.
Un verdugo mata a uno
y una mala lengua a muchos".

Les dejo un vídeo de una película de la época franquista. Verán con que sutilezas se inyectaba la zanahoria de cicuta a hombres y mujeres (perverso en su aparente ingenuidad, de veras que sí)











30 de abril de 2009

Flores y Calvin Klein

¡Esa guirnalda! ¡pronto! ¡que me muero!
¡Teje deprisa! ¡canta! ¡gime! ¡canta!
Soneto de la guirnalda de rosas

F. García Lorca.

Por mirar as cerdeiras como botan flor
Amigo, namorada vou.
Cantiga nova que se chama riveira, A. Cunqueiro
El color verde del reino vegetal ha sido siempre asociado a la fecundidad y a la vida que se regenera cíclicamente, y por tanto a la inmortalidad. Las coronas y guirnaldas fueron atributos de ciertos dioses de la antigüedad (el laurel de Apolo, el olivo de Minerva o el mirto de Venus), y la posesión de ellas se asimilaba a la divinidad, a la superioridad y al poder. El intercambio de plantas, ramos y flores ha sido y es en la vida cotidiana una expresión de amor o una invitación a amar, e incluso la forma de algunas plantas y flores sugieren una imagen bella y sublimada de la sexualidad. Por todo ello , desde tiempos remotos, flores y elementos vegetales han acompañado el misterioso juego de contrarios que conforma nuestra existencia -Amor/ Muerte, Felicidad/Dolor, Eros/ Tanatos-, y han estado presentes en las ceremonias del triunfo, en los ritos amorosos y en los que acompañan a la muerte.
Una vez hecha esta introducción, decirte a ti, lector, que en esta entrada de hoy, los verdes y las flores a los que hago referencia y las imágenes que aquí se muestran no destilarán fuerzas tanáticas, y que más que divinidad o poder, quiero que destilen y despierten sensualidad y Eros, no sólo como fuerza del amor erótico sino también como fuerza para el impulso creativo.

Les invito primero a mirar este cuadro.

Lo reconocen, claro. Es El gran masturbador, ese autorretrato de Dalí cabeza abajo - su narizota tocando tierra es inconfundible - que además retrata sus obsesiones sexuales. Que por qué lo traigo aquí… Bien, antes de responder, lanzo, como buena gallega pecadora que incurre en el tópico, otra pregunta:

¿Qué te sugiere, lector, el nombre de “Calvin Klein”?... mmm ¿Una prestigiosa marca de ropa interior?

Pues ahora lee este poema de Ana Rossetti:

Calvin Klein, underdrawers
Fuera yo como nevada arena
alrededor de un lirio,
hoja de acanto, de tu vientre horma,
o flor de algodonero que en su nube ocultara
el más severo mármol Travertino.
Suave estuche de tela, moldura de caricias,
fuera yo, y en tu joven turgencia
me tensara.
Fuera yo tu cintura,
fuera el abismo oscuro de tus ingles,
redondos capiteles para tus muslos fuera.
Fuera yo, Calvin Klein. (1)

C. K. “bajo pantalones”, lirio, hoja de acanto, flor de algodonero… Qué atrevida, refinada, transgresora y sutil combinación la de Ana Rossetti en este poema donde las flores son símbolo inequívoco de la expresión del deseo sexual y la voz femenina invierte el discurso amoroso petrarquista. La mujer deja de ser el objeto pasivo de deseo y se convierte en sujeto que derrocha sensualidad, que rinde culto a la belleza del varón y expresa el deseo erótico. La poeta conjuga la delicadeza de las flores con la dureza de un “mármol Travertino”, con los “redondos capiteles”, motivos estos que remiten a un mundo clásico y que se entremezclan con unos contemporáneos Calvin Klein de suave “flor de algodonero”.
Ahora les invito a a recrearse en la sensualidad de unos óleos con motivos florales de la pintora Georgia O' Keeffe , Canna roja, Petunia y Coleus, y especialmente Calla Lillies (Azucenas). Y después contemplen de nuevo el cuadro de Dalí y verán que reúne los Calvin Klein de los versos de Ana Rossetti y una de las blancas azucenas de G. O' Keeffe.

"La mayor parte de la gente de las ciudades va corriendo de un lado para otro, no tiene tiempo para mirar una flor. Quiero que la vean tanto si lo desean como si no". Georgia O ' Keeffe (2)

Y ya que estamos en primavera y ante un largo fin de semana, sugiero que en ese paseo que den o en ese viaje que hagan no pierdan la oportunidad de deleitarse con la sensualidad de las flores y plantas. Combinen azahar, cerezo, lirios, acacias, rosas, margaritas… con el frescor y la fragancia del mirto, la hierbabuena, la lavanda… o con una sencilla hiedra... En lo más íntimo de nuestro ser no dejamos de ser plantas trepadoras que lanzamos nuestros zarcillos para enredarnos, entrelazarnos, abrazarnos, anudarnos…
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(1) El poema Calvin Klein, underdrawers pertenece a Los devaneos de Erato, incluido en La Ordenación: retrospectiva (1984-2004), editorial Fundación José Manuel Lara.

(2)Georgia O'Keeffe (1887, Wisconsin-1986, Nuevo México)
Es sobre todo conocida por sus cuadros casi abstractos basados en ampliaciones de plantas y flores, obras de gran elegancia y vitalidad, cuyas formas sensuales están llenas de sugerencias sexuales. El reconocimiento de la obra de pintora debe mucho al fotógrafo Alfred Stieglitz con quien mantuvo una relación desde 1918 hasta 1946. Admirador profundo de su pintura, posibilitó las primeras exposiciones de la obra de la artista. Stieglitz realizó numerosas fotografías de Georgia en las que establece una relación dual entre el cuerpo de ella y su obra. Retrató sobre todo sus manos ante los lienzos y naturalizó su cuerpo, su torso, identificándolo a menudo con las flores abiertas de sus pinturas. ( La fotografía de la derecha pertenece a Stieglitz)
O’ keeffe creó un estilo pictórico que raras veces sobrepasó el ámbito de la abstracción, en el que cada pincelada o trazo físico era suprimido en la superficie. El contraste y el trazo preciso dominaban especialmente en sus composiciones de motivos florales. Utilizó efectos fotográficos como puntos de reflejo en la cegadora luz del fondo.
Pintó sus primeros cuadros de flores de gran formato en 1924, los primeros paisajes urbanos de Nueva York en 1926 y, tras una larga estancia en Nuevo México en 1929, ejecutó la primera de sus pinturas de huesos en 1931. Tras la muerte de Stieglitz, acaecida en 1946, O'Keeffe se instaló definitivamente en Abiquiu, Nuevo México

23 de abril de 2009

Damas



Dama misteriosa

Dama misteriosa
de volátil y extraña belleza,
hechicera de los bosques
preñada por las aguas
que ligera brotas para enredarte en el aire
y armar tu blanca chistera,
en tu quietud duermen
las voces mágicas de la tierra.

Dama amante

En el cabaret de la noche
eclipsa la rutilante luz de las estrellas.
Gilda vestida de blanco satén,
que luce en sus manos, de dedos largos,
guantes de fina seda.
Fuma en pipa larga y bebe licores de agua.
Baila jazz y con voz grave y blanda,
como el silencio, canta blues.
Volátil, sensual e inquietante,
amante promiscua y cortesana,
viaja abrazada al aire
besa el talle de la noche
y duerme en el lecho del agua


Dama perezosa

El ruido del motor roza los bajos de tu capa
pero tú , que eres dama perezosa,
das la vuelta y te abrazas a la almohada.
No te gusta madrugar.
Misteriosa y nocturna como eres,
seguro que esta noche te habrás ido de juerga
-mucho ron y mucho humo-,
y ahora estás de resaca y te duele la cabeza.
Es probable que hoy, en todo el día, no pienses
ni levantarte de la cama .Si es así, te maldigo: ¡Pendeja!
Pues mientras tú te entregas al dulce placer de dormir
yo me esfuerzo en conducir .
¡Maldita niebla!


Las pinturas que ilustran esta entrada pertenecen a Maruja Mallo (Vivero, Lugo 1902-Madrid 1995). De ella dijo García Lorca:


"Maruja Mallo, entre Verbena y Espantajo toda la belleza del mundo cabe dentro del ojo, sus cuadros son los que he visto pintados con más imaginación, emoción y sensualidad."















18 de abril de 2009

Entre Burros Anda el Juego

-Os homes non queren ser burros.
-Queren ser leóns, tigres, panteras, elefantes...
(Castelao; Album Cousas da vida)

Bien saben ustedes que los animales, como personajes maravillosos y fantásticos, gozan en la ficción de una vasta tradición literaria. Desde que el griego Esopo inventó las fábulas, éstas no han dejado de retomarse, recrearse y ampliarse en distintas épocas y por distintos autores. El latino C. Fedro ( S. I ), el francés Jean de la Fontaine (1621-1695), los españoles Samaniego (1745- 1801) y Tomás de Iriarte ( 1750-1791), la inglesa Beatrix Potter ( 1858-1943) o los escritores hispanos más contemporáneos como Borges, Cortázar, Javier Tomeo, Cabrera Infante , Augusto Monterroso… que también han apostado por estas composiciones.
Todas ellas tienen en común ser breves historias protagonizadas por animales (también plantas u otros objetos personificados) que muestran con humor e ironía vicios y virtudes del ser humano y proponen al lector una reflexión. Cierto que la explicita y deliberada intención didáctica y moralizante que tenían hasta el siglo XIX se ha ido diluyendo en lo cuentos más modernos, siendo sustituida ahora por un oscuro misterio o un incompleto final que sorprende y desconcierta al lector de hoy más perspicaz y deseoso de la sugerencia que de los finales cerrados.

Escribir sobre el protagonismo de los variopintos animales que aparecen en las fábulas es tarea larga, por eso mi entrada de hoy va a tratar exclusivamente de Burros. Y es que la cuestión viene porque el otro día, ante la ignorancia manifestada por mí en el uso de una palabra, alguien me espetó un derechazo: “¡Borrica!” Y yo, que soy agradecida, pensé para mis adentros “Nunca te acostarás sin saber una cosita más”, pero convencida de que la mejor defensa es un buen ataque, respondí con una siniestra sutil: “Oiga, usted, no se me ponga farruco, que le atizo con los burros filósofos de Castelao”. Y en eso estoy, tú, que te quiero atizar. Así que estos orneos (rebuznos) van por Ti, Majo!

Primero aclararé que el calificativo de “filósofos” para los burros de Castelao es mío, pero les demostraré que se merecen este adjetivo con un texto del autor gallego que les copio al final. Ahora tengan un chisco de paciencia y esperen unas líneas más que aún me quedan unos cuantos rebuznos literarios. Y es que en la historia de la literatura hay estupendos y variados pollinos para elegir y recrear.

Por ejemplo, El burro cagaduros, jamelgo cómplice de una historia de amor, que con gran rebuzno de satisfacción excretaba monedas de oro por la retaguardia cuando el dueño hacía girar las borricas orejas del animal. Curioso cual gallina de los huevos dorados, ¿verdad?. Pues a éste valioso jumento lo pueden encontrar en Cuentos al amor de la lumbre de A. R. Almodóvar (Madrid, Anaya, 1988)

Otro de mis burros favoritos es El asno de Buridán, un poco absurdo el pobre, pero muy aleccionador para necios y burros indecisos por la paradoja que plantea. Y es que enfrentado ante dos montones iguales de heno, el pollino no sabe cual elegir y termina muriéndose de hambre -ya ven qué cosas. A veces un dios da pan a quien no tiene dientes-. El nombre que se le da al animal viene por ser el protagonista de un antiguo argumento escrito por el francés Jean Buridan (1300 -1358), teólogo escolástico discípulo de Guillermo de Ockhan, defensor del libre albedrío y de la posibilidad de ponderar toda decisión a través de la razón.

Además de Buridanes y Cagaduros tenemos también a fieles pollinos como el inolvidable “Rucio”, el inseparable compañero y amigo de una jaca flaca trasformada en el flamenco Rocinante por el magín de nuestro Hidalgo Caballero. Sí, hablo del mismo, del “Rucio” que transportaba con paciencia y dignidad por manchegas tierras el peso del escudero que se soñaba gobernador de la prometida, por el de la Triste Figura, Ínsula de Barataria.

Y bueno, para rematar y no rebuznar en demasía, traigo aquí a un burro “Pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón”; ese burro cordial y cariñoso que nos transporta a la candorosa infancia, como mi Majín, de Majo y con caprichosa “J” de las Pájinas Escojidas de don Juan Ramón. Y es que el Majín, aunque feucho, fue mi y hermoso y entrañado Platero de la infancia. Pero, miren, no quiero ser pesada, y esta historia, mejor, se la cuento otro día.
***
Les dejo con una pequeña fábula de Miguel Agustín Príncipe (Caspe, 1811- Madrid 1863) y el texto anunciado, unha Cousa de Alfonso R. Castelao (Galicia, 1886- Argentina, 1950), en versión original y mi traducción al castellano.
El hombre y el asno
Aunque parezca broma,
conviniéronse un Hombre y un Borrico
en enseñarse el respectivo idioma;
y el Burro… ¡suerte impía!
no aprendió ni un vocablo solamente
en dos años de estudio y de porfía,
entretanto que el Hombre, en solo un día,
aprendió a rebuznar perfectamente.
No trates con el bruto ni un minuto,
pues no conseguirás la alta corona
de hacerle tú persona,
y puede suceder que él te haga bruto.
(Miguel Agustín Príncipe)

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O Burro non bulía nin chisco

O burro non bulía nin chisco: tiña os olhos abertos, enfiados no chao, e polas trazas o burro cavilaba de firme , asolagado nas súas cavilacións. Eu enfiei os meus olhos no burro é tamen me puxen a cavilar, esquecido de min mesmo; ensumíndome nos adentros da besta, e sen facerme cargo, os meus pensamentos eran os do burro.

Os homes non queren ser burros; quixeran en troques seren leóns, tigres,lobos..., xustamente porque os homes son máis burros que leóns, que tigres, que lobos...Por iso a verba "burro" é un alcume aldraxante para eles.
O meu lombo rexe con calquera home e secomasí os homes prefiren un cabalo, un elefante...calquera besta máis grande que eles, de modo que ninguén poida dicer:"Velaí van dous". Non nos aprecian porque ollan en nós as virtudes dos homes de ben. Somos amigos dos probes, amparo dos mendicantes, temos levado no lombo a Noso Señor e San Francisco Asis; pero non levamos ningún guerreiro.
A paz virá cando os homes todos queiran ser burros.
Chegaron a negarnos caletre porque andabamos pola veira dos camiños. Parvos. Un burro pode morrer asasinado por un auto; pero un burro non cae debaixo dun auto, como caen os cans e as galiñas... Nós presentiamos a chegada dos autos denantes de inventalos o demo do inferno.

Niste punto volvín en min.
(Cousas, Daniel R. Castelao Edit. Galaxia, Vigo, 2005 )
El burro no rebullía ni pizca, tenía los ojos abiertos, enfilados al suelo, y por la traza, el burro ciertamente cavilaba sumergido en sus pensamientos. Yo dirigí mis ojos al burro y también me puse a pensar, olvidado de mí mismo, sumiéndome en los adentros del animal, y sin hacerme cargo, mis pensamientos eran los del burro.

Los hombres no quieren ser burros; quisieran sin embargo ser leones, tigres, lobos…,
justamente porque los hombres son más burros que leones, que tigres, que lobos… por eso para ellos la palabra “burro” es un apodo ultrajante.
Mi lomo puede con cualquier hombre, y a pesar de esto los hombres prefieren un caballo, un elefante… cualquier animal más grande que ellos, de modo que nadie pueda decir: “mira, ahí van dos”. No nos aprecian porque ven en nosotros las virtudes de los hombres de bien.
Somos amigos de los pobres, amparo de los mendigos, hemos llevado a lomos a Nuestro Señor y a San Francisco de Asís; pero no llevamos a ningún guerrero.
La paz vendrá cuando los todos los hombres quieran ser burros.
Llegaron a negarnos cabeza porque andábamos por las orillas de los caminos. ¡Estúpidos! Un burro puede morir asesinado por un automóvil; pero un burro no cae debajo de un automóvil, como caen los perros o las gallinas… Nosotros presentíamos la llegada de los automóviles antes de inventarlos el demonio del infierno.

En este punto volví en mí.



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13 de abril de 2009

Tierra de Topo



Amar é Pan e Fame / Amar es Pan y Hambre

"Sete vidas pra poder Amar a Mares "/ "Siete vidas para poder Amar a Mares"

Recuerdo que en la huerta y en el jardín de mi casa se levantaban pequeños montículos de tierra oscura y fresca. Contrastaba su color con la tierra quebrada, seca y dura, sobre la que se elevaban. Seguro que la toqué, pero no tengo conciencia de haber interiorizado la sensación que produce su contacto con la piel.

O tal vez, pienso, aquella tierra no era igual que la que él me ofreció.
Le veo mirándome mientras la deslizaba entre sus manos. Tómala, dijo, pálpala, críbala entre tus dedos, decía, mientras el viento nordés adelgazaba su voz. Entonces, por primera vez, como muchas otras cosas con él, interioricé aquella placentera sensación. Un aroma fresco y vegetal me invadió al tiempo que la textura y el tacto de aquella tierra me traspasaban… Delicada, caliente, húmeda, tierna, esponjosa. Una fuerza germinal y seminal que se revelaba en el color intenso y oscuro de una tierra trabajada, cavada y socavada, removida y leudada con esmero.
Recordé el pan recién hecho, el queso cremoso que desborda su blanda corteza, el aroma dulce del mosto, el tacto, y digo bien, el tacto, que en las sedas del paladar y de la boca deja un afrutado Figueirinha o un mantecoso Ossián. Sensaciones compartidas y entrañadas que regresaban a mí trasportadas ahora por el tacto de aquella tierra, empujadas por el viento nordés, estimuladas por la fuerza de la presencia de él.

Tu tacto, tu cuerpo en mí, es Tierra de Topo, le dije. Así le sentía. Así te defino, amor, Tierra de Topo, le dije mientras el viento arrastraba mi voz.

No te oigo, dijiste.
Y el viento me acercó a su oído.
Tierra de Topo, le dije una vez más,
hacer el amor contigo es Tierra de Topo.
***
Les dejo con Amar a mares, tema incluido en Espido (Desnudo), disco de presentación del dúo gallego formado por Guadi Galego y Guillermo Fernández, ambos componentes del grupo Berrogüetto. El sonido no es bueno, pero aun así merece la pena escucharlo.


8 de abril de 2009

Trilogía Re: Regalar-Releer-Remirar



Podrían ser más, pero me gustan las Trilogías. Como me gusta el título de Tres Tristes Tigres y el juego Un Dos Tres al Escondite Inglés. Y también porque el Tres cierra un ciclo, una primera totalidad que no es más que otro uno, y por ello es el número apto para reproducir eternamente las mismas estructuras.

Se trata, mi Trilogía, de tres libros, tres libros bellos y sin edad. Se pueden leer en primavera, verano, otoño e invierno, a poder ser con alguien sentado en las rodillas (niño o niña, granda o pequeño). Si lo hacen solos disfrutarán igual (pero la compañía quedará privada y hay que ser generosos). Disfrutarán con sus pequeñas grandes historias, con sus bellas ilustraciones y con las rimas y acertijos. Son libros que conforman una inventada por mí “ Trilogía Re”: Regalar - Releer - Remirar.

1-Un primer RE (de Regalar, a quién tú quieras) para Tempero, porque ama los árboles: El árbol rojo, Bárbara Flora Editora, con texto y dibujos del premiado Shau Tan ( Australia, 1974). Un poético album donde narración e ilustración están estrechamente unidas. El texto es breve y esencial, una pequeña introducción que ayuda a interpretar las elaboradas ilustraciones de mundos oníricos que muestran los diferentes estados de ánimo de la protagonista. Realidad y sueño se combinan en la historia de una niña que a lo largo de un día emprenderá un viaje de la oscuridad a la luz. Aunque ella no es consciente, la hoja de un árbol, símbolo de esperanza, la acompañará en todo momento.

El árbol rojo
2-Otro RE (de Releer) para David, por ser un inquieto diseñador de cosas bellas: El taller de las mariposas, editado también por Bárbara Flora. El texto es de la poeta nicaragüense Gioconda Belli y la fantásticas ilustraciones de Wolf Erlbruch ( Alemania, 1948).
Odaer, un diseñador, es el protagonista de esta historia. En su incesante búsqueda por encontrar la belleza tendrá que entender que no todo vale y que el esfuerzo y la constancia son las armas para conseguirla. El libro se convierte, así ,en una bella metáfora sobre la necesidad de persistir en nuestros sueños para que se hagan realidad. Las ilustraciones remiten a la pintura oriental y ofrecen una cuidada caracterización de los personajes. La primera ilustración es una hoja seca de Ginkgo Biloba, la especie viva de árbol más antigua del mundo y uno de los árboles más literarios, sobre todo en extremo oriente. No es casual que la hoja del Ginkgo sea la primera ilustración ya que existe una analogía entre la forma de las hojas de este árbol y las mariposas, que en el libro representan la belleza.


3-Y el RE (de Remirar ) que cierra esta Trilogía, para Xela, que se muere por comer y adivinar la Vida: El libro de las adivinanzas, Edit. Lumen. Colección de adivinanzas con bellísimas ilustraciones de Monika Beisner, su autora. Alternan una página con texto y otra con las ilustraciones que remiten a las adivinanzas. Los dibujos ayudan a reconstruir el acertijo. Leer sus textos y jugar con la sugerencia de las palabras, admirar sus ilustraciones, que son bellas pinturas, y acariciar el tacto de seda de sus hojas es todo un placer para los sentidos: Sinestesia pura.


Y para entretenerles un poco en esta Semana Santa o Profana (según los gustos) les tiento con tres adivinanzas numeradas así en el libro.

-17-
En el cielo brinco y vuelo.
Me encanta subir,
flotar y lucir mi pelo.
-82-
¿Puedes creer que un enano
levante una cordillera enel jardín?
El villano emplea garras de fiera.
-85-
Carezco de aviones y también de pistas
pero lleno el aire de paracaidistas.
Ah, no me pidan que les de las soluciones! Piensen, miren, busquen...

4 de abril de 2009

Lo tenía muy bien pensado


E un home agarda
insente, onte e mañá, soio co mar da
mágoa súa que o ten por fin vencido

Arcadio López Casanova, Mesteres

Prólogo
“Lo tenía muy bien pensado”, decía ella al tiempo que asentía con la cabeza y con la mirada perdida, como si hablase consigo misma. Después hacía una pausa mientras seguía afirmando con la cabeza. Luego me miraba, y apuntándome con el dedo índice concluía: “¡Te lo digo yo!” Y cuantas veces recordaba la historia de Xosé Pedreira, Encarna hacía el mismo gesto y el mismo comentario.
***
Xosé Pedreira era conocido en el pueblo como Pepín El Cubano. El apelativo de Pepín le venía desde niño; lo de El Cubano fue más tarde, cuando volvió al pueblo después de varios años de “Hacer las Américas” por tierras caribeñas.

La aventura americana no le fue mal a Pepín. Allá en la Habana aprendió a manejar, ejerciendo como chófer en la Hacienda de los Arechavala, dueños de un gran ingenio de azúcar. Durante años, todos los meses enviaba un dinero que su madre puntualmente le ingresaba en una cartilla de ahorros. Así fue que, a la vuelta, pudo hacerse una pequeña casa, casar con Carmen -vecina del lugar-, y comprar una camioneta que, a pesar de ser de segunda mano, lucía flamante después de haberla pintado de blanco luminoso y haber estampado en letras grandes y rojas: Transportes El Cubano.

A cambio de lo acordado, El Cubano transportaba todo lo que le pidiesen: patatas, frutas, piedra de la cantera, carbón, ladrillos para una obra. Sólo una cosa hacía gratis: transportar los instrumentos y los músicos de La Charanga del pueblo cuando había que hacer un pasacalles en alguna aldea vecina y el ayuntamiento no prestaba intendencia ni dinero alguno. Para tal ocasión, Pepín vestía traje claro, lucía sombrero traído de Cuba, y colocaba entre los dedos un grueso habano que nunca consumía. Y así de pinturero y cubanito encabezaba La Charanga, no sin antes haberla presentado altavoz en mano:

“Señores y Señoras:
Tengo el gusto de presentarles
La Banda del Ten, Tin, Tan, Tun,
banda de fama mundial.
Sólo el Sidol que gasta
en limpiar el instrumental,
¡cuesta un dineral!”.

Y es que El Cubano era hombre jaranero y vital que encaraba la vida con buen humor, siempre la sonrisa presta o silbando una bachata que había hecho aprender a La Charanga – él decía “Banda”, que le vestía más- y que le dedicaban en prueba de agradecimiento.
Además de esta afición, a la que dedicaba los fines de semana de la temporada estival, a Pepín le gustaba timbear, lo que hacía puntualmente los sábados de invierno en el bar de Encarna. Allí se disputaban los mejores torneos de tute y subastado y, a decir de los entendidos, se bebía el mejor vino de Amandi. Durante la semana se dedicaba a su trabajo o a hacer alguna “chapuza” para ganar un dinero extra, reservando siempre un tiempo, al final de la jornada, para tomarse unos tintos y paliquear un poco con los parroquianos.

Pero el eje y motor principal en la vida de Pepín era Carmen, su mujer, quien llevaba el peso de la casa y cuidaba de Dolores y Aurora, las gemelas de la pareja, muy deseadas por lo tardías en llegar. Para ellas abrigaba la madre esperanzas de “un buen porvenir” y por ello se esforzaba el padre; y ambos los dos, hacían planes. Así, Aurora, a quién los estudios se le daban, podría “hacer Comercio” o tal vez “Secretariado”; y Dolores, un poco más torpe en cuestiones de intelecto, pero afable de trato, podría regentar un pequeño negocio montado con los ahorros de los progenitores y en el que no habría de faltar la ayuda y el consejo de la hermana.

Y así la vida pasando para los Pedreira, con las alegrías y tristezas que depara el devenir cotidiano. Hasta que una aciaga mañana llamaron al bar de Encarna -uno de los pocos sitios del pueblo con teléfono-, y hubo que darle la noticia a Carmen. La camioneta de Pepín había caído monte abajo.

El Cubano salvó la vida, pero no pudo volver a conducir camioneta alguna porque perdió su pierna derecha. Y desde entonces a Pepín se le torció el gesto y perdió la alegría de vivir. Sólo después de un tiempo recuperó su afición a las cartas y sus visitas al bar de Encarna. Pero dejó de sonreír y de silbar su “Bachata”, y nunca más quiso acompañar a la banda ni volvió a poner su traje claro ni su sombrero cubano.

Testigo de aquella amargura era Encarna, a quién llegó a confesar con los ojos húmedos: “Un hombre así, lisiado como yo, vale más muerto que vivo”. Porque Pepín se avergonzaba de sus muletas y de que su mujer tuviese que trabajar en casas ajenas para poder completar la escasa pensión que a él le había quedado. Y obsesionado con la idea de que “Antes de morir he de dejar bien colocadas a mi mujer y a mis hijas” jugaba a las quinielas todas las semanas y gastaba más de lo debido en la lotería de los ciegos. Hasta aquella tarde.

Aquel viernes de mediados de Mayo, Pepín llegó a la hora en que más parroquianos solía haber en el bar. Venía mejor vestido que de costumbre porque había ido a la ciudad a arreglar unos papeles. Tomó un par de tintos e invitó a todos los que allí estaban a una ronda: “Hoy quiero que bebáis todos a mi salud”, dijo. Luego antes de marchar, en un aparte, se despidió de Encarna: “Adiós Encarna, tú sabes que te tengo ley. Siempre fuiste una buena mujer”.

Al día siguiente, cuando Encarna leyó en el periódico la noticia, “Un hombre muere arrollado por un camión en la Nacional VI”, comprendió que el “Adiós” de Pepín había sido una definitiva despedida.
***
Epílogo
Aquella muerte fue pagada por un seguro de vida -contratado meses antes por Xosé Pedreira-, y una buena suma de dinero que, como indemnización por muerte en accidente, recibieron su viuda y sus hijas, para quienes El Cubano, a pesar de todo, valía más vivo que muerto.

Encarna, cuantas veces recordaba aquella historia, no dejaba de asegurar: “Lo tenía muy bien pensado. Te lo digo yo”.
***
Despedida
Podo estar feliz.
Cae a casa,
pero os meus fillos fuxiron ao bosque
coa cabeza chea de paxaros.
Manuel Rivas, O pobo da noite

24 de marzo de 2009

Coa Vida/ Con la Vida: SOS Courel

Serra do Courel, situada en el SO de Galicia

Courel dos tesos cumes/ Courel de erguidas cumbres
que ollan de lonxe,/ que miran de lejos,
eiquí síntese o pouco/ aquí se siente lo pequeño
que é un home /que es un hombre.
(Os Eidos, Uxío Novo Neyra) *

Quen non está coa vida
Está coa morte
(Claudio Rodríguez Fer)

Una amiga me hace llegar una interesante información de la Asociación SOS Courel. Les dejo parte de la documentación recibida y un par de vídeos del programa El escarabajo verde, que SOS Courel (soscourel@mundo-r.com Teléfono de contacto 607 22 58 87 http://soscourelsos.blogspot.com/ ) envió al Parlamento Europeo. En estos vídeos se explica el proceso de destrucción que está a sufrir uno de los parajes más hermosos de la provincia de Lugo, con la connivencia, abandono y dejación por parte de los poderes públicos.

Willy Meyer de Izquierda Unida, pregunto en el Parlamento Europeo sobre el estado de la denuncia de SOS Courel:
http://willymeyer.blogspot.com/2009/03/meyer-exige-un-modelo-de-desarrollo.html
Extracto del texto envíado por “SoS Courel” al Parlamento Europeo
Porque esto para creerlo hay que verlo!
[…] Destrozaron los montes sin piedad, con máquinas gigantes y por si no había combustible suficiente cambiaron hábitats protegidos por especies pirófitas; montaron un asombroso laberinto de pistas y cortafuegos. Se levantaron varias casetas de vigilancia forestal y de inmediato fueron abandonadas. Ya se prendieron en el invierno del 2009 dos incendios ( Noceda y Campelo) […] Aprovechando que había que mejorar un poco algunas carreteras, taparon valles enteros, entubaron ríos y arroyos, extendieron escombreras por las laderas hasta el río el Lor, no habilitaron ni un solo paso para la fauna…”

Pinchen en estas direcciones para ver los vídeos de El escarabajo verde



Y como yo también estoy Coa Vida/ Con la Vida , les dejo un extracto del texto de la escritora Olga Novo (Vilarmao- Lugo 1975), una denuncia poética sobre la ignominia que está padeciendo este espacio natural. La poeta da voz a los elementos que pueblan y dan vida a la naturaleza C@ureliana : A donicela libre que baixa a beber ó río, a Faia gardiana do silencio do lugar , A Lontra do Lor que acompaña as augas acabadas de nacer , A Rocha, A Águia, A Toupa, O Gato Bravo, A Pequena Flor… Todos ellos hacen la misma pregunta a un Mal destructor que les expulsa de su habitat natural y les aboca a la extinción y a la muerte:
E Vós quen sodes / Y vosotros quién sois.
El yo poético deviene en conciencia de la montaña y transformado en el Coro de una tragedia griega, responde:

“Son os ladrón da lousa. Os envelanadores da noite. Os estraperlistas da pedra. Os oráculos da mentira. Os de sempre. Os de nunca. Os amos do amor e da dinamita. Os rentistas do Paraíso. Os pizarreiros da podredume. Os pizarreiros do ceo. Os pizarreiros do poder”.

Quen non está coa vida
Está coa morte.

"Son los ladrones de la losa. Los envenenadores de la noche. Los estraperlistas de la piedra. Los oráculos de la mentira. Los de siempre. Los de nunca. Los amos del amor y la dinamita. Los rentistas del Paraíso. Los pizarreros de la podredumbre. Los pizarreros del cielo. Los pizarreros del poder".

Quien no está con la vida






Está con la muerte.

Olga Novo



****

*Uxío Novo Neyra (Courel 1930, Compostela 1999), es O Poeta do Courel. Su poemario más significativo Os Eidos( Edicións Xerais de Galicia, Vigo 1990) tiene como fuente de inspiración esta tierra de montaña.
Les dejo algunos de los versos: amor y soledad/ agua y lluvia/ hojas y flores/ noche y dolor…

Valías xa somente amiga
polo que me costa non terte
i andar a soledá nemiga.

Valías xa somente amada
polo que me costa perderte
e ficar a soledá tornada.

Valías solamente amiga
por lo que me cuesta no tenerte
y andar en enemiga soledad.

Valías solamente amada
por lo que me cuesta perderte
y quedar en soledad tornada.
**
Chove para que eu soñe

Llueve para que yo sueñe
**
CHOVE:
Non sei desd’onde nin para onde…
No quedo da tarde
ollo longo lembrando choivas d’antes

LLUEVE:
No sé desde donde ni para donde…
En la quietud de la tarde
miro largo recordando lluvias de antes.

**
Os fius da auga
técense con fius de soño
que eu soño .

Los hilos del agua
se tejen con hilos de sueño
que yo sueño
**
Cain as follas…
sinto unha cousa
que se pousa en min
e non me toca.

Caen las hojas…
siento una cosa
que se posa en mí
y no me toca
**
Frores de maio
nevando nos mazairos
pre que un quede inda máis quedo
que ollándovos no alto.

Flores de mayo
nevando los manzanos
para que uno quede aún más quieto
que mirándoos en el alto
**
Segundo a tarde vai caindo
vánseme sumindo
os soños na sombra e vai rubindo
a door .

Segundo a noite vai entrando
vánseme afogando
os soños na sombra e vai medrando
a door.

Segundo a noite vai enchendo
Vánseme perdendo
os soños na sombra e vai podendo
a door.

Según la tarde va cayendo
se me van sumiendo
los sueños en la sombra y va subiendo
el dolor.

Según la noche va entrando
Se me van ahogando
los sueños en la sombra y va creciendo
el dolor.

Según la noche va creciendo
Se me van perdiendo
los sueños en la sombra y va pudiendo
el dolor.







19 de marzo de 2009

Hoy, toca recordar



Esta entrada debería estar dedicada a Lorca y sus poemas gallegos, pero se me resistió (será en la próxima y sin tardar). Porque es que hoy me he levantado nostálgica, qué le vamos a hacer si ese bicho melancólico aguijonea con teima y el corazón de la memoria quiere volver atrás. Pues eso, que me como la madalena proustiana y me deslizo por el catalejo del tiempo. ¿Que toca recordar, Shandy? ¡Pues disfrutémoslo!
Hoy ,19 de marzo, es el día de Pepes y Pepas. Y en mi saga familiar hay y hubo – y digo bien en pasado- larga tradición de ese nombre tan bíblico, José, que devino en “Pepe” por aquello de que el progenitor de Jesús no era el biológico, sino un “Padre Putativo”. Así las siglas PP ( no metan gaviota por medio, ¡eh!) se convirtieron en ese popular apelativo.

Y como nada mejor para recordar que la música, dejo tres vídeos:

Este primero pertenece a Caro Diario, película del italiano Nani Moretti. Lo elijo porque este pasaje me parece delicioso y porque a Él le atraía la sensualidad de Silvana Mangano, con ese poderío y rotundidad en las caderas que le recordaban, a buen seguro, a las de su mujer que se parecía a la guapa italiana. También porque a ti, Pepe B., te gustaba bailar, y aprendiste, tarde pero bien, con Ella, una Silvana de ojos azules.



Este segundo es para otro José, querido Pancho, que ponías en un Pikú aquellos singles, unos vinilos (un poco más grandes que los CD de hoy) cuando yo era niña, y la televisión todavía era Whyte and Black. Entonces Mike Kennedy cantaba Black is Black, los Lone Star hacían buen Pop Rock ( a veces reivindicativo, con temas tan excelentes como Mi calle o Es mi vida), los Creedence se disputaban con los Beatles, y en el panorama musical español aparecían grupos como Brincos, Pekenikes, Los Canarios y Los Sirex ( con un jovencísimo Miguel Ríos)… Eran los 70 y tú, Pancho, como muchos otros de tu generación os empezabais a desmelenar y a hacer mofa y befa de una “democracia” que le salía de los órganos a un generalito montaraz, que para colmo presidía la entrada de tu ciudad con una estatua ecuestre de culo prieto y patas levantadas. Y yo, qué quieres que te diga, que aún no me enteraba de la misa a la media, y era verla y alegrarme, porque después de tantas reviravoltas por fin llegaba al destino aquel coche de línea que salía de la esquina del café Metropolitan, pues por aquel entonces, aquí no había Estación de Autobuses. Gracias, Pancho, por abrir tantas puertas.



Y éste último, un Tango Onírico de Gotam Project, es para dar las gracias por todas las flores que me han hecho llegar, a pesar de la distancia.

Y para tod@s, feliz día. Los que puentean y están en ruta, ¡no corran, que les esperan!












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12 de marzo de 2009

Estou na lavadora: sacadme pronto de aquíiiiii...




Dicen que pasado el día, pasada la romería. Pero hay chuscadas que no tienen fecha de caducidad y siguen ofreciéndose igual de jacarandosas que el primer día. Me voy a referir aquí al artículo publicado por el Osservatore romano, el diario del Vaticano, con motivo del Día Internacional de la Mujer, celebrado el pasado 8 de marzo. El título reza así: La máquina de lavar y la emancipación de la mujer. Pinchen aquí, por favor, y lean, lean. Después me dicen que debe hacer esta Shandy ante el esperpento, si quitarse el cráneo como Latino de Híspalis, o cortarse una oreja como aquel campesino (no, no, ya sé que el caso no es tan dramático como en Novecento, pero ustedes me entienden) . Y es que tamañas ocurrencias y absurdos como éste me dejan tan patidifusa que elucubro yo si darme a la Patafísica Jarryana por aquello de sacar de la chistera soluciones imposibles para estos señores tan necios del Vaticano.

Y es que pienso en todas aquell@s que a lo largo de siglos lucharon para conseguir la igualdad en una sociedad dominada por un machismo castrante que impedía el libre desarrollo de hombres y mujeres. Desde la griega Lisístrata, que se declaró en huelga sexual para impedir la guerra, las Pankhurst, madre e hija tantas veces encarceladas, las rusas que en 1917 pedían “Pan y Paz” y el voto femenino o las revolucionarias francesas que, marchando hacia Versalles, reivindicaban el sufragio universal y gritaban “Libertad, igualdad y fraternidad”. Sí, pienso en todas las mujeres anónimas y hombres solidarios que reivindicaron el derecho al trabajo, la formación profesional, la no discriminación laboral, el acceso a cargos públicos, y entonces le digo a esa mema de periodista, Giulia Galeotti, y a los señores del Vaticano que me paso su chusco artículo por la piedra de afilar las agujas y que se metan la lavadora por donde les quepa.
Ah, y también decirles que el primer gesto para la “Emancipación” de la mujer y, por supuesto, del hombre lo tuvo Eva, la del Paraíso, cuando se rebeló, y haciendo uso de su libertad escogió la manzana más apetitosa para ofrecerla y compartirla con Adán. Ese gesto abrió las puertas a la Vida y con él a las imparables fuerzas del Eros y también del Tánatos. Desde entonces estamos en ese apasionante juego de contrarios.

Y para acabar les hago dos proposiciones.

1ª- Ya que hablamos de “Tentaciones”, les dejo una recomendación literaria que me han hecho a mí ( gracias, Ventana Indiscreta): Manual de Tentaciones de Abilio Estévez, Edit. Tusquets. Pequeños textos para tomar como aperitivo, como esas aceitunas jugosas y carnosas, que estimulan el apetito antes de comer, o esas rojas y sensuales cerezas que piden ser llevadas a la boca en cualquier momento del día o… de la noche

2ª- Miren el vídeo. Les invito a cantar a capela con los rapaces de “O Caimán do río Tea” , para que los muchachos del Vaticano se enteren. Canten , canten, venga, vamos allá: (Es)tou na lavadora/ (Es)tou na lavadora/ Ah- ah/ Sacaime pronto daquíiiii ( Estoy en la lavadora/ Estoy en la lavadora/ Sacadme pronto de aquíiiii)

















6 de marzo de 2009

La universidad de un perro romántico

A El Kafkiano: Escribiendo
Si el cuadro de Larry Rivers (véase entrada anterior) es una imagen visual del título "La Universidad desconocida", éste es a su vez una metáfora del contenido del libro. Cada una de las partes en que se divide, nos adentra en “pabellones” que irán desvelando y revelando los universos literarios de los que bebió el escritor, la génesis de su propia obra y el discurrir existencial de un poeta encelado, un perro romántico que hizo de la literatura y la escritura una experiencia vital:
Escribiendo poesía en el país de los imbéciles.
Escribiendo con mi hijo en las rodillas.
Escribiendo hasta que cae la noche
Con un estruendo de los mil demonios.
Los demonios que han de llevarme al infierno,
Pero escribiendo

Son los versos de cabecera, con ese gerundio anafórico y reiterativo que define una actitud de tiempo durativo y circular en torno a la escritura. Recuerdo bien que comencé a leer el libro a mediados de abril del 2007 y con esos primeros versos pensé en un buen amigo y escritor, El Kafkiano. Porque bien sabe él que “La literatura es un viaje sin retorno” como decía el chileno, y “Sin ella estaríamos condenados a la soledad y a la muerte”, como dice El Kafkiano.

Confieso que abordé la lectura de este libro en momentos muy difíciles de mi vida, sabía que alguien muy querido para mí se iba a morir y buscaba refugio. Quizás por ello hice una primera lectura ansiosa y anárquica, como me pareció por momentos el propio libro. Necesitaba compartir aquellos textos que soportaban tanto dolor y tanta soledad y que a mí se me antojaban solidarios: A finales de 1992 él estaba muy enfermo/ y se había separado de su mujer. / Esa era la puta verdad: estaba solo y jodido. / Y solía pensar que le quedaba poco tiempo. Me recuerdo una tarde de domingo de aquel abril tan triste, y tan lluvioso como literario, sentada al volante de mi coche repitiendo como una plegaria: Lluvia: sólo espero/Que desaparezca la angustia/.Estoy poniéndolo todo de mi parte. Pero en otros momentos el testimonio se me ofrecía vital, lo sueños, ajenos a la enfermedad,/ acudían cada noche/ con una fidelidad que conseguía asombrarlo.

Fue después de su primera crisis hepática, en el verano de 1992, cuando Bolaño escribe dos poemas para su hijo Lautaro que aún no ha cumplido los tres años: Lee a los viejos poetas,/Y cuida sus libros […]Es uno de los pocos consejos/ Que te puede dar tu padre… Resistid queridos libritos/ Atravesad los días como caballeros medievales/Y cuidad de mi hijo en los años venideros. Y es que Bolaño presiente que se va a morir, y a partir de 1993 comienza a preparar este libro que será publicado, por expreso deseo del escritor, póstumamente. En el se recogen textos ya publicados y otros inéditos en una mixtura de géneros literarios que van del verso a la prosa poética, de la narración al poema narrativo, pasando por apuntes y bosquejos de personajes que aparecen en sus novelas y relatos. En él se vierten las soledades de Bolaño, sus frustraciones y sus miedos, las rebeldías y las pasiones, los recuerdos de México, las estancias en Gerona y Barcelona … Pero si yo tuviera que definirlo diría que es sobre todo un libro de Palabras Solitarias. Un libro de Viento y Lluvia, Lluvia salvadora, capricho de los dioses, de Noches y Luna, de Amor y sexo obsesionado por piernas en dormitorios oscuros donde soy la media de seda , de Escritura y Silencio. Son fragmentos de Literatura y Vida que unas veces se entrecruzan y otras se imbrican y que Bolaño reúne en esta obra testamentaria. Él mismo explica el título del libro en dos poemas que remiten a esas dos Universidades:
Querida no es el Paraíso
En las calles hay batallas campales despues de las diez
de la noche.
Nadie viene a visitarme
Aunque la comida que preparo aún no es del todo mala
¿Cómo se llama esto?, pregunté.
Océano.
Una larga y lenta Universidad
La otra es un amplio recorrido de lecturas que van desde la refinada y cultista tradición de los minnesinger (trobadores alemanes) medievales hasta el tebeo más underground. Entre Friedich von Hausen, y Don Juanito el supermacho de Nazario, confiesa Bolaño a Alfred Bester (escritor de ciencia ficción), he encontrado uno de los pabellones de la Univesidad Desconocida.
La Universidad Desconocida, Roberto Bolaño. Edit. Anagrama, Barcelona 2007